Hay cosas que se hacen esperar
Hay cosas que se hacen esperar y parece que nomás no llegan, pero ésta sí se me hizo contarla. Estaba yo en la playa conversando con Eduardo —un cuidador del mar de esos que andan con rastrillos en mano quitando el sargazo para que podamos disfrutar de la playa, aunque bien dice Eduardo, y fui testigo presente, de que para ‘los colorados’ no hay alga marina que les impida tirarse en la arena y ofrecer su cuerpo pálido al sol, y que bien terminarán en café-tostado-colorado-rosado y así regresar coloridos y felices a sus lejanos países polares, que bien, con ‘colorados’ o sin ellos, el sargazo se quita todas las mañanas, y sabemos que en junio no habrá rastrillo que logre eliminarlo, así que diciembre y enero siguen siendo los meses paradisíacos para disfrutar esas playas del sureste mexicano— en eso, tomo el teléfono para la foto del recuerdo con Eduardo y veo que tengo un mensaje de quien menos esperaba.
Así me enteré de la publicación de Quiénes son, un libro que recopila veinte entrevistas a científicos mexicanos... que en su momento entrevisté, que en su momento todos ellos vivían, que en su momento aparecieron en ConCiencia, que en su momento yo me aventuraba en estos alardes de contar otras historias... que fue con estos personajes apartados de todo reflector, y las largas conversaciones sostenidas, lo que me inspiró a escribir historias de ficción.
Quiénes son es ahora una realidad, un libro, que confieso, pensé nunca ver publicado. Antes debieron pasar algunas cosas. Primero publicar Raíces perdidas, Cien alas, La mujer que quiso hacer todo al revés, jubilarme de un trabajo de diez años, aparecer en algunas antologías, irme un año de México, descubrir a Foster Wallace, a Coetzee, a Quignard, asistir a una estancia literaria, ser tallerista, jurado, revisora de textos, masajista, mesera y cocinera, formar parte de un proyecto literario, descasarme, amancebarme, amadrinar a tres criaturas, aventarme dos cirugías, celebrar mis 50 y luego mis 55... pasar otras pocas de cosas y luego volver a esperar. No me desanimé.
Hace 5 años apareció una convocatoria para publicar en la UAS. Cambié de nombre a mi propuesta —que en principio se llamaba Las más de ConCiencia y que igual envié a Editorial UAS y en su momento sí me aceptaron, pero nomás no me publicaron—, la envié y a los meses me enviaron una carta de aprobación. He aquí una realidad. Yo no estudié en la UAS, pero hace muchos años colaboré con unas cápsulas — las alas de Titika— en Radio UAS, que fueron transmitidas y escuchadas. Es por eso, y porque es la máxima casa de estudios de mi tierra que me da alegría, mucha alegría, tener en mis manos este libro, pues lo que aparece entre sus páginas fue lo que me impulsó a escribir. Y los invito a leerlo y a conocer a estos personajes.
Agradezco a Editorial UAS por publicar este trabajo que más bien es histórico, que nació a la par de mi colaboración ConCiencia, en 2007, en el periódico Noroeste, por el puro interés personal de escribir sobre divulgación científica, pues es ese tiempo ningún medio se interesaba en esos temas y yo trabajaba justo con ellos. Ahora en tiempos de IA creo que será más difícil incursionar o mantener estos espacios, si es que todavía se conservan algunos.
Tendrá que ser otra la manera en la que sepamos qué hacen los científicos en México y la importancia de su trabajo. Porque en México se hace ciencia y se hace bien, dijo la astrónoma Julieta Fierro. Gracias de nuevo a Editorial UAS, a su directora Azucena Manjarrez y a su consejo editorial por considerar y hacer posible esta publicación.
Hay cosas que se hacen esperar, pero que bien valen el tiempo.