Élmer Mendoza: escribir cada novela como si fuera la primera
El escritor sinaloense habla de sus rituales frente a la página en blanco, de la influencia de Sinaloa en su obra y de la novela de ciencia ficción que actualmente escribe con la misma exigencia de sus primeros libros
Para Élmer Mendoza la página en blanco nunca ha sido Después de décadas dedicado a la literatura, el escritor sinaloense ha construido una disciplina que le permite sentarse a escribir y comenzar de inmediato. Hablar con Dios, ejercitar los dedos, leer un ensayo o un poema, contemplar un paisaje y escuchar algunos minutos de Mozart o Beethoven forman parte de sus rituales antes de entrar en el territorio de la ficción.
Pero hay algo más: la capacidad de acercarse a cada novela como si fuera la primera.
Con 14 novelas publicadas y una obra profundamente vinculada con Sinaloa, Mendoza habla de la madurez que le ha dado el oficio, del lenguaje culichi como parte de su identidad literaria y de la novela de ciencia ficción que actualmente trabaja con una paciencia que, asegura, siempre ha sido parte de su método.
—Después de todos estos años de trayectoria, ¿qué retos enfrenta Élmer Mendoza ante la página en blanco?
— Soy culichi. Yo nunca he tenido el problema de la página en blanco, tengo una serie de rituales que he practicado desde siempre y que nacieron una vez en una conversación con Daniel Sada, y son muy sencillos, por ejemplo, hablo con Dios, hago ejercicio con los dedos, leo un trozo de ensayo, un poema, cosas así. Miro un paisaje y a veces puedo escuchar algunos minutos una pieza de música clásica del Mozart o Beethoven, o de los grandes compositores. Después de eso, estoy listo para trabajar.
Cuando hablé con Sada, nada más tenía el de hablar con Dios y hacer ejercicios de los dedos porque en ese tiempo las máquinas eran eléctricas o mecánicas y los dedos se podrían dañar.
Hemingway nos dejó muchas enseñanzas. Una de ellas es escribir todos los días. También decía que había que dejar una idea a la mitad. Cuando regresas al texto tienes una idea incompleta y recuerdas inmediatamente que debes continuar.
—¿Qué ha cambiado en tu manera de entender la literatura desde Un asesino solitario hasta ahora?
—No se puede evitar la madurez. No solamente está la experiencia de haber tenido una novela exitosa; El amante de Janis Joplin también fue muy exitosa.
He aprendido a vivir los procesos de escritura mientras escribo y eso me ayuda a estar más concentrado y comprometido con el texto. Con los años ha madurado mi capacidad de entrega a la novela que estoy escribiendo. Soy más meticuloso, más cuidadoso. Una cosa te digo, nunca he tenido prisa.
Me tomo el tiempo que resulta necesario. A veces me preguntan cuánto tiempo me lleva escribir un libro y nunca lo tengo claro. En ese sentido, creo que he madurado con los años y con las obras. Ya voy a haber publicado 14 novelas.
En una ocasión leí una entrevista de Robert Redford y le preguntaron una cosa parecida, él dijo, “considero cada película como si fuera la primera”. A mí me gustó mucho esa idea. En ese proceso, cuando voy llegando a la máquina, digo, “Es la primera novela que estoy escribiendo”, no pienso que tengo experiencia o que soy famoso, eso me ayuda mucho a conservar la frescura del creador, porque la creación en el mundo del arte siempre tiene que ser novedad.
—Sinaloa está muy presente en tu literatura: su música, su comida, su lenguaje y sus paisajes. ¿Qué encontraste en el lenguaje culichi para incorporarlo a tus universos?
—Cuando era estudiante en la UNAM quise ser un estilista del lenguaje. Los autores que más me impresionaron fueron Juan Rulfo, Fernando del Paso y James Joyce. Ellos son estilistas. Lo demás fue encontrar la forma de ser yo. Y eso forma parte de mi historia, de mi lugar de nacimiento y del contexto en el que crecí. Ahí está la esencia de mi capital cultural. Una de las más importantes es el lenguaje, que lo aprendes en casa, en la calle y, cuando creces, también en otros espacios.
Todo depende de cómo uno cultiva su sensibilidad. Hay un momento en que descubres que eres lector, que te encanta leer y que puedes terminar una novela en una noche. Al mismo tiempo estás viviendo en la ciudad. Todos los días comes a la sinaloense, vas a la escuela, convives con sinaloenses y estás en contacto directo con toda la mitología de Sinaloa, las cosas buenas y malas.
Ahí están la agricultura, la comida, la música, los fantasmas de la ciudad, los nombres de nuestras calles, nuestros héroes, la variedad del paisaje sinaloense.
—¿Qué escribe actualmente Élmer Mendoza?
—Hace muchos años, quizá 40, cuando decidí ser escritor, mi primer proyecto de novela fue una historia de ciencia ficción. Lo he intentado muchas veces. Durante la pandemia retomé la idea. Conseguí escribir una historia completa, pero no quedó bien. Después, cuando Leonor y yo nos infectamos de COVID en Lisboa, tuvimos que quedarnos ahí durante los días necesarios antes de poder regresar a casa. Fue entonces cuando decidí tirar la novela, pero rescaté los nombres de tres personajes y media hora después ya estaba escribiendo otra historia completamente diferente.
Ahora la estoy cuidando mucho porque quiero que quede bien. A veces me devuelvo hasta el capítulo uno. Soy muy meticuloso. Ya la anuncié y ahora mismo la estoy anunciando. Inclusive dije a mis editores que tengo una novela de ciencia ficción. Todavía no escribo la parte final porque tengo que ajustar todo lo demás. Estoy terminando de hacerlo. Avanzo página por página. Nunca he sido rápido ni lo seré.
—Si pudieras encontrarte con el Élmer Mendoza que comenzó a escribir hace 40 años, ¿qué le dirías?
—Le diría: “Piénsatelo bien, porque no sabes lo que te espera”. Es un mundo que, si no lo haces bien, es un mundo maldito. Así que le diría: “Piénsatelo bien, chico”.
—Estás iniciando un taller para escritores. ¿Qué consejo darías a quienes comienzan a desarrollar su voz literaria?
—Tomar un taller también es un acto de humildad. Debe ser una decisión inteligente: ‘voy a tomar este taller para aprender lo que me falta y voy a aplicarme durante el tiempo que dure’. Hay que estar completamente ahí, llegar a tiempo, tomar notas. Mi taller es una clase. Quien llega con dudas no avanza. Si quieres convertirte en escritor o dar un paso más si ya estás escribiendo, tiene que ser una decisión verdadera. A las personas con las que trabajo siempre les pido que estén decididas y dispuestas a trabajar, a realizar todos los ejercicios, que son muchos.
Probablemente nadie terminará la novela ahí y tendrán que continuar solos. Pero si aprovechan todas las reuniones pueden avanzar con mayor facilidad porque ya tendrán más práctica. Es importante que se preparen porque como escritor la preparación significa tener familiaridad con las técnicas y con las formas en que otros están contando sus historias, en mis cursos se manejan precisamente esos instrumentos, que cada escritor encuentre su propia manera de contar.