En el final de la vida y tu mascota
En la etapa final de la vida, las necesidades emocionales son tan importantes como la comunicación con la familia o la atención médica, y no exagero, la gente que ama los animales me comprenderá.
Para muchos pacientes, la compañía de su mascota representa una fuente de tranquilidad, afecto y consuelo. Su presencia puede disminuir la sensación de la soledad, brindar seguridad y favorecer momentos de calma en un periodo marcado por la incertidumbre y el sufrimiento.
Es ya muy sabido que las mascotas ofrecen un vínculo basado en el amor incondicional, sin emitir juicios ni exigir explicaciones. Acariciarlos, hablarles o simplemente sentirlos cerca puede generar bienestar emocional y ayuda a reducir estrés y la ansiedad. En algunos casos, su compañía también facilita la mejor comunicación con la familia y el equipo de salud, al proporcionar un ambiente más relajado y reconfortante.
Cuando las condiciones del paciente y del entorno lo permiten, permitir el contacto con su mascota puede a contribuir a mejorar su calidad de vida y hacer más llevaderos los últimos días. Además, para muchas personas, despedirse de su mascota forma parte del proceso de cierre emocional, permitiéndoles expresar cariño y encontrar paz, y cerrar su ciclo con ese ser que le dio tanto amor.
Por ello, estoy de acuerdo que en los cuidados al final de la vida deben de considerarse no solo las necesidades físicas del paciente, sino también aquellos aspectos emocionales y afectivos que le brindan significado y bienestar. La compañía de una mascota puede ser un elemento valioso para ofrecer confort, dignidad y una mayor sensación de serenidad durante una etapa.
En pacientes con enfermedades terminales, la presencia de una mascota puede facilitar la expresión de emociones, aliviar el sufrimiento emocional proporcionar una sensación de normalidad y continuidad en medio de los cambios provocados por la enfermedad. Asimismo, permitir que el paciente tenga contacto con su mascota, cuando las condiciones clínicas e institucionales lo permitan, puede convertirse en una intervención centrada en la persona y en sus valores, respetando su autonomía y sus deseos.
Desde la perspectiva de la tanatología, la mascota también puede desempeñar un papel importante en el proceso de la despedida. Para muchos pacientes, compartir los últimos momentos con su compañero animal representa una oportunidad para cerrar un ciclo de vida con serenidad, expresar afecto y experimentar consuelo. Estas experiencias pueden contribuir a disminuir el sufrimiento existencial y favorecer una muerte más digna y humanizada.
Por ello el equipo de cuidados paliativos debe valorar las necesidades afectivas de cada paciente e incorporar, cuando sea posible y seguro, estrategias que fortalezcan su bienestar emocional. La presencia de una mascota no sustituye la atención médica ni el apoyo familiar, pero puede complementar el cuidado integral al ofrecer compañía, confort y una conexión emocional significativa durante el final de la vida.