Los gastalones

Octavio Robledo
20 junio 2026

Es común ver a gente que gasta más de lo que son sus ingresos, estas personas tienen un trasfondo psicológico, en el fondo suele haber miedo, inseguridad o necesidad de validación, más que simple falta de sentido común, son llamados los “gastalones”, no sólo no son aceptados socialmente, ellos en su interior saben que algo no está bien, pero no se atreven a parar y atenderse con un capacitado psicólogo.

Cuidado con esas compras que no se pueden sostener, vivir como si el problema fuera temporal, aparentar lo que no se es, normalizar el desorden financiero, que el dinero sea como regulador emocional, y negarse a aceptar límites, negar a ver su realidad económica, darle total importancia a la aceptación social.

Psicológicamente, la gente que no se ubica en su realidad económica puede hacerlo por varias razones, y no siempre es una simple irresponsabilidad.

1. Negación, aceptar la propia situación económica puede generar ansiedad, vergüenza o sensación de fracaso. Negarlo funciona como un mecanismo de defensa para proteger la autoestima.

2. Comparación social, las personas se comparan constantemente con su entorno o con lo que ven en redes sociales. Esto puede crear una ilusión de “normalidad” basada en apariencias, no en la realidad financiera.

3. Búsqueda de estatus e identidad, para algunos, el consumo es una forma de sentirse valiosos, exitosos o aceptados. Gastar más de lo que se puede se convierte en una manera de sostener una identidad deseada.

4. Optimismo irreal o pensamiento mágico, creer “que más adelante se arreglará” o que el dinero aparecerá de alguna forma, minimizando riesgos y consecuencias reales.

5. Falta de educación financiera. No es solo no saber administrar dinero, sino no conectar emocionalmente con las consecuencias futuras del gasto, porque efectivamente las abra.

6. Impulsividad y regulación emocional. El gasto puede funcionar como alivio emocional frente al estrés, la tristeza o la frustración, incluso sabiendo que no es conveniente.

7. Presión social y familiar. A veces el entorno refuerza la idea de que “hay que aparentar” o cumplir ciertos estándares, aunque no sean sostenibles.

Debemos de entender que no es falta de inteligencia, es una mezcla de emociones no resueltas, presión social y mecanismos de defensa, en una buena terapia psicológica o con un especialista en bienestar será aprender a tomar conciencia sin culpa, es ver la realidad sin castigarse, recordemos que la culpa paraliza, la conciencia permite cambios.

Y después, identificar qué emoción está detrás del gasto, puede ser ansiedad, soledad, necesidad de reconocimiento o frustración. Se debe de trabajar con la autoestima, aceptar límites sin verlos como fracaso, es muy importante la educación financiera en conjunto con el aspecto emocional.

En resumen, estas conductas nacen de emociones no resueltas, no de maldad, ni ignorancia, pero estas personas solo cambian cuando se hacen responsables de su forma de gastar su dinero.