Resurgir-resucitar
Algún lugar perdido en el devenir del tiempo, un distante sitio con tintes de un paraíso, en el recuerdo, retorna una nostálgica belleza, la memoria recupera un pasado ya lejano, un perdido lugar que parecía difícil de volver a encontrar.
El inexorable paso del tiempo convierte el pasado en una realidad ya distante, alejándose paulatinamente ante la novedad del ahora.
Cual estela de un tiempo que ya no es, pero que sigue existiendo en los registros de la memoria, donde hiere la renovación del recuerdo, reviviendo el pasado de una vida que fue, pero aún sigue siendo.
El accidental reencuentro con el lugar perdido reaviva la imagen, renueva momentos que parecían sepultados con el paso de los años, pero la evidencia revela que siguen estando ahí.
El antiguo edén vuelve a ser encontrado, con notorios cambios, pero ahí está, los lejanos tiempos reviven el sentimiento revelando huellas del pasado, como cicatrices dejadas desde algún lugar del tiempo.
La gravedad de un error desordena y entorpece y siendo causante de consecuencias, dolorosas, con un deterioro progresivo. Cada vez hay más alejados, temerosos de las consecuencias. Solo los audaces son capaces de una entrega y generosidad, de buscar la mejora, renovando el ambiente de sus consecuencias nefastas, aunque eso será un reto porque implicara enfrentar intereses, eso solo lo podrá ser un héroe o mejor aún, un santo.
Tocar fondo con los del fondo, hacerse un con ellos en su miseria, es una gesta, toda una epopeya, superando la elocuencia del discurso sobre una romántica piedad, que huye del amor comprometido hacia el hermano, buscando consolarse con practicas devocionales para satisfacer el ego personal, pero sin ningún compromiso con el prójimo.
La labor de creer en lo que otros, tal vez, ya han dejado de creer es el inicio del camino del ideal, vislumbrando un mundo que ya no es o quizá hace mucho que no ha sido y a pesar de ello atreverse a soñar, aun cuando la burlesca risa de la obediencia servil exprese lo contrario.
Resurgir de las cenizas de la miseria, restaurando una imagen ya perdida y olvidada, es el camino de una nueva vida, sin importar un turbio pasado. Esa fue la obra del Aquel, quien aun en el suplicio supremo supo rescatar a alguien que en su vida se había desviado por los caminos de la delincuencia y a pesar de ello le ofrece la entrada a una vida nueva.
¡Jesús resucitó y resucitó de veras, para que tengamos vida y la tengamos en abundancia!