Entre enredos y accidentes, ‘La obra que sale mal’ provoca carcajadas en Culiacán

Nelly Sánchez
10 octubre 2026

La comedia convirtió al público en cómplice de los desastres de una función que, entre improvisaciones, escenografía rebelde y accidentes, se prolongó por más de dos horas en el Teatro Pablo de Villavicencio.

Antes de que se levantara el telón, el público ya había recibido una advertencia: las primeras cinco filas eran zona de riesgo por la posible “caída” de luminarias. Era el primer aviso de que, en “La obra que sale mal”, nada estaría a salvo, ni siquiera los espectadores.

La comedia de la productora mexicana Próspero Teatro se presentó en un Teatro Pablo de Villavicencio lleno, como parte de la Temporada de la Sociedad Artística Sinaloense (SAS), para convertir los errores, los tropiezos y los accidentes en una sucesión de situaciones absurdas que mantuvieron las carcajadas durante más de dos horas.

La puesta en escena presenta a los integrantes de la Agrupación Dramática de la Universidad Tecnológica de Tlalpan, quienes intentan estrenar Asesinato en la Mansión Haversham, una pieza de suspenso policial al estilo de Agatha Christie. Pero antes de que comience la historia detectivesca, el caos ya se ha apoderado del teatro.

Técnicos corriendo de un lado a otro, rostros preocupados, preguntas entre el público sobre un perro sin correa y hasta la búsqueda de un disco perdido de Timbiriche forman parte de los contratiempos que anuncian el desastre.

El director de escena llega, saluda sonriente a los asistentes que ya ocupan sus butacas, pero su expresión cambia cuando le informan de las fallas que amenazan la representación.

Y justamente están intentando reparar los errores en la colocación de la utilería, cuando invitan a un joven del público a subir al escenario para sostener una repisa mientras intentaban pegarla con cinta adhesiva y evitar que se cayera.

Como si no bastara con ese problema, también lo pusieron a barrer, pero la escoba terminó por romperse, sumando otro accidente a la larga lista de calamidades y desatando carcajadas.

Todo parece fuera de control, aunque cada detalle forma parte de una maquinaria cómica cuidadosamente construida.

Una vez iniciada la función dentro de la función, los actores se empeñan en sacar adelante la historia, que parte del asesinato de Charles Haversham durante su fiesta de compromiso, un caso que debería resolverse al estilo de las novelas policiacas clásicas.

Sin embargo, los olvidos de los actores, los objetos que fallan, los accidentes escénicos y una escenografía que amenaza con derrumbarse convierten el misterio en una sucesión de situaciones absurdas.

Así, lo que comienza como una investigación criminal se transforma en un espectáculo lleno de enredos, improvisaciones y humor físico, donde el mayor desafío para los actores es conseguir que la función llegue a su final.

Pero mientras más se esfuerzan por mantenerla a flote, más desastres acumulan. Las puertas se atascan, los decorados se desploman, los diálogos se olvidan y los accidentes físicos se suceden sin dar tregua.

En escena, Ari Albarrán como Annie, Juan Carlos Medellín como Toño, Danielle Lefaure como Sandra, Jerónimo Best como Chris, Víctor Oliveira como Robert, Iván Carbajal como Jonathan, Miguel Tercero como Max y Súper como Dennis dieron vida a los personajes de esta historia donde el suspenso termina desplazado por el caos.

El público, cómplice del desastre

La diversión no se limitó a observar los percances desde las butacas. Poco a poco, los asistentes se sumergieron en la dinámica de la obra y comenzaron a ayudar a los actores, indicándoles dónde encontrar los objetos que habían perdido.

Las improvisaciones alimentaron el juego entre los actores y los espectadores, que se convirtieron en testigos.

Después del intermedio, la comedia continuó con nuevas bromas. A quienes salieron a comprar galletas con chocolate les hicieron comentarios sobre la necesidad de acudir al doctor a la brevedad.

Detrás de las caídas, las fallas técnicas y los objetos que parecen cobrar vida propia hay una coordinación precisa, pues el elenco debe sostener el ritmo de la comedia y hacer que cada accidente parezca inesperado.

Al final, tras más de dos horas de puertas rebeldes, escenografía inestable, equivocaciones y complicidad con los asistentes, La obra que sale mal puso de pie al público con prolongados aplausos.