San Marcos: 'aquí está enterrado mi ombligo'

Héctor Guardado
06 noviembre 2015

"En una selva cercana a un río, llena de lagunas, huanacaxtles y palos de Brasil, hace más de 200 años se fundó el pueblo de San Marcos"

"Cómo no me voy a poner triste porque se va a inundar San Marcos y todos los pueblos que conozco como la palma de mi mano desde hace 90 años", lamenta Irineo Lizárraga Sánchez, sentado en la casa que fue de su bisabuelo y en la que ha vivido durante casi un siglo.
"Aquí está enterrado mi ombligo, el de todos mis hijos, el de mis padres, abuelos y bisabuelos".
San Marcos, donde vive Irineo, así como Puerta de San Marcos, Las Iguanas, Casas Viejas, El Placer y Los Copales, dentro de pocos meses serán historia, pues debido al proyecto de la Presa Picachos, sus tierras quedarán cubiertas de agua de por vida.
La dignidad y la cordialidad de un caballero del Siglo 20 lo distinguen. A él le da gusto que los extraños lleguen a preguntarle por la historia del pueblo que tanto ama y gustoso la cuenta en la fresca sala de techos de teja y de vigas de amapa.
Dice que la de San Marcos es una historia muy larga, por lo que anuncia que va a empezar por el principio, que es cuando llegaron los fundadores, un par de criollos que vivían río abajo hace más de 200 años.
Se sienta a desgranar recuerdos de su memoria privilegiada, que va bordando la historia de un pueblo que va a desaparecer. Se esfuerza porque quede una huella de sus querencias y de la de decenas de personas que habitan la región que el agua de la Presa Picachos va a cubrir.
Las historias de don Irineo se remontan a cuando los indígenas vivían en esa región. Una tierra rica abonada por la materia orgánica que arrastra la creciente del Río Presidio, rodeada de colinas y pequeñas vegas y veranos, superficies planas en donde tienen sus parcelas los campesinos, lo que siembren se da con abundancia, sobre todo maíz, frijol y el milo, que se usa como pastura para las vacas.
Los pueblos que van a desaparecer (Puerta de San Marcos, San Marcos, Las Iguanas, Casas Viejas, El Placer y Los Copales) pertenecen a ese grupo de comunidades indígenas que se establecieron desde antes de la llegada de los españoles en los terrenos planos a las orillas de los ríos de todo Sinaloa.

Dos criollos: Marcos y Juan
"Al principio esta era una selva llena de lagunas, huanacaxtles, ceibas, palo de Brasil y capomos. Dos criollos fueron los que empezaron a desplazar a los indígenas que vivían aquí. Se llamaban Marcos y Juan, vivían río abajo. Traían su ganado a este rincón porque era rico en capomos, esa planta les gusta mucho a las vacas y a los venados", narra Irineo.
La puerta de este rincón, que era utilizado para que se alimentaran las vacas, estaba en donde construyen la cortina de la presa, la cerraban con palos y cercos y la utilizaban para tener controlados a los animales que metían a esta extensa región.
"Se dieron cuenta de la riqueza de la tierra y decidieron venirse a vivir aquí, primero se instalaron en lo que hoy es la Puerta de San Marcos y después, como el terreno es tan bueno para criar ganado y sembrar, formaron el pueblo de San Marcos".
Menciona que el nombre del pueblo se le puso en honor de Marcos, uno de los dos hermanos criollos que llegaron a esas tierras y que cerca de ahí está otro pueblo que se llama Juantillos.
"Le pusieron así por el nombre del segundo hermano, que se llamaba Juan. Después salió natural que el patrono del pueblo fuera San Marcos, pero fue hasta 1906 que un señor muy adinerado de La Noria, Cosme Rivera, aportó muchos fondos para terminar la construcción del templo que fue construido por todo el pueblo".

El mejor piloncillo de la región
Irineo afirma que el piloncillo de San Marcos era el más famoso del sur de Sinaloa.
"Estas tierras y este clima son especiales para la caña de azúcar, por eso es que aquí se fabricaba el mejor piloncillo del sur de Sinaloa, surtíamos a Mazatlán, a los minerales de Guadalupe de los Reyes, a Pánuco, a Cerro Verde, a Ventanas y a todos los pueblos cercanos".
Cuando dejaron de ir los poquiteros y empezó fuerte la competencia con los ingenios de Nayarit y El Roble, él se iba con un atajo de ocho mulas a vender el mejor piloncillo del que se tenga memoria a La Palma, Puerta de Canoas, Los Añiles, San Pablo, El Recreo, El Verde Camacho y Mármol.
"También iba a El Quemado, El Quelite y si me quedaba algo de mercancía agarraba el camino para La Mora Escarbada, El Carrizal, El Varal, Las Tinajas, Las Chicuras, La Sábila, Tierras Blancas y finalizaba en el Limón de los Peraza".

Las fiestas
A Irineo le brillan sus ojos claros cuando recuerda el gozo que vivió en las fiestas del pueblo.
"Había música, baile y mucha comida. En este pueblo celebramos el 25 de abril, que es el Día de San Marcos, la gente bailaba polkas, chotises, también el jarabe y la música de rancho como El niño perdido, las bandas que venían a tocar todas esas piezas eran las mejores del pueblo de El Recodo y de Concordia".
Cuenta que un día muy especial es el de Santa Rosa, que se celebra el 31 de agosto.
"En esa fecha, cuando yo era joven, las señoritas portaban su mejor vestido, tenía que ser de color rosa y como había muchos hombres de a caballo, ese día se engalanaban, ellos y sus monturas, y sacaban a pasear a las muchachas por todo el pueblo, que se llenaba de bellezas que alegraban la vista y el corazón".
En 1963, Irineo fue electo representante del pueblo de San Marcos. Gracias a sus gestiones, la comunidad tuvo luz eléctrica, se construyó la escuela primaria y consiguió patrocinios para rescatar lo que él llama las bellezas del pueblo: el quiosco y la plazuela.
Ahora, él no quiere pensar en el día que se tenga que ir del pueblo... prefiere callar ante esa pregunta.