‘Sentimientos que dan orgullo’ emociona en la Velada de las Artes

Marisela González
08 febrero 2026

Una noche de raíces, tradición y orgullo sinaloense se vivió en el Teatro Ángela Peralta con el espectáculo donde la música, la danza y la memoria colectiva conquistaron al público

Desde los primeros acordes, el Teatro Ángela Peralta se convirtió en un punto de encuentro entre la nostalgia, la tradición y el orgullo regional para ser escenario de la Velada de las Artes.

Después de la entrega del Premio Mazatlán de Literatura 2026, a la escritora Ana Clavel, el vento cobró vida con el espectáculo “Sentimientos que dan orgullo”, una propuesta escénica que llevó al público por un recorrido musical a través de las raíces del campo, la fortaleza de la mujer, el amor, el dolor y la identidad porteña que define a Sinaloa.

Sobre el escenario, Adán Pérez, Rebeca de Rueda y Sarah Holcombe cautivaron a los asistentes con la potencia de sus voces y su presencia escénica, acompañados por músicos y bailarines que dieron forma a una experiencia integral.

El programa inició con “Nuestra música inicia en el campo y llega a México”, donde sonaron Mi ranchito, Ley del monte y El Pávido Návido, marcando el tono de una noche profundamente arraigada en la tradición mexicana.

La velada continuó con “Y el orgullo, nuestras mujeres y nuestro granero”, en el que resonaron India bonita, Las Isabeles y El Barzón, evocando identidad y fortaleza.

Las emociones más íntimas llegaron con “Letras para el alma”, integrado por Tú lo decidiste, Es demasiado tarde y Tú te acostumbraste.

Posteriormente, el ambiente se transformó con “Y nuestra música se transforma en vals”, donde El Sauce y la Palma, Vals Alejandra y El Quelite se vieron realzados por elegantes pas de deux ejecutados por integrantes de la Compañía de Ballet de Cultura, que deleitaron a los asistentes con sus ejecuciones impecables sobre el escenario.

El reconocimiento internacional de la música mexicana se hizo presente en “Y el mundo reconoce nuestros cantos”, con la interpretación magistral de Cucurrucucú Paloma en voz de Holcombe, mientras que al fondo, sobre la pantalla, se pudo visualizar la imagen de Lola Beltrán, una de las sinaloenses más representativa de México en el mundo..

Para continuar con No volveré, Se me olvidó olvidarte y Paloma Querida.

El público se sumó cantando en el bloque “También de dolor se canta”, con Sufriendo a solas, Échame a mí la culpa y El tiempo que te quede libre.

El orgullo porteño se manifestó con fuerza en “Ay mi Mazatlán”, donde se escucharon las emblemáticas Noches de Mazatlán, Mazatlán y Marineros de Mazatlán.

Uno de los momentos más divertidos y nostálgicos llegó con “El cine y sus recuerdos”, cuando un joven caracterizado como Pedro Infante apareció en escena con la icónica vestimenta de motociclista de A.T.M. ¡A toda máquina!.

En este bloque se interpretaron Nana Pancha, Enamorada, Cien años y Yo no fui, destacando los solos de Javier Aceves en el contrabajo, Esteban Serrano en las percusiones y el maestro Joel Juan Qui en el piano.

Fuera del programa, Adán Pérez sorprendió al público al anunciar una sorpresa, y se dejó escuchar los solos de trompetas, sonidos característicos de la canción El Niño Perdido, un clásico de la tambora sinaloense compuesto por Wenceslao Moreno, inspirado en una historia real ocurrida en Agua Caliente de Gárate, Sinaloa.

La pieza fue ejecutada magistralmente por una Banda de Música, bajo la dirección del maestro Rafael Alcantar.

La noche cerró con gran energía en el bloque “Fin de la fiesta”, donde El Sinaloense y El Corrido de Mazatlán pusieron el broche de oro entre lluvia de confeti y prolongados aplausos, dejando claro que fue una velada llena de identidad, raíces y profundo orgullo sinaloense.

Homenaje póstumo

En la velada se rindió un homenaje póstumo al abogado y notario público Octavio Rivera Fárber, considerado decano del notariado en Mazatlán, quien falleció el pasado diciembre.

Fue fundador del Colegio de Notarios Públicos de Mazatlán, que le tocó presidir. Además, también fue socio de Noroeste y se involucró en las actividades sociales y culturales del puerto.

“Octavio Rivera Fárber fue, ante todo, un constructor del pensamiento. Mazatleco de sepa, su viaje intelectual lo llevó de la UNAM a la luz de París, devolviéndole a su puerto una visión del mundo donde el derecho era una forma de humanismo. Como jurista y notario público, su nombre es el referente nacional, sin embargo, detrás del rigor del experto habitaba la sensibilidad de un poeta”.

“Heredero de una profunda tradición carnavalera, fue impulsor fundamental del Premio Mazatlán de Literatura, logrando la proeza de situar a nuestro puerto en el mapa de las letras universales al recibir a gigantes como Carlos Fuentes y Antonio Haas. Hoy, en esta Velada de las Artes, Mazatlán no sólo rinde homenaje a un purista en el mundo, celebramos la vida de un mazatleco ejemplar, un familiar amoroso, un amigo entrañable y un hombre bueno que con su pluma y su ética ayudó a escribir la historia más noble de nuestro pueblo”, se dejó escuchar por el sonido local.