'Igual y un día de éstos pinto' dice Rafael Coronel Rivera

Nelly Sánchez
07 noviembre 2015

"El poeta, crítico y fotógrafo Rafael Coronel Rivera expone en el Museo de Arte de Sinaloa La Plaga, sobre el turismo en el mundo"

Tomó los pinceles de su padre, el pintor zacatecano Rafael Coronel, cuando era pequeño. Estaba en el estudio de su abuelo, el muralista Diego Rivera y aunque no es pintor, su necesidad de expresión plástica, la satisfizo Juan Coronel Rivera con la fotografía.
"No me ha dado por pintar, de chico sí y no sé, la vida da muchas vueltas e igual y un día de éstos pinto", dice en el Museo de Arte de Sinaloa, donde se exhibe su exposición La Plaga, una colección de aproximadamente 90 fotografías análogas sobre el turismo en el mundo.

-- ¿De qué manera pesan los nombres de dos grandes artistas cuando se expone, cuando se está en el mundo de la plástica?
Personalmente para lo que hago no los tomo en cuenta, porque yo creo los contextos plásticos son totalmente diferentes. Si yo me pusiera a pensar en Diego o en mi papá, más bien me limitaría al plantear lo que se me antoja, si uno va formando paralelos, coincidencias en relación a lo que ya hubo, sobre todo si son mis parientes, me bloquearía.
"Lo que me tocó vivir es totalmente distinto a lo que le tocó a Diego y lo que le toca a mi papá. Cuando trabajo no los pongo como antecedente a mi trabajo que quizá un poco se emparentaría en la función narrativa, porque Diego y Rafael son artistas narrativos, mi fotografía siempre está contando una historia del entorno y lo que hago es darle una visión distinta".

-- Cada uno, un artista de su tiempo
Sí, uno tiene que responder al contexto histórico que le tocó vivir, Diego era un idealista, él creía que el ser humano podía tener una perspectiva muy clara, como una suerte de renacimiento, creía en una revisión del ser humano y el contexto en que veía el adoctrinamiento, era la posibilidad de avanzar a la igualdad, no sólo económica sino metafísica. A mi padre le toca el desarrollo postindustrial, la etapa capitalista que empieza en 1945, al final de la segunda Guerra Mundial y plasma cómo esta visión desarrollista no logra integrar a las grandes masas, por eso su pintura habla de esos seres marginados.
Para el crítico, poeta y fotógrafo, Rivera utilizaba el materialismo histórico y Coronel la neofiguración de los años 60 y 70 mientras que él se acerca a la realidad desde una perspectiva marcada por la ironía.

Todos los turistas son iguales
En La Plaga, Coronel tomó como tema el turismo, al ser humano que llega a ciertos límites personales que en su contexto ordinario no tomaría.
El ser humano se muestra descontextualizado, "disfrazado", dice, porque el short, la cachucha, los lentes oscuros y las sandalias, no se los pondría para ir salir a la calle o ir de compras al supermercado.
"Esto me deja jugar con la posibilidad de la parodia del ser humano, cómo nos estamos moviendo en un intento de buscar algo que no vamos a encontrar".
Fragmentada en la historia del souvenir, la de los turistas tomándose fotos, incluso desacralizando espacios, La Plaga hace alusión a esa abundancia de seres que causan daño o destrucción, porque en el ejercicio de la cotidianidad, dice, el ser humano está acabando con todo.
"No hay vuelta atrás, somos 6 mil millones de personas que comemos, nos bañamos, esto va en detrimento de todo. Esta plaga se mueve, puede viajar de país en país y afectar la cotidianidad de otros lugares", dice, "me interesa ver cómo actuamos ante lo que vamos a ver".

-- ¿Es diferente el turismo en cada país?
Todos somos iguales, cuando el turista sale deja su carga patriótica, alimenticia, de horario y cotidianidad en su casa, se descontextualiza. Los matices son sutiles, el turismo europeo es más sobrio, van vestidos en color caqui, con esta tradición de colonizadores, es como si fueran a África, a ver sus colonias. Los más fachosos son los estadounidense, no tienen pudor de nada, son ruidosos. Los orientales son como panales, por la barrera del idioma.
En una foto muestra a un grupo de mujeres indígenas tomando vino tinto europeo y para él, es una respuesta a Rivera, que siempre los pintó puros.

-- ¿Qué diría Diego si viera estas fotos?
Es muy difícil contemplarlo, no sé qué pensaría la verdad, no sé qué tanto le gustaría o no, pero como lleva implícita una crítica social muy fuerte, en ese sentido sí entendería. Habría cosas que no le gustarían porque yo me burlo un poco de todo el turismo político, situaciones como la de la APPO que mantuvo tomada durante un año afuera del Munal. Pocos movimientos sociales tienen una semilla verdadera, como con Zapata, que el pueblo se levantaba por un ideal, ahora hay muchos intereses.

Grandes pinceles
Como cuando Juan Coronel nació, su padre era muy joven y no ganaba mucho y su madre, Ruth Rivera, tenía un sueldo de burócrata, vivieron en estudio de Diego Rivera, en San Ángel, donde Rafael Coronel empezó a pintar ahí, generando una fuerte polémica.
"Cuando tenía 6 ó 7 años mi papá decide sacar todo lo del abuelo, mandarlo a una bodega y se puso a pintar ahí tranquilamente. Y yo de repente agarraba la tela y me ponía a hacer las cosas pero con un sentido imitativo, mi papá es pintor, voy a pintar. Pero tardé mucho en dedicarme a hacer arte plástico.
De niño, recuerda, quería ser arqueólogo, pero estudió Letras su oficio fue el de poeta. Pero la cuestión plástica no la resolvió sino en 1986, cuando se asoció con Cristina Kahlo, sobrina nieta de Frida, y pusieron la fotogalería Kahlo-Coronel.
"Ella me dio clases de foto y en 1995 me aventé con una primera exposición, De críticos poetas y locos todos tenemos un poco, que hizo Mónica Mayer. La foto me resolvió la parte plástica, ahora quiero hacer esculturas".

-- En este museo hay dos obras de Rivera, Autorretrato y Maternidad, ¿qué siente cada vez que las ve?
A mí la pintura de Diego me gusta mucho pero no por pariente, interesa su visión neohumanista. Mi papá un hombre talentosísimo, tiene un pincel y no proyecta ni esboza, mete el pincel directo y de pronto uno ve unos giros en la figuración que tocan lo maestro, Rafael está emparentado con Ribera, El Españoleto, Velázquez. Eso lo veo como espectador, como crítico. Pero mi vida cotidiana con mi papá es como la de cualquier otro y aunque a Diego no lo conocí, tengo otro abuelito y creo que pudo haber sido igual.
"Todo mundo me pregunta qué se siente ser nieto de Diego Rivera, en realidad no se siente nada, con eso nací, no sé qué sería mi vida si no hubiera nacido con eso".



Autorretrato
El Autorretrato de Diego Rivera que pertenece al acervo del Masin es a decir de Coronel, la obra de academia más importante.
"Ahí Diego está presentándose como un artista con una ideología a contracorriente. Tiene la firma en la parte superior, con una grafía, como un sello que toma de los artistas que vienen de la época del simbolismo, porque Julio Ruelas, quien trajo el simbolismo por primera vez al país en tiempo en que sucedía en Europa, ya estaba aquí", apuntó.
"Además ahí se ve la enorme narcisopatía porque el maestro se amaba, se ve cómo él se creía el personaje, él sí era un artista como ya no hay".
En esa época, abundó, Rivera tendría entre 16 y 17 años y ya sabía a dónde iba y qué quería.
"Su posicionamiento no era la fama ni el dinero, aunque sí le llegó, quería ser un artista a nivel renacentista, cuando Diego decide ser artista llega, lo planea, lo planifica, lo estructura y lo logra".


LA PLAGA
La exposición se exhibió por primera vez, el año pasado en el aeropuerto de la Ciudad de México, en la Terminal 1, de tránsito para las personas que van a abordar. Muchos de los retratados estaban ahí, se tomaban fotos dentro de la exhibición, con alguien que se parecía o con maletas, en un juego de espejos interesante. El Museo de Arte de Sinaloa es su segunda sede, ahora es la turista que salió de su primera casa para 'plagar' otros espacios.



DE VIVA VOZ
"No me ha dado por pintar, de chico sí y no sé, la vida da muchas vueltas e igual y un día de éstos pinto".

"Cuando tenía 6 ó 7 años mi papá decide sacar todo lo del abuelo, mandarlo a una bodega y se puso a pintar ahí tranquilamente".

"Todos somos iguales, cuando el turista sale deja su carga patriótica, alimenticia, de horario y cotidianidad en su casa, se descontextualiza"..
Rafael Coronel
Fotógrafo