El Seminario de Mazatlán

Presbítero Amador Campos Serrano
03 febrero 2026

En cierta ocasión, el Obispo emérito de Ciudad Obregón, el Excmo. Sr. Miguel González, hacia un analógico comentario; “En nuestra patria, como en el cuerpo humano, la sangre se agolpa en el corazón, llegando a causar, en ocasiones, serios problemas y en cambio las extremidades apenas son irrigadas”, este comentario lo hacia al referirse a las vocaciones religiosas, en particular, al sacerdocio.

Ciertamente en nuestra patria domina el centralismo, en muchos aspectos todo apunta hacia el interior quedando desprotegida la periferia, quizá la historia o la política expliquen las causas del fenómeno, la realidad es que también como en otras tantas cosas, al compararnos con el centro del país tenemos escasez de sacerdotes y esto desde luego influye en la expresión religiosa de nuestro ambiente.

Hace ya 67 años, desde el mismo inicio de la diócesis de Mazatlán, nació su seminario, institución encargada de proveer ministros necesarios para el sostenimiento de nuestra fe.

Fue un 25 de abril, cuando el Sr. Obispo Miguel García Franco, primer obispo de la naciente diócesis daba inicio formal al seminario, desde entonces, primero, en un local prestado en la calle Niños Héroes y después en una hacienda, que el Sr. Obispo y su hermano, el Sr. Cura Trinidad, con sus mismos recursos personales, habían comprado.

A la distancia del tiempo, románticas imágenes vienen a la memoria, aquellas barracas de ladrillos sostenidas por fajas de madera, un pintoresco lugar coronado por el casco de una antigua hacienda, ilusiones y esperanzas, la mirada puesta en un futuro que diera respuesta a las necesidades espirituales de estas tierras ¡se construía el anhelo de tener el propio seminario! Pero el camino no era fácil pues tener y sostener una sustitución así nunca lo ha sido. Diócesis hay y con más arraigo y tradición que suspirando esperan contar con su propio seminario.

El mismo Sr. Obispo García Franco encabeza la cruzada de construcción de magna obra. De nuevo la memoria evoca aquellas épicas campañas radiofónicas que levantaron conciencia en pueblo, cuya respuesta no se hizo esperar, surge la figura del padre Alejandro Gómez, como autentico animador y maestro del micrófono, de todos los puntos de la iglesia diocesana hay un despertar animados con la idea de tener su seminario.

Sesenta y siete años más que un romántico recorrido, desde su humilde origen, es el testimonio de una conjunta lucha del clero y laicos, por hacer una realidad, un lugar donde surgen los ministros necesarios para todas y cada una de nuestras comunidades, es dar respuesta al mandato del Señor: “Id y predicad el evangelio a toda criatura bautizándola en el nombre Padre, del Hijo y del Espíritu Santo”.

Si hoy contemplara el señor Miguel García el seminario ¿qué sentiría?