Memorias de una rondallera
"Tres rondallas de la UAS participarán el próximo domingo en concurso nacional, en Puebla"
CULIACÁN._ Saber cuándo empieza un viaje es fácil. Lo difícil es saber cuándo termina.
Una vez me preguntaron qué se sentía concursar, estar arriba del escenario tocando con la rondalla delante de tanta gente. Para una rondalla, la emoción de asistir a un concurso empieza mucho antes: el desorden, el palpitar, los nervios y todas esas sensaciones comienzan en el momento previo a subir al autobús... Ya has preparado las maletas, el portatrajes está organizado
con los zapatos boleados (esto depende del rondallero, no todos son tan pulcros), unos cuantas botanitas para el camino nunca están de más; la guitarra, compañera inseparable de los integrantes de una rondalla y, ¡claro!, el contrabajo, ese armatoste tan pesado y enorme que jamás hay lugar dónde colocarlo.
El viaje en el camión es siempre tranquilo después de los nervios iniciales, pues sabemos que al llegar a nuestro destino esa paz se acabará. La rondalla cuenta con una líder que no descansa ni los domingos (teniendo en cuenta que la final de los concursos siempre es en domingo). Así que cuando se pone el último día, desde que amanece y despertamos (los que logramos dormir), mucho antes de subirnos al escenario comienzan los nervios, el estrés, el comerse las uñas aun cuando esto signifique que a la hora de tocar la guitarra duelan los dedos. Incluso el maquillaje nos queda chueco de tanto temblor, y ponernos las medias resulta peligroso si no contamos con otro par.
Al llegar al auditorio, momentos antes de tocar punto en el backstage, prácticamente se va caminando por una pasarela en cámara lenta. Los rondalleros locales y foráneos nos reconocen, saben que representamos a Sinaloa, a la UAS; y a nosotros la energía de esos ojos curiosos, pero amables (no todos precisamente), nos llena de una emoción diferente a la de horas antes.
Qué importa si mi delineador se enchuecó, o si mis dedos se congelaron. Sabemos lo que haremos en el escenario y también sabemos que lo vamos a hacer bien. La Rondalla Juvenil (nuestros "herederos") nos esperan antes de entrar y reparten abrazos revitalizadores, nos dicen que todo saldrá bien, que gritarán desde el público, aunque por la oscuridad no los veamos. Antes de irse, el profe "Toño" nos felicita con voz dura (escondiendo en ella una lágrima que fingimos no ver). Y cuando dejan de estar a un lado nuestro, percibimos cierta orfandad (a pesar de ser 19 integrantes y nuestra mentora).
La directora, antes de irse, nos abraza y nos recuerda que ella también estará en el público y que, con o sin el premio, ya ganamos; nosotros le creemos. Cada tribu tiene un ritual: el nuestro, antes de entrar a cantar y tocar, es intercambiar un objeto personal: un arete, reloj, pulsera, etc. (espero que contarlo no cause mal). Y siempre nos da buena suerte.
Mencionan nuestro nombre: La Rondalla de la Universidad Autónoma de Sinaloa. La Rondalla Universitaria Voces y Cuerdas del Mañana. Y comenzamos la marcha de soldado: derecho, izquierdo, izquierdo (¿o era derecho?) Por alguna razón siempre quedo en orilla y siempre me pregunto: ¿cómo terminé aquí? Pero entonces el bajista o la requintista dan la cuenta de entrada y recuerdo a qué fui. Nos gusta estar allí, nos vemos los rostros y las manos (esto último para no equivocarnos de canción o de tono), nos movemos y hasta parece que bailamos. Al terminar se escuchan gritos y, al final, sabemos, aunque no ganemos, que lo hemos logrado. Pisamos la escalera para bajar del escenario y seguimos invencibles. Siempre es un gusto ver a nuestros niños, que ya no son tan niños, esperándonos al pie, junto con su director (nuestro guía espiritual y mano firme) para llenarnos de besos
y abrazos que reconfortan. Nos sentamos a ver a las demás agrupaciones competir, hasta que por fin llega el momento de las premiaciones... Comenzamos con los sudores extraños y anormales en climas de menos 2 grados centígrados, nos tomamos de las manos y, como si fuera tortura, el maestro de ceremonia da a conocer desde el octavo lugar hasta el primero. Ahí empezamos a dudar, pensamos que tal vez no somos tan invencibles. Y justo cuando empiezan a aparecer lágrimas de derrotados, anuncian el primer lugar: ¡ganamos!
Jamás sabemos para dónde correr, si en círculo o en línea recta, en lo que nuestra directora va por los premios. Siempre es demasiada la emoción en el cuerpo. ¿Cómo sacarla? Pues fácil: lloramos, siempre lloramos. Durante el regreso, en el camión se va en completo silencio. Es normal. Por lo regular traemos Drammamine (por aquello de los mareos), pero podría asegurar que es
por los bien logrados premios, por el esfuerzo de ensayos y desvelos. Al despertar, horas antes de llegar a Culiacán, todos nos vamos a la parte de atrás del camión y platicamos, recordamos los detalles de cómo fue el concurso. Y escuchando esas pláticas,
a veces con música de guitarra que alguien toca por allí, me doy cuenta que fue, es y será siempre un gusto haber sido parte de esta agrupación.
Corrección: de esta familia. Y me siento orgullosa de ser una integrante más de la Rondalla Voces y Cuerdas del Mañana.
EN PUEBLA
El Concurso Nacional de Rondallas se llevará a cabo en Puebla, el 8 de diciembre, donde participarán en representación de la UAS, tres agrupaciones: la Rondalla Infantil, bajo la dirección de Mario Robles Quintero; la Rondalla Juvenil, a cargo de David Antonio Uribe Padilla, y la Rondalla Universitaria, con la dirección de María de Jesús Rendón Ibarra.
*La autora es integrante la Rondalla Voces y Cuerdas del Mañana.