Enciende tu vela en la noche oscura

Paúl Chávez
13 junio 2026

Las crisis nos vienen para enfrentar los vacíos, soltar lo que estorba, caminar sin muletas, purificar la mente y encontrarle sentido al dolor.

¿Podemos aprender a sufrir?

Un joven del s. XVI fue sorprendido por una severa adversidad de un modo que nunca lo imaginó. Decidió enfrentar y vivir lo que le tocó sin resistirse a ello, sus experiencias han servido a generaciones y pueden ayudarnos a no doblegarnos ante las tribulaciones por más duras que sean.

Su sentir fue contrario al común sentir; o sea, aprendió a reaccionar distinto a esa lógica negativa, ancestral, inconsciente, de cómo solemos reaccionar ante lo que creemos es adversidad y nos causa sufrimiento, cuestionándola; a descubrir que el dolor real purifica y que el vacío tiene mucho que decirnos. ¿Su secreto? Purificar su voz interior y su enorme Fe.

San Juan de la Cruz

Era un religioso carmelita que mostró como no caer en la desesperación, la venganza, ni en el victimismo. El dolor puede ser el crisol para evolucionar: en llegar a ser el que eres, dejando de ser lo que fingiste, te engañabas, te dijeron o creías; en dejar de apoyarte en muletas y a desapegarte de quienes crees no puedes vivir, sin dejar de amarlos. Mostró como purificar el amor.

Ese proceso le llevó al auténtico amor a Dios y así mismo. Por eso los niños son tan atractivos, son lo que son y como son, auténticos; por eso las madres los aman sean como sean. Nos perdemos cuando olvidamos nuestro rostro al vernos al espejo.

Él no explica a Dios, explica que le pasa a cada uno cuando Dios parece ausentarse. Todos vivimos esos momentos creyentes o no, viudas, enfermos, madres buscadoras o quien seas.

Trasciende lo religioso

Estudiado por notables psicólogos, filósofos, teólogos, poetas y santos. Escribió con elevada poesía lo que experimentó. En “La Noche Oscura del Alma” y “Subida al Monte Carmelo” explica y aporta un método de como Dios nos va podando para que florezcamos y aprendamos a encarar el dolor con realismo, purificando la sensiblería, los apegos, los consuelos, la fe y el amor para vivir más plenos.

Abrazó lo que solemos evitar

Estando en Toledo, España, en 1577, insistía que sus hermanos Carmelitas, los “calzados”, se reformaran viviendo “descalzos” en la pobreza fundacional de la orden de Sta. Teresa de Ávila, de ahí el nombre.

Se resistieron, pues estaban muy cómodos, le llamaron “desobediente, loco”, lo encerraron en una celda oscura de 2 x 3 sin ventana con una rendija, para que recapacitara “lo azotaban cada semana” ante sus hermanos por orden de su superior, una vez al día le daban pan, agua y sardinas, a veces podridas; padeció de sus hermanos hambre, frío, una terrible humillación y falta de caridad. Nomás faltaba que un perro pasase por ahí.

El dolor espiritual

Experimentó que el dolor espiritual es peor que los azotes, padeció duda, sequedad, soledad, abandono, sintió el desasosiego de la aparente ausencia de Dios a quien se esforzaba en seguir. Nueve meses después se escapó por una ventana con sábanas ligadas. Flaco, pálido, débil, con un dolor agudo por una ulcera en la pierna que nunca sanó. Su cuerpo estaba quebrado pero sus versos estaban intactos.

¿Cómo le hizo para no volverse loco?

1. Se ocupaba y oraba. Escribía en las paredes con carbón sus versos, la mente ocupada no delira, la vacía sí. Convertir el dolor en verso le daba orden y sentido, “Dios habla en la noche”. De ahí salió su “Noche Oscura”, “Cánticos espirituales” y poemas. Las compuso de memoria, verso a verso. Al salir las empezó a escribir.

2. Desapego total. Tenía una regla: no esperes ni te apegues a nada, ni alivio, ni consuelo, ni rescate, ni explicación, “nada, nada, nada”. Si esperaba consuelo el azote le dolía el doble. Le funcionó porque dejó de pelear contra la realidad y sobre todo contra las expectativas, eso reduce la ansiedad, el sufrimiento enloquece cuando te resistes a él, “para llegar al monte Carmelo, haz de ir por donde no sabes”.

3. Tenía un propósito más grande. Sabía que lo encerraban por reformar el Carmelo, Aceptó la celda, la vio como voluntad de Dios no como castigo. Escribió “no tengan pena por mí, que estoy más libre aquí que Uds. allá afuera”.

4. Su voz interna, o sea, su vida interior cambiaba la narración. Si ves el dolor como castigo te victimizas, si es poda cooperas. Así el golpe no te tumba y le encuentras sentido.

Psicología pura

Los ateos y creyentes lo estudian porque habla del vacío que todos conocemos. Describió el proceso de las crisis: pérdida, negación, purga, desolación y evolución. Psicología pura 400 años antes de Freud, sus obras referencian lo clínico: depresión, duelo, ansiedad.

Sufrir menos no es evitar la noche, es dejar de gritar en medio de ella desesperados o desconsolados: es dejar de resistirse. Cambió la pregunta que hunde ¿Por qué a mí? A otra más fecunda ¿Para qué esto? ¿Qué quiere Dios de mí en esto?

El dolor sin sentido rompe, al encontrarle propósito florece. Duele, pero no humilla al ego, eso aplasta y clama venganza.

Desapégate

Entre menos apegos al cónyuge, a los hijos, al poder, dinero, bienes, seguridad, menos duele perderlos. La sensación de perder duele, lo que eleva es la sensación de ganar cuando lo sueltas generosamente.

Cuando entregas a tu hijo fallecido o desaparecido lo haces por Fe, porque descubres que no es tuyo y que no lo necesitas para sostenerte. Lo que te sostiene es tu amor por él y eso no te lo quita nadie, así lo vuelves a ganar. Las lágrimas que purifican no ahogan ni secan el alma. Identificarte con el dolor aniquila, así el dolor pesa menos.

Su llama sigue encendida “En una noche oscura, con ansías en amores, inflamada, oh dichosa ventura, salí sin ser notada, estando ya mi casa sosegada”.