Tema de hoy

José Ramón Díaz Fonseca
06 noviembre 2015

"La dieta mental"

Se han escrito infinidad de libros que prescriben sistemas que insisten en la dieta que mejor pueda servir al metabolismo de la persona.
Las categorías, proteínas, grasas, almidones, y otros componentes de la dieta alimenticia, han sido objeto de numerosos estudios y mediciones que dejan a uno confuso.
Al final de cuentas, sólo una idea me parece clara e irrefutable, y ésta es: que lo que se come hoy, en pocas horas estará absorbido en nuestra sangre, y después de pasar por los procesos de asimilación, será lo que construya las células de nuestros tejidos, de tal manera que uno, al fin y al cabo, estará formado por lo que ha ingerido.
Somos lo que hemos comido, y esto es una gran verdad respecto a nuestra constitución física.
Resulta igualmente irrefutable el comprender que en la dieta mental, el alimento que uno proporciona a la mente, el tipo de pensamiento con los cuales se alimenta y nutre, es determinante para el carácter final de la vida humana.
Los pensamientos que uno escoge como habitantes o alimento habitual, son los que determinan lo que somos y el medio que nos rodea. Todo lo que ocurre en nosotros es el resultado de alimento mental. Nuestra personalidad, nuestra salud, nuestro éxito o fracaso en los negocios, en la familia y en la vida, está totalmente condicionado por los pensamientos y por los estados emocionales que hemos escogido abrigar en el pasado, y de igual manera, el futuro estará determinado por la dieta mental que ahora y en el futuro elija.
La persona elige las condiciones de su vida cuando selecciona los pensamientos que acepta aliar en su mente, pero esto que no ha sido un proceso conciente y voluntario en el pasado, puede serlo de ahora en adelante, y al cambiar el alimento mental, las circunstancias de una vida cambiará el hogar, cambiará toda la tónica de la vida, y si tal vida ha pasado por sombras de temor y depresión podrá limpiarse de ellos y tornarse habitualmente feliz y entusiasta.
Si le damos importancia a una dieta corporal, con mayor entusiasmo dediquémonos a realizar una dieta mental de 30 días.
Pues si nos dedicamos a seleccionar nuestro pensamiento, los estados de ánimo automáticamente se modifican.
Es fundamental que este punto se capte claramente, pues no se puede ser sano, próspero y feliz, si se permiten frecuentemente estados de ánimo dominados por rachas de temores, de mal humor, de impaciencia, de arrogancia, de rencor, en una palabra, de pensamientos negativos.
La receta es sencilla: durante 30 días consecutivos no se deberá permitir ningún pensamiento negativo.
Habrá que estar alerta diariamente durante 30 días; sólo debemos admitir pensamientos constructivos, y optimistas. Si lo hacemos por 30 días, lo podremos seguir haciendo toda la vida.