Expresiones de la ciudad
09 noviembre 2015
"La generación de oro"
Recordado Gabino Palomares:Te escribo desde alguna esquina de la nostalgia, porque desde que supe por Martha de Cea que te encuentras delicado de salud, una luz de evocación empezó a parpadear, intermitente, moviendo hilos que me hicieron recordar épocas, sensaciones, el deseo permanente de que los trigales amanezcan para todos, o que no haya, como dijo alguna vez Elena Poniatowska, ningún niño sin el cometa azul prometido por los sueños.
La tuya es una generación de oro, con tantas voces y tantas presencias que le dieron a México dignidad, manos extendidas, la certeza de que la soledad podíamos compartirla y que la lucha tenía un canto. Por eso hoy desando los pasos, como modo de recordar, para no decirle a nadie nunca cómo es el olvido.
Tuvimos una amiga en común: la entrañable Amparito Ochoa. Ella, la que se fue un 7 de febrero de 1994 arrullada por el terso canto de los ríos de Culiacán. Hay noches que me han parecido más oscuras cuando la recuerdo, porque hay ausencias que muerden la carne, que laceran la piel y los ojos se hacen de agua por la tristeza.
Pienso en Amparo y como instantáneas se me revelan infinidad de imágenes. Y la vuelvo a ver, cantando, arengando con su palabra esperanzadora, como aquella vez que vino con don Heberto Castillo, el hombre que tenía un Sol brillante en el pecho. Y ella, Amparito, desde el escenario le dedicaba su arte: Porque eres un ángel bajado del cielo, que le da consuelo a mi corazón.
Seguro que por convocar su nombre, también a ti, mi recordado Gabino, se te mueven hilos interiores, pues cuántas veredas habrán hecho codo a codo, cuántos poemas habrán dibujado con la amistad y la diáfana complicidad que compartieron. Tengo un disco de Amparo y otro tuyo, por supuesto, donde se interpreta la que es para mí la más grande de tus canciones, La Maldición de Malinche, que justo escucho ahora y me provoca enviarte el más diáfano de los abrazos y la más grande gratitud por habernos regalado tu inspiración y, al mismo tiempo, una bandera para que nos ayudara cuando remáramos en corrientes tristes.
La vida nos juega mal. Irónica. Digo ahora esto por René Villanueva, de Los Folkloristas, quien también nos dejó por el mismo mal que antes se había llevado a Amparo. Y a él, mi recordado Gabino, que tantas tardes la estuvo acompañando en aquel hospital de la Ciudad de México, igual que tú, mimándola, llevándole a los labios la cucharada de caldo, viendo su delgadez recortada por la luz, llorando por dentro porque sabía que Amparo se nos iba. Y ambos le daban ánimo, la hacían reír. Lo mismo que Tehua. Y Liliana Felipe. Y Jesusa Rodríguez. Y todos.
Siempre en la distancia y desde los discos admiré a la generación de oro a la que perteneces. Y un día me dieron la oportunidad de hacer un libro, el de Amparo Ochoa, que tú tienes porque lo puse en tus manos y porque además me hiciste el favor de presentarlo, junto con otros miembros del equipo de oro, en la Ciudad de México. En la segunda edición del libro hay un agregado en el prefacio bajo el título "A manera de sueño", que cierro con lo que fue tu comentario aquella noche, ¿lo recuerdas?
No leíste un texto, ni algo por el estilo. Preferiste, porque eres compositor, ofrecernos una nueva canción dedicada a Amparo Ochoa, con el título ¿A dónde te hallas, hermosísimo lucero? Qué letras más hermosas: De Sinaloa, de tu pueblo azucarado/ del cine Humaya hasta "Todos con Amparo"/ de tirar piedras a la tragedia de hermanos/ le contestaste a la suerte y sus presagios.
De profesora, bailarina y enfermera
tu decisión fue volar, madre soltera,
desafiando de mujeres el destino
decidiste, valiente, abrir camino.
No me resigno a lo cruel de tu partida,
¿será que el cielo tuvo celos de tu canto?
No perdono a la vida y te requiero.
¿A dónde te hallas, hermosísimo lucero?
Tengo discos tuyos en mi colección. No podía ser de otra manera. Y fíjate que he contado que antes de que las empresas y los cantantes comerciales pusieran de moda aquella canción de "fine, fine, very good, very good", tú la venías cantando desde hace mucho. Y que la tienes grabada y uno de tus C'dis.
Oye, mi recordado Gabino, ¿ha estado María Inés en contacto contigo? Sí, la hija de Amparito Ochoa. Recuerdo ahora su inicio como cantante. Fíjate que una ocasión, en la Universidad, estábamos preparando un homenaje a Amparo, en un aniversario luctuoso de su deceso. Había dispuesto un espectáculo, además de la exposición fotográfica sobre su vida. Listos los músicos y la cantante: el Cuarteto San Miguel y Yadira Tadeo. Pero que de repente me llega Norberto Ochoa, con su sobrina María Inés de la mano. Que quería cantar en el homenaje a su madre. La verdad es que me sorprendí.
Y además de sorprendido, preocupado porque el espectáculo ya estaba hecho, con guión y todo. Pero no podía decir que no, así que le pregunté cuál canción quería cantar: Jugar a la vida, la de Enrique Ballesté, ¿recuerdas? ...Esto de jugar a la vida es algo que a veces duele... Me encantó la niña. Y al día siguiente llegó vestida de blanco, manta, creo, con trenzas y todo. Me asusté. Nos asustamos. Era Amparo Ochoa la que estaba allí. Fue impresionante para todos. Y a partir de entonces seguimos trabajando juntos, hasta que se fue a radicar a la Ciudad de México.
En fin. Espero que todo termine con final feliz respecto a lo que estás pasando. Sabes que hay muchos que te queremos y que deseamos de todo corazón que estés bien, hoy y mañana. Y siempre. Desde Culiacán, te mando mis recuerdos y mis parabienes, a la espera de verte por allí, quizá tú en el escenario; y yo te voy a aplaudir mucho; y voy a corear contigo cuando escuche aquello de que "Del mar los vieron llegar mis hermanos emplumados, eran los hombres barbados de la profecía esperada " ¡Eres grande, Gabino Palomares! Y punto. jbernal@uas.uasnet.mx