El amor y la amistad
El hombre es un ser por naturaleza sociable, de su ser único siente el deseo de ir al encuentro de quienes viven a su lado, estableciendo relaciones de afecto, que profundizan al surgir las experiencias en el contacto diario de la convivencia humana. Esta relación del hombre con sus semejantes, con sus variantes, de estima, amistad o cariño profundo, están comprendidas dentro del concepto del amor.
Amor es el sublime sentimiento humano, que, superando la centralización y ensimismamiento, saltando barreras y limitaciones, para llegar al encuentro del otro y penetrar en su ser profundo, no se queda solo en el exterior sensible de la persona, llega aún, en el momento oportuno, hasta el lugar recóndito donde se alberga la privacidad del individuo. No cualquiera tiene acceso hasta este lugar, solo aquel a quien se es franqueada la puerta por la exclusividad, otorgada por la donación del amor.
El amor humano tiene su sublimidad, de la trascendencia que, como donación, el hombre forma parte. Dios mismo es captado en el ser único del hombre y se hace experiencia y expresión, como una emanación sensible de delicado sentimiento de la humana naturaleza.
“Dios es amor y quien vive en el amor vive en Dios y Dios en él”, nos llega una experiencia del mismo Dios, cuando en nosotros o en quienes nos rodean, sensibilizamos la presencia de un amor tan evidente que hace vibrar nuestro ser y humedece nuestros ojos.
También existe el lado contrario, tan intenso y tan profundo cono este y es el odio, pero mientras el amor vence obstáculos y derrota adversidades, al parecer insalvables, con tal de construir el puente de enlace entre los hombres, el odio es capaz de vencer los mismos obstáculos, pero siempre llevara la semilla latente de la destrucción.
El Catorce de febrero se habla del amor y de la amistad con frases, muchas veces elaboradas en el mercantilismo de la vida. Como patrono se nos recuerda a san Valentín, mártir que vivió en el Siglo III de nuestra era.
Al celebrar precisamente el amor, no debemos olvidar que este sentimiento nos trae la presencia del mismo Dios, cabría detenernos un momento a reflexionar cual es nuestra verdadera disposición hacia el amor, hasta donde no es solo una frase hecha, sino una realidad en nuestro ser y como siendo imperfectos en nuestro caminar humano, debemos ir dejando atrás todas y cada una de muestras motivaciones, al levantar barreras que nos aparten de los demás, para ir construyendo lo que el Papa Paulo VI llamaba “la civilización del amor”.
De una manera concreta valoremos qué tanto amor damos a quienes nos rodean.