EL OCTAVO DÍA: Juan Gabriel, el fenómeno

Juan José Rodríguez
04 septiembre 2016

""Juan Gabriel es como el I Ching. Tiene una canción para explicar cada estado de la mente y del sentimiento humano""

La primera nota de prensa que escribí con un jefe de información viéndome sobre el hombro cada renglón (y sugiriéndome frases muy buenas o quitándome las fallidas) fue después de un concierto de Juan Gabriel en 1990, con María Antonieta Barragán Lomelí, quien me enseñó que el periodismo es otra forma de la lucha libre. Rapidez, imaginación, equilibrio y saber con gracia cuándo sucede. Las palabras eran suyas.

 

Fue el concierto del Festival Cultural Sinaloa en la Plaza de Toros. El artista irradiaba su polémico momento cumbre, poco después de haberse presentado en el Palacio de Bellas Artes. Algunos críticos desde entonces comenzaron a referirse al recinto como el Teatro Blancota, porque a partir de ahí se abrió más a los artistas populares. (La primera fue Lola). Aquí en Mazatlán, no hubo repercusión negativa en los medios ni en el público.

 

Juan Gabriel había alcanzado una plenitud artística. Hay dos personas dentro de uno. Cuando el artista se retira o hace caso omiso a su realidad inmediata, es que busca conciliar ambas tempestades que brotan dentro de sí mismo. Eso aviva el fuego de la creación. El credo de Alberto Aguilera era saber ser feliz con la forma en que era uno mismo, según reza una barda con su rostro en Ciudad Juárez. Y vivía alejado de muchas cosas.

 

La creación es como un momento de luz, un día entre dos noches o una espada que corta de tajo la penumbra. El cantautor es una mente en estado de sitio asolada por realidades, demonios personales, demonios impersonales, criaturas inexistentes que insisten en estar presentes en el escenario o el estudio de grabación. Luz artificial. O mejor aún, una lámpara incandescente, que al frotarse y quemarse, hace aparecer al genio.

 

Todo hombre es un instrumento y la vida su melodía, dice un muy antiguo proverbio judío. Este señor combinó ambas cosas y, sin decirlo ni asumirlo, fue pionero en la aceptación a la diversidad en este País. Le costó burlas y algunas caídas artísticas.

 

Fuera de ironías y sarcasmos, Juan Gabriel es nuestro García Lorca en cuanto a la música popular. Hasta Jorge Castañeda estuvo hablando de Juan Gabriel en ForoTV sosteniendo que fue parte de “la modernización del alma mexicana”.

 

Pero también qué triste vivir una época donde el tema de discusión social es “el idiota de la semana”. Hace unos días fue el lamentable comentario de Nicolás Alvarado y así nos podemos remontar hasta llegar a Ninel Conde y Alicia Machado. Qué tiempos aquellos en que Manuel “El Loco” Valdes decía una imprudencia en la tele como la de Benito Juárez y pasaban años y años sin que otra personalidad mediática ocupase triunfal su sitio. 

 

Este mundo de opinólogos hace ver a Paco Stanley como Descartes y a Paco Malgesto como Sócrates. Hasta Pepe Alameda, el cronista de toros, sabía dar un verdadero discurso inteligente.

 

Quizás nadie recuerde al pasar el tiempo con precisión los dislates de Ninel Conde, pero muchas cosas siguen vigentes y nadie se va a olvidar de Nicolás Alvarado. Hemos vuelto a ser la sociedad que necesita subir a la pira una cantidad constante de cautivos para abrirlos con el hacha de silex y alzar el corazón sangrante para que nuestro quinto sol nunca se apague.

 

Juan Gabriel, como Rigo Tovar, empezó cantando en inglés. Se volvió un fenómeno de masas social, económico y político a ambos lados de la frontera, él que vivía en la frontera. Si lo comparamos con Gabriel García Márquez, en cuanto fenómeno cultural de masas de fin de siglo, "Querida" es el equivalente a "Cien años soledad" en la trayectoria creativa de Juan Gabriel.

 

Conclusión, Juan Gabriel es como el I Ching. Tiene una canción para explicar cada estado de la mente y del sentimiento humano. Pongan al azar sus obras completas y encontrarán siempre en la canción que elijan un eco de cualquier duda que tengan en ese momento.

 

Para cerrar el tema, podemos decir que Juan Gabriel es un ejemplo de sanación a través del arte... Tuvo antes del éxito una vida digna de Sófocles y después todo fue un filme feliz de Pedro Almodóvar. Murió en una gira intensa seis años después de haber llegado a la tercera edad. Nadie lo ha dicho, pero el temor de muchos artistas es fallecer durante una gira, lejos de su hogar y los seres queridos. Por fortuna, el señor Juan Gabriel solía viajar con buena parte de sus familiares en esos momentos.

 

Y creo que él, en lo personal y en lo privado, no hubiera dado gran importancia a los comentarios de Nicolás Alvarado.