Felipe Mendoza transita a la narrativa con 20 cuentos de historias cotidianas
El poeta y ensayista sinaloense recupera historias cotidianas, rurales y urbanas, en su libro ‘Narraciones ordinarias’, con el que inicia además una nueva etapa como editor
Para el poeta sinaloense Felipe Mendoza Guerrero, cantar y contar son dos formas de expresar que se complementan, se nutren y tienen puntos de encuentro más allá de las fronteras entre los géneros literarios. Con esa convicción, escribió “Narraciones ordinarias”, un libro de 20 cuentos en los que recupera historias cotidianas, experiencias personales y expresiones populares para transformarlas en literatura.
“Los géneros son auxiliares uno del otro. Tanto la poesía le ayuda a la narrativa como la narrativa le ayuda a la poesía”, afirma el escritor, quien considera que la clave no está solamente en las historias que se cuentan, sino en la manera de narrarlas, en la construcción de los personajes y en la capacidad de encontrar una voz propia.
“No estamos muy lejos los que sabemos contar a los que sabemos cantar también”, sostiene Mendoza, quien con esta publicación abre una nueva etapa en su trayectoria, marcada por la poesía y el ensayo literario, y explora las posibilidades expresivas de la narrativa.
El libro reúne historias urbanas y rurales, sin un hilo conductor único, pero vinculadas por la intención de observar la vida desde una perspectiva literaria. Entre sus páginas aparecen temas como la homosexualidad, el machismo, la infancia, la juventud y las experiencias familiares.
“Son muchas historias cotidianas donde trata temas evidentemente desde una perspectiva muy particular”, explica el autor.
Uno de los propósitos centrales, dice, es demostrar que una historia no necesita partir de un acontecimiento extraordinario para convertirse en literatura. La diferencia está en la manera de contarla, en la construcción de los personajes, el lenguaje y la capacidad de transformar una experiencia en un mundo de ficción.
“Lo extraordinario está en el texto, en cómo lo narran, en cómo tú lo cuentas, en cómo yo lo narro, cómo lo construyo como hecho narrativo”, señala.
Y añade: “El escritor inventa un mundo posible, o un mundo ficcional”.
Las historias
Entre las historias que dan forma al libro, Felipe Mendoza recupera una de las más cercanas a su vida: un cuento dedicado a su madre, cuando cumplió 91 años.
“Yo soy el noveno hijo de 14 de mi madre. Mi madre ahora tiene 92 años y le escribo un cuento a mi madre, todo el trajinar, la vida que lleva, pero el asunto no está en qué se cuenta, ahí está la puesta, el reto mayor, en cómo contar estas historias con una calidad narrativa buena”, dice.
Para el poeta, llevar estas experiencias al papel implica un desafío que va más allá de elegir qué contar.
“Todo mundo sabe historias, todo mundo tiene experiencias familiares. Yo también las tengo”, señala.
La lectura, escuela del narrador
Aunque tiene años de experiencia como poeta, llevar su voz a la narrativa implicó nuevos retos para Felipe Mendoza. El principal: construir personajes que mantengan su coherencia y desarrollar un discurso narrativo que sostenga el interés del lector.
Y sin haber tomado talleres literarios de cuento, considera que su formación como narrador se ha nutrido, principalmente, de la lectura.
“Yo leo más narrativa que poesía para escribir poesía y leo más poesía para escribir narrativa”, dice.
A esa práctica suma su interés por otras disciplinas artísticas, como la fotografía, la pintura, la danza y la música, expresiones que, considera, mantienen fronteras permeables con la literatura.
“Yo soy un lector de niño”, señala al hablar de una relación con los libros que le ha permitido construir su imaginario y ampliar sus posibilidades de escritura.
Actualmente lee Tajimara, de Juan García Ponce, y considera que la experiencia lectora ha sido fundamental para enfrentar su incursión en los cuentos.
“A mí me han ayudado los libros. No hay mejor experiencia que la lectura”, sostiene.
“¿Cómo puedo contar yo estas historias? Tantas historias que me sé. ¿Cómo puedo contar mis propias experiencias?”, se pregunta al recordar el punto de partida de este proyecto.
Para él, la escritura exige un trabajo minucioso, al que compara con la carpintería que requiere una obra para alcanzar su mejor forma.
También considera que la trayectoria implica una responsabilidad creciente con la literatura y con quienes se acercan a ella.
“Ya no podemos darnos el lujo los que tenemos muchos libros de escribir nimiedades, de escribir cosas mal ordenadas”, afirma.
Y aunque reconoce que internet ha ampliado las posibilidades para que más personas escriban, distingue esa práctica del compromiso que supone desarrollar una obra literaria.
“Cuando te conviertes en escritor, cuando en verdad tienes la idea de que tú eres un escritor y que tienes obra ya publicada [...], cada día más y más tienes que tener responsabilidad en escribir”, señala.
Una nueva etapa como editor
La publicación del libro coincide con otro proyecto en la trayectoria de Mendoza: la creación de Las Mimbres Editores, sello con el que busca publicar su propia obra y abrir espacio a otros escritores.
En una época en la que las dificultades económicas han provocado el cierre de editoriales, el poeta decidió asumir también el papel de editor, pese a reconocer los riesgos que implica emprender en el sector.
“Me inauguro como narrador en un libro y me inauguro también como editor”, expresa.
La decisión responde, en parte, a las condiciones económicas que enfrentan los escritores. Mendoza Guerrero señala que las regalías y los ingresos por publicaciones difícilmente permiten vivir de la literatura, por lo que ha mantenido su labor docente como principal sustento.
“Uno no vive de la escritura, yo tengo que ser profesor para poder vivir, mantener al poeta que soy y al narrador ahora”, afirma.
Es profesor de literatura, trabaja en la enseñanza y participa en actividades de promoción lectora. Desde esa experiencia, considera que contar con una editorial propia le permite asumir directamente las decisiones sobre la publicación de sus libros y destinar recursos a proyectos en los que cree.
Aunque reconoce que editar es un negocio difícil y arriesgado, su intención es ampliar el catálogo de Las Mimbres Editores y publicar a autores de otros países, entre ellos escritores chilenos, peruanos y guatemaltecos con quienes mantiene vínculos.
Nuevos cuentos y una novela en proceso
Felipe Mendoza ya trabaja en un nuevo libro, Cuentos para niños malos, que recupera experiencias de su infancia y los lugares rurales donde transcurrió parte de su vida.
“Es un conjunto de cuentos de la niñez que yo viví, que me tocó vivir”, explica.
También escribe una novela corta y contempla la posibilidad de explorar otros géneros, incluido el teatro, disciplina en la que tuvo experiencia durante su juventud.
“Voy a seguir escribiendo narrativa. Tengo la idea de... estoy escribiendo una novela también, una novela corta”, adelanta.
Su apuesta, insiste, no responde a la idea de que un escritor deba permanecer dentro de un solo género, sino a la posibilidad de experimentar con responsabilidad y construir una voz propia.
El prólogo de su nuevo libro está a cargo del escritor sinaloense Juan José Rodríguez, quien, de acuerdo con Mendoza, reconoció su capacidad para narrar.
El libro puede adquirirse a través de Amazon, en librerías Gandhi y en puestos de revistas de Culiacán. Mendoza también tiene previstas presentaciones en las ferias del libro de Culiacán y Los Mochis, así como posibles encuentros con lectores en Mazatlán y Ciudad de México, aunque algunas fechas están pendientes de confirmación.