La sociedad apantallada

Paúl Chávez
01 agosto 2026

¿Por qué el estar bien informados, incluso el tomar conciencia, no son suficientes para lograr el cambio ni el país que deseas?

Juan acaba de recibir una noticia extraordinaria en su celular. Mientras la reenvía a todos oye un chirrido de llantas; unos tipos armados acaban de despojarle su auto a una vecina dejándola temblorosa con sus 3 pequeños. Mientras, en su ciudad siguen cerrando negocios, aumenta el cobro de piso y las desapariciones. Juan siente que hace algo bueno reenviando y comentando los mensajes. Pero la realidad circundante ni siquiera se enteró.

Hay que hacernos una pregunta

¿Reenviar mensajes, hacer sesudos diagnósticos de café, estar muy enterados de lo que pasa, cambian las cosas o solo nos hacen sentir que participamos? En muchas ciudades nos hemos reenviado demasiados mensajes y las cosas empeoran. ¿Entonces por qué repetimos esa conducta?

Obedece a un mecanismo psicológico. Reenviar mensajes da la sensación de contribuir al cambio, de ser buenos ciudadanos, de despertar conciencias, de desahogo, de que alguien lo resolverá... pero nadie lo resuelve.

Ten en cuenta

Que compartirlo no sustituye tu compromiso. Saberlo no sustituye que te organices. Ni la indignación sustituye que te muevas. No estamos informándonos: estamos consumiendo indignación. Ésta termina siendo un molesto entretenimiento político.

La pasividad del Siglo XXI

Este siglo se disfraza de información, de preocupación y de actividad en redes. Por eso es tan difícil reconocerla. El mundo virtual nos confunde con lo real. Nunca fue tan fácil sentir que contribuimos sin cambiar nada.

Las pantallas del celular no cambian la realidad: apantallan tu mente. Y desde ahí no podemos producir el cambio deseado. Los cambios empiezan cuando sueltas el celular, de lo contrario te atrapa como un pulpo sin que te des cuenta.

¿Despertar conciencias?

Ayuda mucho, un dormido no se mueve. Pero despertar no es suficiente. Cada vez veo más gente que ha tomado conciencia y sigue igual.

Confundir el estar conscientes con tomar acción es uno de los autoengaños más sofisticados de nuestra época. Nada suple a la acción.

El mayor autoengaño de nuestra época no es creer noticias falsas; es creer que compartirlas equivale a participar.

Organízate

Organizarse es como sembrar un árbol. Produce poco entusiasmo al principio, pero cambia el paisaje. La acción organizada crea historia. Y es justo lo que urge. Es preferible un bosque fresco a la desolación.

El músculo ciudadano sólo crece cuando rompe su apatía y retoma esa responsabilidad que había declinado. Solo reaccionamos cuando hay problemas por corto tiempo exigiéndoles a otros que lo resuelvan.

¿Y qué hacemos con el miedo?

Varios de nuestros lectores me comentan que denunciar algo públicamente es peligroso. Cierto. Las diatribas no resuelven los problemas: los empeoran.

Pero seamos honestos ¿Qué es lo que realmente esperas: buscar las soluciones o que venga alguien a resolverlas?

Cada quien sabe dónde le aprieta más el zapato. Empieza TÚ a buscar las soluciones en tu comunidad. Eso implica salir del egoísmo, oír a los demás, sentir sus penas. Aliviar sus cargas. Sumar.

¿Dónde están los líderes?

Muchos siguen esperando que vengan líderes que les digan qué tienen que hacer. Aplauden a los arrojados, pero en las dificultades los dejan solos y si les pasa algo dan a entender que “se lo ganó”. Así, quién se anima. No faltan líderes: nos falta más solidaridad y empatía entre nosotros.

¿Y qué hacemos con la pasividad?

Muchos ciudadanos no han renunciado a cambiar las cosas: al parecer han renunciado a ser parte de quienes las cambian.

Entendámoslo, la realidad no cambia porque millones sepan lo mismo; cambia cuando suficientes personas hacen algo con lo que ya saben.

La pasividad mental es una de las raíces del desorden político, cada sexenio esperamos un mesías que venga a resolvernos los problemas. Todo desorden político necesita una pasividad mental que lo tolere.

Esa pasividad es como la cizaña, esta crece porque nadie la cortó a tiempo, antes de que asfixiara la democracia.

Denunciar un problema externo, revela un mecanismo psicológico invisible. Cada denuncia revela algo más profundo: la facilidad con que confundimos estar informados con estar comprometidos.

La pregunta de la sobremesa

No necesitamos tantos mensajes. Necesitamos convertir los mensajes en encuentros; el encuentro en organización... y la organización en acción.

La historia cambia cuando muchos deciden actuar juntos.

Para los tomadores de decisiones, para el ama de casa, para todo aquel que comparta esta columna, pregúntate algo mucho más incómodo:

¿Qué voy a hacer yo, con los míos y con mis vecinos, para cambiar esta realidad?

Porque el cambio comienza exactamente en el punto donde termina el reenvío.