Estar en duelo
Estar en duelo, es sentir un gran dolor emocional, el dolor vivido en soledad, sin ningún rumbo, es más dolor que el dolor compartido, confrontado con la experiencia de otros semejantes y desahogando con quién está dispuesto a escuchar y caminar juntos en la solidaridad emocional. A veces se le tiene miedo a olvidar con el tiempo a su ser querido, siempre les digo a mis pacientes que el olvido no es la meta en el duelo, no es la clave para vivir sanamente el duelo, no.
Más bien pienso que el duelo se elabora sanamente según se va aprendiendo a recordar los momentos felices, invirtiendo energía en nuevos afectos, según se van dando pasos a colocar al ser querido en el corazón, donde puede vivir siempre, donde la tristeza no lo es todo y se da paso a la esperanza.
Es sabido que, todos algún día vamos a morir, la muerte es muy temida, nos impone, es algo muy natural tanto miedo, es simplemente miedo a lo desconocido, y tristemente no nos salvaremos nadie, antes o después nos tocará, y lo sabemos, nacemos con eso, y sin embargo, nos es difícil aceptarlo, y cuando nos toca una pérdida, nos damos cuenta de ese dolor, ya que lo experimentamos, que ese es el dolor que viven otras personas cuando pierden a sus seres queridos, hasta este momento lo entendemos y se busca compañía y comprensión, y hasta dudamos si alguien puede con semejante dolor. Y si no podemos solos con este duelo, buscamos un tanatólogo con experiencia para llevar nuestro duelo.
La muerte de un ser querido nos pone irremediablemente ante el misterio de la vida, es verdad que nos impone en silencio, y el silencio en vacío y el vacío nos lleva a reflexionar sobre la vida.....y la muerte. La muerte es mágica y nos convierte en el duelo en seres filósofos, pensadores en el sentido último de la vida, de las relaciones y del amor.
Pero definitivamente no es un pensar cualquiera el que genera la muerte, sino un pensar sintiendo intensamente sobre lo que hicimos, lo que hacemos y lo que haremos, es vivir ante el enigma, traducir o entender el acertijo de la vida y de la muerte, definitivamente es difícil de comprender y explicar este gran misterio de la muerte, pero lo seguro es que estas reflexiones nos llevarán a un crecimiento personal, que nos debe de enseñar a vivir y a humanizarnos. Si, la pérdida nos “rompe el corazón” y nos llevará un tiempo sanar con paciencia, a veces con soledad, o en el mejor de los casos con una buena compañía.
Sin dudarlo perder un ser querido puede ser la causa de la mayor de las infelicidades, el trauma mayor de la vida, pero también puede ser la gran oportunidad, una oportunidad porque el morir y la muerte reclaman verdad y verdades que aprender, y puede contribuir a sensibilizarnos, también con las pérdidas se aprende, si es un método doloroso, pero existen las enseñanzas y conocer nuestra resiliencia para estos difíciles momentos.
La gran noticia es que no podemos amar sin que nos duela, definitivamente el duelo es indicador de amor, también existen los duelos mal elaborados pero que al final nos llevan a la oportunidad de reconstruir lazos que estaban rotos o debilitados para aprender de nuevas relaciones, para dejarse querer y cuidar, para cultivar el sano recuerdo y darle el valor real a las personas que son significativas para mí.