La grandeza de disfrutar lo pequeño

Paúl Chávez
29 abril 2023

Éramos pequeños pero éramos grandes, disfrutábamos todo y éramos felices con muy pocas cosas..

La niñez

Quién diría que extrañaríamos ser niños porque nuestra mayor ilusión era crecer y volar con nuestros sueños. Ahora somos grandes y deseamos conseguir más, sabiendo que teniéndolo no lo garantiza y que se nos va la piel en ello. La ambición nos hizo crecer pero nos confundió buscando pozos secos.

Estimado lector seguro trabajas con ilusión para sacar adelante a tu familia, si estudias lo haces para ser alguien en la vida, si emprendes un proyecto lo haces con la ilusión de prosperar, si eres ama de casa te esmeras para dar amor a tu familia y si eres retirado disfrutas a los tuyos y las bendiciones inesperadas. Hay que ver como los niños disfrutan la lluvia y las fuentes, se empapan gozándolo como actores y no espectadores.

Si acaso estás enfermo, convaleciente, preso, lejos de casa o solo, estoy seguro que extraerás de todo eso sabiduría y humildad encontrándole sentido a tu dolor purificándote, que la aflicción bien llevada tiene abundantes bendiciones y la enfermedad, la muerte, la distancia, la ausencia y la soledad permiten ver mejor las cosas apreciando lo más valioso y descubrir que en ti mismo tienes sana compañía.

Que lo bueno no es permanente, que los infortunios parecen malos y traen bondades cuando pides luces para encontrarles sentido. Que viendo no vemos, oyendo no escuchamos, distraídos en mil cosas, seducidos por lo que parece y no es.

Mientras tanto la vida nos ofrece solo este momento en charola de plata para disfrutarlo, hoy, aquí... mientras sostienes esto. Quién lo diría: toda una vida contenida solo en este glorioso momento.

Parece poco

Un minuto basta para perder el avión, una décima de segundo para perder la carrera, una bocanada de aire salva al que se ahoga, un día sin sentir dolor libera, dar un paseo para quien está postrado o encerrado vale oro, estar con los amigos regocija, recuperar a quienes amas da gozo, la misericordia de otros se agradece profundamente, sacudirse la tristeza es revivir.

Una sonrisa puede devolver la esperanza, una mirada puede decir muchas cosas, una palmada recupera la confianza, disfrutar ese platillo despacio sabe a gloria, oler el perfume de la primavera tonifica, sentirse enamorado anima, oír tu canción deleita.

Estar estando, disfrutando simplemente la presencia de lo que acontece.

Un cello con el piano acompañando a la flauta salen de las bocinas como el “santo olor de la panadería” de la ‘Suave Patria’ y me regocijo de estar aquí sintiendo como las notas serpentean en el aire abrazándome, en ese tempo lento para gozarlo en sílabas. Cada compás, cada armonía cuenta y de pronto los violines acaparan la atención, ellos pueden alargar los sonidos por eso les encomiendan las melodías.

Benditos músicos

De todos los oficios, Dios les tiene una especial predilección a ellos porque su misión es alegrarnos y hacer más llevadera la vida logrando que nos conectemos con los sentimientos. Eso nos hace sentirnos vivos, por eso a los músicos se les perdona todo, no a los políticos.

Tengo una predilección por la música sinfónica, aquella donde la orquesta predomina sobre la voz, además por una singularidad: permite captar y sentir de diversas maneras, simultáneamente.

Educa los oídos, la atención, requiere tu presencia para captar su fluidez, identificar los instrumentos que aparecen, las melodías que le dan sentido, los acompañamientos, las armonías, las disonancias. Como el agua que corre por la acequia tienes que seguirla, provocando todo ello una síntesis y un gozo intelectual en simbiosis con el cuerpo entero, mientras el alma asciende conectándose con la eternidad.

Aquí y ahora

Ahora le toca el turno a “Los molinos de tu mente” de Michel Legrand, la melodía en su sencillez son dos notas escaladas repetidamente, la obsesión de la mente por atraparnos y desconectarnos de nosotros mismos, de los que están cerca, de la naturaleza... del momento presente. Tan fácil escribirlo como perderlo. La vida se nos escapa por estas infinitas grietas cada hora sin darnos cuenta... creyendo que vivimos.

Preguntaba un niño

¿Abuelo, cómo se pierde la vida? La vida se pierde de muchas formas hijo:

Se pierde cuando dejas de soñar y dejas de creer en ti, cuando quieres vivir la vida de otros y no la tuya, se pierde criticándolos sin aceptar ni enmendar tus errores, cuando eres egoísta y no te das a los demás, cuando huyes de ti mismo, cuando alejas a los que amas, cuando dejas de merecer y empiezas a darte, cuando te enfrascas en lo negativo.

Se gana cuando te reconcilias contigo mismo, con los que amas y con el Creador, cuando renuncias a ser perfecto, cuando dejas de esperar que pase algo que no haces, cuando te atreves a crear... y los niños bien lo saben.