'Ser papá es lo más bonito': Miguel Ángel Sáinz

Nelly Sánchez
09 junio 2018

"El artista abre las puertas de su taller ClassArte y comparte con los lectores lo que significa para él la paternidad"

Cuando sus hijos eran pequeños, Miguel Ángel Sáinz les llevó una mascota como regalo y les gustó tanto que les dio miedo perderla. Le preguntaron si en algún momento iba a morir y que a dónde iría. Él les contestó que al cielo de los perros.

Aunque Cocó, la perrita chihuahua, aún vive, de aquella anécdota creó una pintura que en 2012 le hizo ganar en el Salón de la Plástica Sinaloense de la UAS.

La presencia de sus hijos, Luis Ángel, Miguel Ángel y Carolina han enriquecido no sólo su vida, sino su trabajo como artista.

"Ser papá es lo más bonito que puede pasarle a alguien, aunque se escuche cursi, porque no tendría sentido la vida si no amas a alguien, si no tienes la oportunidad de demostrarle a alguien que lo quieres", asegura.

La llegada de ellos a su vida, reconoce, ha sido como una inyección de adrenalina.

"Te remueven muchas cosas, te hacen responsable, pero a la vez te gusta la idea de compartir, ya no estás nada más tú y tu esposa, hay alguien más por quien hay que ver, es una motivación distinta".

Pintar sus recuerdos infantiles como los de ellos, es lo suyo. Y siempre están presentes en su obra.

"Las vacaciones, cuando empiezan a caminar, son recuerdos que quedan de por vida y yo estoy viviendo toda su niñez, son un espejo, cuando ellos hacen algo, me acuerdo lo que hacía yo".

Los inicios

Desde pequeño, recuerda, siempre le gustó el dibujo. Cuando iba en la primaria, los maestros le encargaban los dibujos para el periódico mural, llegó a hacer los retratos de personajes como Venustiano Carranza y Emiliano Zapata, y le salían bien.

Esa inquietud lo acompañó cuando estaba en secundaria, donde llevaba un taller de dibujo técnico, y en la preparatoria donde dibujó como hobby.

Y mientras llegaba el momento de decidir, entró a trabajar a una papelería, cuyo dueño, Salvador Campuzano, era aficionado a la pintura, de pronto llevaba un caballete y pintaba algún bodegón o paisaje.

"Un día tuve la osadía de decirle que estaba mal algo que había hecho, sin saber yo nada de pintura, y no se molestó, al contrario, me puso a prueba, me dijo, 'a ver ¿puedes hacerlo mejor? siéntate'. Corregí algunos trazos y colores", recuerda.

Antes, habían descubierto que Miguel Ángel Sáinz hacía dibujos y luego los hacía bolita y los tiraba a la basura, pero con ese detalle en el lienzo, se dieron cuenta de sus habilidades y talento.

"Él me dijo: Por qué no estudias en la Escuela de Artes, me motivó a que estudiara ahí 'por mientras', pero me gustó mucho y me quedé", recuerda.

"Me la puso fácil: podía tener el material que necesitara de la papelería, me pagaban un sueldo y me daban chance de estudiar, no pude decir que no".

De estudiante a maestro

Siendo estudiante de la Escuela de Artes de la UAS conoció al pintor y muralista Ernesto Ríos, quien le ofreció trabajo en su taller.

Por las mañanas trabajaba en el taller, pintando y enseñando, y por las tardes estudiaba. Después de algún tiempo, Ríos se fue a crear murales en otros estados y países, y Sáinz se quedó con las clases en el taller.

"El trato era que el volvería para seguir al frente del taller, pero no regresó y yo me hice de los alumnos que él tenía más los que fui aceptando y fue fácil enseñar porque ya lo estaba haciendo, ya estaba preparado, fue sencilla la transición".

Ahora, con 20 años de experiencia en la enseñanza de la pintura, Sáinz admite que si algo ha aprendido al dar clases es a pintar.

"Realmente lo que uno necesita aprender lo tiene que enseñar, claro que la gente mayor siempre te deja sus consejos, la manera de tomar las cosas con más tranquilidad y madurez, yo me enriquezco mucho de ellos, de los jóvenes me encanta la dinámica con la que se manejan y medio me adapto a las edades. He aprendido a escuchar, por eso mucha gente sigue viniendo conmigo, porque no sólo viene a pintar, sino a pasar un rato agradable".

 

En ClassArte, ubicado en la calle Rivapalacio frente a la Plazuela Rosales, comparte espacio con su esposa, Gloria Beltrán, quien imparte talleres para niños, mientras que él los hace para jóvenes y adultos.

Cuando decidió quedarse en la carrera de Artes Plásticas, su padre Armando Sáinz Osuna, le preguntó si estaba seguro de eso, pues pensaba que no se ganaba dinero.

Pero pronto le demostró que sí se podía vivir del arte.

"Él se dio cuenta, llegaba con trabajo a mi casa, me veía pintar cosas, y me preguntaba '¿en cuánto vas a vender eso?, ¿y cuántas son?, ¿y cuánto te vas a tardar en pintar?'... Le decía, sacaba cuentas y me decía 'estás ganando el doble que yo'".

 

Artista y papá

Combinar la paternidad con su trabajo como artista ha sido fácil, pues es él quien pone sus horarios, decide sus días y horarios para trabajar.

"Mi esposa y yo nos hemos dado tiempo siempre, hemos adaptado el trabajo a nuestras necesidades como familia. Eso de trabajar ocho horas diarias no debería ser, hay que trabajar en la mañana y disfrutar la familia en las tardes", considera.

Aún así, su trabajo ha sido constante y ha ganado premios como el Antonio López Sáenz, el Salón de la Plástica Sinaloense, el Premio de Adquisición de Pintura en 2012, 2014, 2016 y otra mención este año.

Y esas tardes las dedica a sus hijos, Luis Ángel de 14 años, que ama el deporte; Miguel Ángel, de 11, que disfruta la música; y Carolina, de 9, que le gusta mucho la pintura y el ballet.

 

"Yo soy muy de casa, me gusta siempre estar concentrado en algo, si no es en el taller es en mi casa, tocando algo, estudiando o leyendo".

Miguel Ángel Sáinz