Le jeune homme et la mort

Paúl Chávez
03 octubre 2021

Muy pocas escenas iniciales del cine me han impactado tanto como esta. ¿Por qué? Es una cita inusual donde convergen las bellas artes, el pensamiento y el talento. La suma impacta más que la exposición de un solo arte por la sinergia que producen. La cinematografía es la causante de esta feliz cita.

La danza nos conduce como las hojas de un libro a la historia haciéndola dinámica; la coreografía nos mete en el tema, los movimientos corporales deleitan, sorprenden y nos suspenden; los claroscuros de la fotografía le añaden misterio; la soledad, la angustia y el vacío del personaje, imposible no sentirlas.

El drama se acentúa con la aparición de la dama de amarillo entrando majestuosa, provocativa, él se siente aliviado: su salvación; ella lo sabe, lo seduce y lo consuela, pero lo maltrata y su desolación aumenta por su desconcierto. Ella domina la escena, él le suplica, no tiene ánimo para seguir.

Y lo abandona. Pero le ha dado la estocada final a su alma envenenada por el nihilismo de su vida. Le señala el patíbulo... el escape.

Ahora ella aparece de blanco, la elegancia con que se quita la máscara le hace tomar conciencia de donde se encuentra al ponérsela... descendió al ínferos y flota con ella en el éter danzando por los techos de Montmartre.

El talento

Es la obertura de la película “White Nights”, 1985. Sin duda la dirección de Taylor Hackford con su cámara nos mete más en la escena que estando sentados en el teatro. Mikhail Baryshnikov y la danzante son soberbios, inmortales. La coreografía de Roland Petit provoca la magia. La obra es un remake, superior al de Nureyev y a otros que he visto en mi opinión.

El fondo

¿La historia? de Jean Cocteau, el ministro de cultura francés y literato, él mismo dibujó la escenografía. ¿La música? Del genial Bach con su Passacaglia y Fuga in Do Menor, BWV 582, arreglada por Leopold Stokowky quizás. El contínuo tema de dos notas, un obstinato sirve de soporte a todo el ballet, sus crescendos le añaden intensidad y dramatismo, las 2 notas se repiten como los pensamientos obsesivos del escultor solitario; el tono Do Menor sombrío, le añade gravedad a la historia.

¿Qué fue lo primero que pensé al verla?

La enorme influencia del Existencialismo, el sentido del absurdo de Jean Paul Sartre con su “L´être et le néant” (El Ser y la Nada) de moda en la mitad del Siglo 20 especialmente en la juventud parisina. Europa había surgido apenas de dos guerras tremendas y seguidas. Era comprensible ese pensamiento entonces, permeó en la cultura por las obras de teatro de Sartre.

Pero llevar la filosofía al ballet, basada en una historia, destacarla con la escenografía, con una impactante coreografía, la bellísima plasticidad de los danzantes, con la música de fondo y bajo el lente del director: ¡una genialidad! Un mérito al cine de arte. ¡Qué manera de hacer sinergia!

*Muy recomendable para pantalla y bocinas de alta fidelidad. En el celular no se aprecia.