FACTOR HUMANO: Sabios sin estudios
"La sabiduría es fundamental para entender y resolver asuntos vitales y pequeños, sin embargo no está de moda, en las universidades se privilegian los conocimientos no la sabiduría"
La sabiduría es fundamental para entender y resolver asuntos vitales y pequeños, sin embargo no está de moda, en las universidades se privilegian los conocimientos no la sabiduría. Veo cuatro problemas con ella: ponerla muy lejos, solo unos iluminados la alcanzan; confundirla con la erudición; intentar enseñarla con libros y saber aplicarla. Aquí tratamos una que es más accesible y práctica. ¿Qué es sabiduría? ¿Qué elementos tiene? ¿Cómo aplicarla?
Una sabiduría más cercana.
Nos interesa esa sabiduría necesaria para la vida práctica, accesible, donde importa más el saber usar la mente que acumular y clasificar saberes: la claridad de ideas, atender y captar las circunstancias, ir a la raíz y captar lo distintivo de cada situación. Sucede que el nivel cultural, de estudios, ser inteligente, no garantizan la sabiduría. Abundan los listos haciendo el mal y encontramos sabios sin estudios ¿Qué podemos aprender de éstos? La sabiduría tiene que ver más con los saltos de conciencia que estudiando: se descubre.
¿Qué observamos en esas personas sabias?
- Son muy observadoras. Están muy atentos a las circunstancias o a la conversación. Han disciplinado su atención haciéndola sagaz, captan con rapidez lo esencial sin distraerse. Hablan con mesura, responsablemente, el habla proyecta mucho y por la boca se escapa energía.
- Callan su mente. Abren espacio para que los hechos entren en su mente silenciándola; la información no cabe donde abundan los pensamientos, además distorsionan. Cuando se enjuicia al prójimo se le reduce y contamina, los prejuicios filtran la realidad. No solemos ver a los demás como son, los vemos como somos, "cree el león". Ellos escuchan activamente y domestican su impulso de hablar permitiendo que el otro se explique y facilitan el desahogo emocional que tanto ayuda y aclara.
- Verifican, no suponen. Están muy atentos en distinguir entre lo que ignoran, lo que creen, lo que parece, con lo que realmente es. Preguntan abierta y oportunamente. Enfocarse mucho puede sesgar lo que el otro quiere decirnos o la información completa; la diferencia entre lo que uno quiere saber y lo que realmente pasó puede ser insospechada, por eso abren sus ventanas. El que aprende a preguntar descubre la verdad.
- Meditan frecuentemente. La meditación hace lo que la gravedad: acomoda las cosas por su peso. La mente agitada es como un vaso de agua turbia, el reposo, el silencio y el tiempo aclara las cosas, especialmente el desahogar las emociones perturbadoras, las pequeñas, inconscientes y frecuentes causan enfermedades. La conducta va por delante de nuestro entendimiento, abundan los impulsos, actos subconscientes, meditando “caen los veintes”. Está muy probado que la meditación diaria mejora la salud, especialmente del corazón. Resolver las emociones cuenta muchísimo más que los conocimientos. Los grandes descubrimientos e inventos vienen de luminosas intuiciones cuando la mente está tranquila.
- Leen, indagan. Leen para comprender, el hábito de la lectura ilustra, enriquece el vocabulario y facilita el pensamiento. Cada palabra expresa una noción de la realidad, las palabras son los ladrillos que edifican el pensamiento de tal suerte que podemos cambiar los patrones mentales cambiando las palabras.
- Elevan su nivel de conciencia. Pueden observar sus pensamientos sin involucrarse. Solemos identificarnos con lo que pensamos, esto nos confunde, los pensamientos continuos nos distraen de lo más importante: vivir el momento presente. Quizás por esto son sabios. Rara vez conversamos con alguien: el Yo real; cuando lo hacemos viene la calma.
Con los saltos de conciencia descubrimos lo insospechado, nos iluminan. “Todo nuestro conocimiento nos acerca a nuestra ignorancia ¿Dónde está la vida que hemos perdido en vivir? ¿Dónde está la sabiduría que hemos perdido en conocimiento? ¿Dónde está el conocimiento que hemos perdido en información? (T.S. Elliot "1er Coro La Roca") es decir: ¿Dónde metemos la conciencia? El que está dormido, no lo sabe.
- Priorizan la claridad de ideas. Esto es primordial viene de un emérito profesor del Siglo 14 Meister Eckhart: "Sabio es aquél que sabe lo que son las cosas sin confundirlas". La sabiduría tiene que ver más con la claridad de ideas que con acumular conocimientos. Por eso hay sabios sin escuela. La erudición no sustituye al sentido común.
Hay que agudizar la percepción, es muy sutil, la imaginación forma imágenes instantáneas de lo que leemos o escuchamos sin advertirlo, se les llama "fantasmas", solemos confundirlos con los hechos y la información.
- Desaprenden. Cultivan y enfocan su curiosidad, son como niños, mantienen su mente ágil, ocupada. Sobre todo advierten más su ignorancia y sus limitaciones y esto los mantiene alertas y corrigen. Aprender vigoriza, estimula, regenera el cerebro y aleja ciertas enfermedades. Las personas envejecen cuando dejan de aprender, al divagar y dejar de pensar por las pantallas que hipnotizan. Ante un problema los eruditos confían en sus conocimientos, en cambio los sabios observan.
- Aplican lo que saben. Saber obliga, ellos aplican su saber en cinco frentes: en sí mismos por aquello de que médico cúrate a ti mismo. En su vida. Con los demás. Aprenden de la naturaleza y En su relación con el creador. Los grandes problemas, la enfermedad, la muerte, requieren mucha sabiduría.
¿Cómo medirla?
Los Escolásticos no se complicaron para definir la inteligencia como ahora, la sintetizaron así: “res mensuram intellectum” la realidad es la medida del intelecto. Definen la capacidad intelectual en como capta la realidad sin deformarla con nuestros apetitos, impulsos, deseos, conocimientos y como la usan. Hay muchas formas de captarla y de aplicarla. Así de simple.
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