Expresiones de la Ciudad

Julio Bernal
25 abril 2016

"Nepotismo, el sello del Isic de María Luisa"

 

Para Octavio la situación era distinta. Nada que ver con la fiebre Chikungunya que asoló a Sinaloa en febrero de este año.

 

Él andaba feliz a miles de kilómetros de Los Mochis, tomando sake y haciéndose fotos en la Tierra del Sol Naciente.

 

 

A través de las redes sociales, Octavio declararía que no le caía el veinte respecto a su estancia en Japón, que estaba fascinado y consideraba que era otro mundo y una experiencia diferente a las que había vivido en los demás viajes, como la vez que anduvo turisteando por Europa.

 

 

Octavio es un joven al que le encanta la música. Hizo estudios de química en el Tecnológico, pero su pasión predilecta es tocar la guitarra, instrumento con el que participa en la júnior-fresa-banda pop “Cv3to”.

 

 

Lo que Octavio Félix Espinoza (Octavio “Felez” en Facebook) no sabe es que en las entrañas del edificio donde trabaja su madre, María Dolores Espinoza Cota, tampoco a muchos les cae el veinte -no porque anden alucinados con kimonos de seda de gusano vivo-, sino porque no se explican cómo es que un músico de su nivel puede pagar esos viajes e ir a jugar a Las Vegas.

 

 

Y se ponen a calcular -por lo bajito- el dineral que debe ganar María Dolores como directora de Administración y Finanzas del Instituto Sinaloense de Cultura (Isic), funcionaria que forma parte de la pirámide de influencias, compadrazgos y nepotismo del gobierno actual: es prima de Clodomiro Espinoza García, Subsecretario de Ingresos de la Secretaría de Administración y Finanzas.

 

 

Ella misma permite un esquema similar en la oficina que encabeza, pues hay una tía y su sobrina barajando números, mientras que también se cuenta a una madre e hijo en la misma nómina.

 

 

El otro día alguien espetó que cómo era posible que la titular del Isic, María Luisa Miranda, no se hubiera dado cuenta de la situación, siendo ésta tan obvia y delicada.

 

 

 

Pero a ese alguien le despejaron la razón con tremendo codazo, zum, recordándole que hacia 2012 se apareció por el Isic un treintañero de complexión media, arriba del metro 75 de estatura, con ropa de marca y un no sé qué para las mujeres.

 

 

Cuando lo vieron, casi al unísono supusieron que era otro que había traído la paquetería desde Los Mochis, pero muy rápido descubrirían que en realidad era poblano.

 

Pues por eso no olía a dulce, dijo un maloso, en referencia al ingenio azucarero de Los Mochis.

 

 

Y cuando lo oyeron hablar, la mayoría creyó que estaba loco, o que tenía una fijación con Gordon Campbell, porque aquel extraño se presentó como “orquestador de información”.

 

 

Al decir esto, los más fantasiosos vieron que desde la oficina de Patricia Tirado, la Jefa de Prensa, salían hojas blancas con letras garabateadas, zigzagueando al compás de la invocación del hombre de la tierra del mole y de los chiles en nogada.

 

 

Pero los híper incrédulos no vieron volar ningún boletín bajo las artimañas del “orquestador de información”, y más bien se pusieron a la defensiva.

 

 

El bacanal iniciado en 2011 con la llegada del entonces nuevo gobierno aún estaba en su clímax, de modo que había que prever quizá más cambios, el quítate porque allí voy yo y córrele porque te pego, con la fe de bautismo en mano para probar nacimiento en Los Mochis.

 

 

 

El caso es que el extraño causó muchas suspicacias, más cuando repararon que el fulano, de nombre Luis Camacho, era de todas las confianzas de doña María Luisa, y que ella lo abrazaba como a un hijo.

 

 

Días después se despabiló toda duda: era yerno de la directora, o lo que sea, pues se determinó que era la pareja sentimental de su hija Dulce Robles Miranda.

 

 

Y para que terminaran las especulaciones, se le dio un puesto en asesoría en medios, o como se llame, y desde entonces ha venido devengando un salario que ya quisiera cualquier director.

 

 

Así son las cosas en los entretelones del reino en extinción de María Luisa Miranda Monreal, la mujer que asumió el cargo asombrada de que la Orquesta Sinfónica Sinaloa de las Artes tuviera demasiados violines; ¿para qué tantos?, solía decir.

 

 

Muy recientemente, un empleado del Isic resumió en una palabra a la actual administración: nepotismo, cuya etapa está por concluir frente a la carencia de un futuro halagador: por ahí se andan moviendo las mismas caras con los vicios de siempre. Esto es lo que hay. Y punto.

 

 

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