El Cácaro
07 noviembre 2015
"Australia"
Eduardo Díaz Vidales
Baz Luhrman es el tipo de cineastas que se siente cómodo navegando en excesos. Su última obra, la exuberante y melodramática Moulin Rouge (2001), fue una lección de cómo hacer que lo viejo se sienta nuevo. El cineasta australiano utilizo la fórmula del trágico romance, exagerados números musicales, comedia irreverente y un catálogo de grandes éxitos del pop para el soundtrack. El resultado, un deslumbrante y ambicioso filme que se inscribió casi de inmediato para convertirse en un futuro clásico.Con Australia, Luhrman intenta algo parecido, tratando de recrear una gran aventura épica de romance muy al estilo del Hollywood de los años 50 y 60. Pero en esta ocasión no tiene los mismos resultados favorables, ya que, a diferencia de Moulin Rouge, Australia tiene más de las películas a las que intenta hacer homenaje y menos de su extremado estilo narrativo.
Es cierto, la cinta, por cierto la más costosa de la historia del cine australiano, tiene muchas cosas que destacar, las bellísimas imágenes del campo abierto captadas por la cámara de Mandy Walker, la magnifica elaboración de escenarios y vestuarios a cargo de Catherine Martin (esposa de Luhrman) y la revelación actoral del niño Brandon Walters, que casi termina por robarle escena a Nicole Kidman y Hugh Jackman.
Pero desafortunadamente, así como Luhrman utiliza atributos y elementos visuales de la nostalgia hollywoodense, también hace lo mismo con el guión, cursi, reciclado, absurdo y envejecido.
Desde las primeros momentos nos damos cuenta que Luhrman no ha salido tan inspirado como hace siete años. En una escena casi inicial, una estirada mujer inglesa (Nicole Kidman) supone encontrarse con el chofer de su esposo, un ranchero australiano (Hugh Jackman), en su lugar se ve en medio de una pelea de cantina protagonizada por el ranchero y media clientela de bar. La escena supone ser divertida y estar cargada con un aire estrepitoso, en su lugar, resulta obvia, mal manejada en sus tiempos y poco estimulante.
Así es el resto de Australia, el cliché ya no es utilizado refrescantemente por Luhrman como lo hizo en Moulin Rouge , sino anticuadamente, tal y como lo hacían los narradores de aquellas obras por las que Luhrman se siente inspirado.
Por momentos, algunas escenas parecen rescatar la historia, como el sorpresivo bombardeo japonés, pero vuelve a perderse casi de inmediato cuando Nicole Kidman y Hugh Jackman se ven obligados a moldear un romance con personajes poco delineados y con diálogos malos y acartonados.
Es difícil saber en qué punto exactamente Australia terminó por perderme, pero apenas en la mitad del segundo acto no podía dejar de ver el reloj esperando que sus dos horas y media de duración llegaran a su final.