Replantea tu estrategia creativamente
El año 2027 puede ser el inicio del México que muchos quieren, o el de la consolidación y perpetuación de un régimen dividido, que manejan unos cuantos.
En esta temporada los empresarios están definiendo sus estrategias y sus presupuestos, pero hacerlo con el espejo retrovisor acostumbrado –basándose en las proyecciones del pasado- ya no funciona, ni responde a los tiempos disruptivos que tenemos.
Los nuevos tiempos requieren nuevas formas. Tampoco funciona definir la estrategia basándose solo en la planeación formal, ahora se requiere de mucha creatividad, intuición y audacia. Esto implica romper moldes en su elaboración y el apoyo de consultores externos para evitar los sesgos en la toma de decisiones. El que está fuera de la pecera ve cosas que los de adentro no ven y ni siquiera se imaginan.
Pero la estrategia es el inicio, no sirve si el empresario no cambia su forma de dirigir y de trabajar con sus colaboradores directos. El éxito de la estrategia no es solo tenerla muy clara y simple, sino irla implementando ordenadamente ante las urgencias inevitables. Éstas ponen a prueba una buena estrategia: las que ayudan a ver oportunidades en las crisis.
Si la oposición gana el congreso ya no legislarán por la libre; si no, se avecinan una serie de regulaciones y se endurecerán las reglas del juego y la macroeconomía pegará más en el bolsillo.
El factor seguridad.
Si el régimen se consolida la seguridad representará un creciente gasto adicional, dolores de cabeza y el cierre de más negocios, sembradíos y granjas diversas por la extorsión creciente y el éxodo, además del cierre masivo de negocios y el desempleo en las zonas de guerra.
El crimen se ha integrado más como un pulpo abarcando más negocios. Desenredarlo será una tarea titánica.
La cuestión de fondo política es hasta donde seguirán los abrazos y hasta donde los balazos. Es un hecho que mermaron a las policías y el ejército solo los contiene. En las elecciones las narco alianzas afianzan sus dominios e imponen candidatos. Por otro lado, sus capturas son presionadas desde Washington.
El factor miedo ayuda a entender la duración de las guerras, no es un accidente: somete a la gente y carga los dados electoralmente.
Las medianas y pequeñas empresas son y serán las más golpeadas. Al carecer de reservas, enfrentan una pinza: absorben alzas en rentas, servicios y salarios mínimos, pero no pueden subir sus precios a sus clientes de golpe porque matan su demanda.
Dependen que el flujo de efectivo diario en su zona no decaiga.
Las empresas que venden servicios suben más los precios porque no pueden soportar sus costos: los restaurantes, médicos, profesionales, técnicos, ven reducidas sus ventas porque la gente espacia sus visitas y servicios.
Las grandes empresas: Resisten mejor gracias a sus economías de escala y proveedores globales, pero resienten la desaceleración del consumo masivo y la volatilidad de los costos energéticos y de materias primas.
Ante la presión en costos reducen el tamaño, el gramaje y cambian los ingredientes para mantener los precios accesibles. Hay guerra de precios y descuentos permanentes y meses sin intereses para no perder clientes. El kilo y lo natural empiezan a ser historia en los alimentos.
Pérdida de poder de compra real: Los hogares ajustan su consumo, compran menos y buscan ofertas y marcas más baratas.
Los supermercados baratos, las farmacias, servicios, consultorios, resisten bien y crecen; son los grandes ganadores del consumo popular. Aunque haya inflación la compra de despensa básica no para.
El hecho: con un crecimiento del PIB casi estancado, el país sigue gastando más de lo que ingresa, y se endeuda más para pagar las jubilaciones y las tarjetas de bienestar -cuya base sigue creciendo- y para subsidiar a Pemex y a las empresas que maneja el ejército.
Ante esto, los pronósticos oficiales de Hacienda chocan con la realidad financiera de largo plazo. Las calificadoras, entre ellas Moody's lo pusieron a un escalón de la categoría de bono basura y el FMI proyecta que la deuda pública consolidada pasaría el semáforo rojo del 60% del PIB.
Significa 3 cosas directas para tu bolsillo y los negocios: 1. Dinero más caro, 2. Menos servicios públicos: El gobierno se ahoga pagando intereses de sus deudas y recorta el gasto en carreteras, mantenimiento, salud y seguridad, y 3. Pérdida de confianza: lo que encarece el dólar y la importación de productos y gasolina.
El choque de dos lógicas. La política: al gobierno no le importa gastar más para seguir pagando las pensiones y regalando tarjetas y así conseguir votos y perpetuarse en el poder; y la Económica: invertir y gastar racionalmente para fomentar la riqueza y el bien común.
Por lo pronto le ayuda tener buenas reservas en dólares, el control de Banxico y las remesas. Pero llega un momento en que si abusa de lo económico el gobierno truena.
¿Quién crees que paga esa diferencia? Piensa en tu estrategia.