El arrebato del flamenco
"Presentan "Café de Chinitas" en la Casa Haas"
MAZATLÁN._ El cante de la cantaora Ana Elena Morales y la danza flamenca de las bailaoras guiadas por Citlali Iglesias contagió con su arrebato de pasión a los que asistieron a la Casa Haas, para ser testigos del espectáculo Café de Chinitas.
El flamenco, más que una queja apasionada, es una oración con la que se exorciza el dolor, el amor desbordado, el cariño intenso, el ansia que provocan las pasiones humanas. Es un bálsamo que cura las pobres almas en desgracia, o a los inquietos espíritus contemporáneos ansiosos por la el bombardeo de información y por las demandas absurdas de la cotidianidad.
La voz de Ana Elena Morales encontró la sensación correcta para emitir esta oración que algunos le suena a queja y sabe expresarla para conectarse con la audiencia.
La acompañaron en esa aventura los músicos de Suncaí Gitano: Víctor Osuna, en el violín; los guitarrista Manuel Rosete y Dario Ávila y en el cajón estuvo Johann Abitia.
Para entrar se fueron por peteneras, en donde las bailaoras Citlali Iglesias, Laura Yoko y Soledad Sánchez dejaron que los músicos marcaran el ritmo para integrarse a él con el golpe de sus tacones sobre el piso de tablas.
Con los ceños fruncidos, sus manos se convirtieron en abanicos que rajaban el aire y los gritos impactaban el viento amortiguados por la mirada de los espectadores, en un ambiente de fiesta contrastado por la forma aparentemente dolorosa de sacar los sonidos.
Siguieron con sevillanas para mostrar la gracia y la alegría de la música y los movimientos. De ahí se trasladaron a las soleas por bulerías, para mostrar el dramatismo de los trazos de Soledad Sánchez.
Las guitarras expusieron su indefensión con la interpretación de Laguna de Sal, para después dar entrada al baile con un fandango.
La noche de fiesta pasión y desahogo terminó con bulerías que le dieron un cierre intenso, pleno de sonidos y movimientos que explotaron en una cálida noche de mayo en el Centro Histórico de Mazatlán.