El Cácaro
06 noviembre 2015
"El Cácaro"
Eduardo Díaz Vidales
Una llamada perdidaDespués de la extraña muerte de una de sus amigas, unos adolescentes comienzan a recibir llamadas provenientes de sus propios números telefónicos. Tal y como sugiere el título de la película, nunca contestan el teléfono y al revisar su correo de voz se escuchan a sí mismos mencionando sus ultimas palabras antes de morir. De ahí comienza un periodo que dura alrededor de 24 horas, en las que ven a personas con rostros desfigurados, insectos, una sombra y escuchan un insoportable tono de celular.
Obviamente la película resulta igual de absurda y ridícula que la propia premisa.
Desde el principio, el guión de Andrew Klavan, basado en la cinta japonesa del mismo nombre y a su vez en la novela de Yasushi Akimoto y la dirección de Eric Valette, prefieren guiar a la cinta bajo las bases del nuevo estilo del género de horror: sobrecargar la historia con efectos especiales de segunda, una ruidosa mezcla de sonido, previsibles escenas que intentan asustar, pretenciosos movimientos de cámara y cortes de edición y un conjunto de personajes limitados y nulamente explorados.
Está claro, en todos los involucrados, la flojera y el descuido con el que todos decidieron entrarle al quite de Una llamada perdida. Empezando claramente por el guión, elaborado sin preocuparse de que todos sus elementos narrativos fueran reciclaje de otras obras del género que hemos venido viendo desde que se realizó la versión anglosajona de El aro (Gore Verbinski; 2002).
Los actores tampoco aportan mucho, los protagonistas Edward Burns y Shannyn Sossamon se denotan aburridos y nada convencidos de que lo que están haciendo tenga algún valor cinematográfico, salvo de el de recolectar algunos cuantos dólares en la taquilla. Lo mismo sucede con nuestra compatriota Ana Claudia Talancon, totalmente desaprovechada en un papel insulso.
Una llamada perdida se une al grupo de remakes hollywoodenses del cine japonés de terror que tan malos resultados han dado, a tal grado que parecen sátiras de poca gracia a sus fuentes originales.