Por Dios que borracho vengo, doña María Luisa

Julio Bernal
09 noviembre 2015

"Por Dios que borracho vengo, doña María Luisa"

Qué ingenua se dejó ver María Luisa Miranda, directora del Instituto Sinaloense de Cultura, al anunciar el concurso para escribir un himno a Sinaloa mediante el cual, según la mentalidad oficial, será posible contribuir en la restauración de la imagen negativa que se tiene del estado.
Pienso en el Himno Nacional Mexicano y exploto en carcajadas, juas, juas, juas. Este Himno, doña María Luisa, no sólo nos arropa en términos de identidad, sino que también nos dibuja, nos ofrece bélicos, siempre al grito de guerra. En otras palabras, se convoca a componer un himno que a la vez contrarreste al Nacional. Que alguien me explique.
Pero también se desdeña a El Sinaloense, la magnífica pieza de Severiano Briseño que desde los años 40 nos adorna. ¿Qué está medio alcohólica la canción? Pues sí, qué le vamos a hacer, puesto que don Severiano estaba pasado de copas cuando en 1943, de visita en Sinaloa y en plena borrachera, un grupo de los nuestros le reclamó que por qué, oye, qué te pasa, ¿cuándo le vas a componer un corrido a Sinaloa? Ya era popular el compositor, autor de temas como Caminito de Contreras, que hizo famosa la inolvidable Lucha Reyes.
Por Dios que borracho vengo a la tecla, doña María Luisa, parafraseando a El Sinaloense, porque justo acabo de leer en la página web del Consejo Nacional para la Cultura y las Artes que fue en 1944 cuando la canción de Severiano Briseño se estrenó en la ciudad de Guadalajara y que el mitote de la nueva composición se hizo más grande, luego de que el Trío Tariácuri la cantara en La Hora Nacional.
Y por mis muertos más frescos le juro que en esa misma página puede leerse que cuando la Banda El Recodo la metió en su repertorio, la pieza se convirtió en "el himno de Sinaloa". No lo digo yo, lo dice el Consejo Nacional para la Cultura y las Artes. Insisto de nuevo: que alguien me explique.
Según lo anunciado, un jurado incólume va a revisar con celo cada pieza que se envíe a concurso, tomando en cuenta originalidad, creatividad, estructura y CONTENIDO. Y lo pongo así, con mayúsculas, porque supongo que sólo va a permitirse por ejemplo que se hable de tomatitos rojos y redonditos, del ceviche de camarón, de las playas, los verdes valles y de la madre que lo parió. Nada de acentos bélicos, nada de que sinaloenses al grito de guerra y córrele porque te pego. Todo tiene que ser celestial, lindo, lindo, lindo.
Dice doña María Luisa que en el contenido del himno habrá que resaltar el pasado histórico como antecedente del porvenir. Y yo me estremezco, me da frío, porque entonces el asunto se pone escabroso tan sólo de imaginar en qué punto de nuestro pasado va a detenerse el mejor iluminado por la musa de la composición. Pasa que el boom de la economía sinaloense, históricamente hablando, se sitúa en la década de los 40, cuando se ensanchó el paisaje verde de la agricultura con la apertura de la presa Sanalona.
Pero en los 40 había machetazos y muertos de bala al amanecer, en los 40 la zona de tolerancia se ubicaba a 5 cuadras de la Catedral, en los 40 empezó a hacerse famosa la colonia Tierra Blanca con los primeros narcotraficantes, en los 40 se hizo más clara la división del Sinaloa de Ustedes los pobres y Ustedes los ricos. Fue la edad de oro de México. Fue la edad de oro de Sinaloa. ¿Estará allí ese algo que perdimos en algún momento, como usted dice, doña María Luisa? Yo no me atrevo a asegurarlo. Que alguien me explique. Y punto.

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