La realidad es la clave en la ficción de García Márquez, afirma Gabriel Eligio Torres García, sobrino del Nobel
"El también autor habla de su libro La Casa de los García Márquez, en el programa La Chambrana Radio, en una transmisión por Facebook"
En el año 2000, cuando vivía en Miami, a donde se había ido en busca del sueño americano, el colombiano Gabriel Eligio Torres García, sobrino de Gabriel García Márquez, había acudido a la presentación de un libro que hablaba sobre la vida del Nobel.
En aquel entonces, recordó Torres García durante la presentación de su libro La Casa de los García Márquez en el programa La Chambrana Radio, de Colombia, no le llamaba la atención la literatura, no había escrito ni una carta a una novia.
Pero acudió a esa presentación porque sentía nostalgia al estar lejos de su tierra y su familia.
“Y cuando llegaron (en la presentación) al punto de la parte familiar, el autor no supo qué contestar y terminó repitiendo lo que había escuchado de otros, errores de la gente, del amigo del amigo que daban por hecho versiones de la familia muy alejadas de la realidad”, compartió.
“Escuchar cosas alejadas de la realidad, en medio de esa nostalgia, con ropa de obrero y con una timidez congénita que me impedía hablar, me quedaba callado. Pero ese fue el día en que el destino me llamó a hacer parte de esa situación, ya que por mí pasó el micrófono para entregárselo a otro y en ese momento me puse de pie y empecé a refutar todas las cosas erradas que decía el expositor”.
En un salón elegante, al que la gente había acudido bien vestida, Torres García sintió el rechazo por sus comentarios, cuando el autor le preguntó si acaso era escritor y qué le daba derecho de hablarle así.
“Le dije, ‘el derecho que me da la sangre porque usted está hablando de mis abuelos’, obviamente todo mundo se quedó de espalda. Y le empecé a explicar que Gabito había sido dejado con sus abuelos no porque no tuvieran cómo mantenerlo, simplemente era una manera de apaciguar al abuelo contra el papá, porque uno era liberal y el otro conservador , en ese entonces era casi ser enemigo”, contó.
“Además, se había llevado a la hija predilecta, a la única mujer que le quedaba, porque la otra había muerto de tipo años antes recién llegado a Aracataca. Imagínate, llega un forastero a Aracataca, como telegrafista, encima era conservador y se lleva a su hija, el amor de sus ojos. Gabo vino a apaciguar todo, y lo logró, porque el abuelo Nicolás se volvió loco con el nieto”, dijo en el programa que conduce la periodista Judith Cartagena.
Y fue en esa época en que el abuelo Nicolás le contaba a Gabriel García Márquez todas las historias de guerra, que sirvieron de cimiento a las novelas del Nobel.

El impulso de escribir
Esa noche, cuando llegó a la habitación donde vivía, le llamó su hermana y le avisó que Eligio Gabriel, el menor de los García Márquez, acababa de fallecer.
“Para mí fue muy doloroso no poder viajar a darle el último adiós en sus funerales y lo que me tocó fue escribir una nota para que la leyeran ahí. Un amigo periodista me pidió permiso de publicarla. No imaginé que eso sería siquiera publicable. Al día siguiente sale la nota del fallecimiento de Eligio con la nota Palabras para un tío y mi mamá me dijo que todo mundo la paraba para felicitarla por su hijo escritor”.
A partir de entonces no paró de escribir, sin formación literaria, dice, pero plasma lo que le sale de las entrañas.
“Y así fui escribiendo muchos textos, algunos los mandé a Colombia, otros los publiqué en Miami, luego escribí cuentos y una novela que el Huracán Katrina se llevó casi terminada. Cuando llegué a Colombia Gabo había leído esas notas y muchos de mis escritos y le gustaban. Ya no lo veía como otro más de los tíos como lo había visto siempre, había leído todos los libros que había escrito, ya sabía quién era y el hombre grande que había llegado a ser”.
El mejor consejo que recibió de su tío, el Nobel colombiano, fue seguir escribiendo.
“No me decía que era el mejor, pero tampoco me hundía, me estimulaba. Cuando le conté de la novela que se llevó el huracán me dijo ‘no te preocupes, seguramente iba a ser una mala novela, no te desanimes, sigue’. Era el consejo. La única manera de ser un buen escritor es escribiendo”.
Acompañado en la transmisión por Betty Cuadrado, lectora de su novela, Gabriel Eligio
señaló que en cada capítulo cuenta la vida de sus tíos, desde esa parte del mamagallismo (tendencia a tomarlo todo en broma) colectivo que existía en la familia, de decir las cosas más fantásticas con una naturalidad y cara de palo, como lo hacía la abuela, al contarle a Gabo, historias de miedo, compartió.
“Yo tomé estas historias en los rincones guapos, que era la reunión de todos los hermanos, para hablar de todo y de lo mismo, era una manera de ejercitar la memoria, al mismo tiempo esa tradición oral que venía de generación en generación, cuando el coronel se sentaba a contarle historias a Gabo sobre la guerra, y la bisabuela Tranquilina le contaba historias sobre los muertos”, contó.
“Esas historias fantásticas que escuchó de la fantasía de la abuela Tranquilina con la realidad de la guerra del abuelo Nicolás fue lo que Gabo bautizó como Rincón guapo, donde ahora se juntaban los tíos y los niños escuchábamos las historias.

Los paralelismos
García Torres comentó que a los 11 años vio el génesis que originó del éxodo de la familia Iguarán desde Barranca y terminó en Aracataca y eso está en Cien años de soledad, cuando la familia Buendía se tiene que ir y fundar Macondo a raíz de un duelo entre Prudencio Aguilar y José Arcadio Buen día.
“En la vida real fueron el Coronel Márquez y Medardo Pacheco los del conflicto, la ficción se mezcla con la realidad y a veces es la ficción la que nos cuenta la realidad”.
Y entre la realidad y la ficción, compartió que en su familia hay muchos Gabrieles, Nicolás y Luisas, que se ve reflejado en los José Aarcadios y Aurelianos de Cien años de soledad.
“Esa línea de Gabrieles comienza con un tío bisabuelo que se llamaba Gabriel Garrido, Luisa nace por Luisa Mejía Vidal, madre del coronel, Margarita nace por la hija del coronel que había muerto de tifo. La abuela se queda como la reina de la casa y para que venga un forastero a llevársela, esa guerra está plasmada en El amor en los tiempos del cólera”.
El autor señaló que si una historia de la familia le ha dolido, es la de Rita, su madre, porque como muchos de los García Márquez, vive la misma peste de los Buendía, que es la del olvido.
Contó que Margarita al igual que Rebeca comía tierra, que tenía los rencores de Amaranta; que Florentino Ariza era telegrafista como Gabriel Eligio y Fermina Daza tocaba el piano como Luisa Marquez.
En algún momento dijo que no había una sola frase en sus libros que no estuviera sustentada en la realidad.
“El cuento La tercera resignación es sobre un niño que nace muerto y sigue creciendo, la madre lo mete en un cajón de algodones... Jaime García Márquez, hermano de Gabo, fue seismesino, nació en el año 40 en Sucre, donde los servicios hospitalarios eran casi nulos y mi abuela para salvarlo se sacaba leche y se la daba con algodones como si fuera una gotera y para darle calor lo metió en una caja de zapatos llena de algodones y a medida que iba creciendo iba sacando los algodones”.
“Gabo hace ficción y la realidad esa es la clave de cómo crea a sus personajes y el ambiente de sus historias”.
