Sal de la tierra

Presbítero Amador Campos Serrano
23 junio 2026

Sonrisa sincera, sin pretensión de afectación, inspiradora de seguridad y confianza, desde su moderada lejanía es el no-sé-qué motivante en la ardua labor.

Entrega generosa a un quijotesco ideal, no importa la recompensa, la vista solo contempla los frutos, que alguien algún día habrá de cosechar

El mundo sigue su curso, de manera inexorable, en un devenir inmemorial, hombres y mujeres han marcado su huella, perdida en un horizonte sin límites. Una lucha continua por una sociedad sin injusticias, superando las tendenciosas inclinaciones de la humana naturaleza, buscando, más allá de la violencia, instaurar un lugar en donde todos podamos convivir.

La dureza de la roca empieza a ceder ante el golpeteo incesante, el camino queda marcado en la repetitiva constancia de una ilusión, nunca olvidada por el vivir cotidiano, en etapas y tiempos diferentes.

El sabor de la vida se impregna de sus mismas experiencias, dentro de ellas, impreso queda en principios y valores que impulsan el personal actuar, dirigiendo el sentido de cada acto.

Jesús, Dios-Hombre, es el modelo cristiano, presente debe estar en el ser y actuar de sus seguidores, haciendo vida, la misma vida del divino maestro, hasta llegar a sentir como Él mismo debió sentir.

“Ustedes son la sal de la tierra”, la figura alusiva se extiende a todos aquellos, los cuales en alguna responsabilidad encabezan un movimiento o cargo comunitario por pequeño que sea. Una invitación a no hacer señalamientos, proclamando normas de comportamiento, las cuales no son cumplidas por quien las emite, es una invitación a conducir conduciendo, para, solo así, aspirar a tener un día con el ideal de un mundo mejor.

“Sí la sal se vuelve insípida, solo sirve para que la pisotee la gente”: El doble discurso, la incongruencia de vida, modelos de una supuesta “astucia”, donde el chantaje y la corrupta complicidad contaminan la convivencia. Es la clara alusión del maestro a una forma de conducta congruente entre el pensar y el actuar; entre fe y vida.

“Una fe sin obras está muerta”, porque, “las palabras mueven, pero el ejemplo arrastra”. No basta con decir; “hagan lo que yo digo”, es necesario encabezar el ejemplo, para que; “Viendo sus buenas obras den gloria al Padre que está en los cielos”.

La caridad de Dios en el prójimo en una entrega generosa, sentir con quien esa a mi lado, olvidándome de mi, el modelo dejado por Jesús quién vino a este mundo no a ser servido sino a servir, esa deberá ser la sal impregnadora de las estructuras de este mundo, haciendo, así, realidad el Reino de Dios entre nosotros.