Oda...

María Julia Hidalgo
03 septiembre 2021

Dicen que leer, invitar a la lectura, escribir y enseñar, son de las cosas que él más disfruta. Yo diría que también viajar es uno de sus placeres. Y justo en uno de esos viajes, hace muchos años, echó a andar en Tijuana la primera sala de lectura que existió en el País.

Para él, las historias no se inventan, se encuentran. Porque un escritor sólo escribe de lo que ha vivido, de sus lecturas, sus experiencias, del mundo que lo conforma. Y como la poesía es para él la forma más alta de usar un idioma, hace meses que comparte, con un sin número de seguidores, algo que ha titulado: “Un poema al día, para que quienes puedan se lo pongan encima y lo atesoren en la memoria”.

Antes de la medianoche, uno escucha el sonido del celular y ya sabemos que llegó la entrega necesaria para acompañar los sueños, para iniciar el día.

Un viajero incansable que nació en Guadalajara, creció en Torreón y dio sus primeros pasos en el DF, como augurando que recorrería entre letras casi todos los rincones del país y otros lugares del mundo. Yo lo escuchaba en el diplomado Aprender a leer, en la UNAM, dentro del ciclo Grandes Maestros, ante una sala llena y una trasmisión en vivo a distintos lugares del mundo, y al día siguiente, puntual como siempre, 8:30 de la mañana, ya estaba con sus alumnos del CEPE, donde ha enseñado desde 1975, donde ha compartido con los estudiantes los secretos de su oficio.

Un maestro, escritor, editor, traductor que ha trabajado en tantas instituciones, que ha formado parte de tantos jurados, que ha ganado el Premio Villaurrutia, que ha prologado cantidad de libros, colaborado en diversos medios, presenciado tan notables discursos, presentado incontables autores... pero lo que más destaco de su noble quehacer es su deseo de contagiar el gusto por la lectura y la escritura.

Después de escucharlo querrás leer las aventuras de Don Quijote y Sancho Panza; luego de leer su traducción de Las aventuras de Pinoccio sabrás más de Carlo Collodi; al conocer los secretos de Conjuros, querrás hacer el propio. Todo podrás comprenderlo luego de saber cómo los sentaba su abuela, a su alrededor, a él y a sus primos para contarles fantásticas historias.

Luego de inundarte de su mundo querrás salir y encontrar ese libro que espera por ti, y luego de iniciar querrás no parar y luego de eso solo querrás escribir, porque te darás cuenta de que escribir es tan importante como leer.

Y el día menos pensado estarás sentada en una mesa, con otros apasionados como tú, con él en el centro celebrando el día Internacional del libro. Ese día menos pensado sabrás que ya no eres parte de esa estadística de alfabetizados. Sabrás que has dado un paso para dejar de ser un lector utilitario, ese que sólo lee para estar informado, para responder un exemen, para conseguir un empleo, para seguir una instrucción. Sabrás que gracias a personajes como Felipe Garrido has descubierto esas lecturas que van dirigidas no sólo al intelecto, a la memoria, a la imaginación sino a estratos más profundos que tocan los afectos, los instintos y la intuición. Porque habrás aprendido que El buen lector se hace, no nace -uno de sus tantos títulos-.

Muchas gracias, querido maestro Garrido por su camino y por toda su inspiración.

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