Un violín Stradivarius, arma de paz y de esperanza en Culiacán

Jaime Félix Pico
21 enero 2026

Crónica sobre el Concierto de Año Nuevo 2026 ‘Stradivarius en Viena’ interpretado por la Orquesta Sinfónica Sinaloa de las Artes

“Stradivarius en Viena”, título del primer concierto de temporada 2026 de la OSSLA, bajo la dirección artística de Alexandre Da Costa, se presentó el domingo 18 en el Teatro Pablo de Villavicencio del ISIC, resultó apoteósico, digamos memorable, según mi percepción por la reacción del público con nutridos aplausos durante minutos y gritos de ¡bravo!, el público de pie daba cuenta de su plena satisfacción y complacencia con los ejecutantes, el director, los músicos que fueron distinguidos por Alexandre, de manera festiva y como siempre exaltando la calidad de la Orquesta Sinfónica Sinaloa de las Artes.

Durante la mañana del domingo Culiacán vivió la fiesta del Maratón, una tradición que lleva más de 40 años, con participación muy elevada de corredores que se dan cita desde temprano para seguir la ruta establecida, de 5, 10, 21 y 42 kilómetros, la carrera inicia al amanecer y termina a medio día. Esta concurrencia maratónica por las calles más céntricas de la ciudad ocasiona problemas de tráfico que mantienen casi inaccesibles ciertos puntos de Culiacán entre ellos el Teatro Pablo de Villavicencio. Para evitar perderme el concierto llegué con mucha anticipación y mi sorpresa fue una gran fila que serpenteaba por el callejón Andrade, de fans de la OSSLA y gente amante de la buena música esperando se abrieran las puertas del teatro.

Qué gran satisfacción se siente cuando el público responde de manera auténtica, espontánea, claro, la gratuidad del concierto es un poderoso atractivo, pero como público opino que dada la calidad de los conciertos ya debemos ser más corresponsables aceptando pagar boleto de ingreso en cada concierto de temporada; con ese grano de arena que aportemos de seguro, nuestra OSSLA, permanecerá por mucho tiempo. Hagámonos verdaderos Amigos de la OSSLA y sumemos a los esfuerzos financieros del Instituto Sinaloense de Cultura que la auspicia.

Las más prestigiadas orquestas sinfónicas del mundo tienen mecanismos administrativos para recibir aportaciones económicas, donativos, que vienen a complementar los presupuestos anuales, así han logrado permanecer por muchos años, además, esa institución musical confiere identidad cultural a la ciudad, mucho la necesitamos para que la paz impere en toda la geografía sinaloense..

En pocos minutos el Teatro se llenó, todos esperamos escuchar “tercera llamada” y dar inicio al ansiado concierto en medio de un ambiente de expectación, pues un concierto como éste, nos trae sorpresas, abre las expectativas del público hacia la oferta cultural del ISIC centrada en las actividades de la OSSLA. en el año 2026.

El concierto de Año Nuevo igual que el de Navidad, ya son tradición en Culiacán desde que los instituyó Gordon Campbell, cuando fungió como director artístico, animado por darle al público culichi una expresión musical a tono con la época, siguiendo la tradición vienesa que inició el 31 de diciembre del año de 1939, en la ciudad capital de Austria, en la famosa Sala Dorada del Musikverein de Viena.

Cabe mencionar que este concierto surge en los albores de la segunda guerra mundial como un mensaje de paz para los pueblos del mundo; es paradójico que en Viena y aquí en Sinaloa, el concierto de año nuevo 2026 se de en un contexto de amenaza de guerra en el mundo y aquí en plena guerra entre dos facciones de la delincuencia organizada.

Olena Bogaychuc, Concertino de la OSSLA, por cierto fundadora junto con otros 4 músicos que llegaron en octubre del año 2001 y aún permanecen; este año la orquesta llega a 5 lustros de su creación, es decir, 25 años, fecha que amerita un programa especial para devolverle a los músicos lo mucho que nos han dado formando cultura musical durante todo ese tiempo.

Olena se levanta con su violín e inicia la obligada afinación junto con el oboe que toca magistralmente Plamen Petcov, otro músico fundador. Un sonido de unidad, armonía y sonoridad da paso a la entrada al escenario del director, batuta en mano, los músicos se ponen de pie en señal de respeto y Alexandre Da Costa se muestra agradecido, sonriente por los aplausos del público, de inmediato se dispone a dirigir el concierto.

Las notas de la Overtura “Die Fledermaus” de J. Strauss (hijo) es de una opereta, en la que se cuenta la historia de un personaje que se viste de Murciélago para impresionar y se mete en una serie de enredos y líos; argumento muy divertido, tipo comedia de las equivocaciones, muy en boga en los círculos imperiales europeos en la segunda mitad del siglo XVIII, antes de la Revolución Francesa. El Murciélago, es un vals muy hermoso y melodioso, ejecutado con brío por el director tocando su violín Stradivarius, sustentando el título que abre la temporada.

Los aplausos no se hacen esperar, llenan el ambiente del TPV, Alexandre toma el micrófono y saluda, “Feliz Año, gracias por venir, ¿verdad que vinieron a escuchar el Danubio Azul? Pues siento decirles que no lo vamos a tocar, un murmullo del público se escucha, bueno, continua el director, sí lo vamos a tocar, pero después” risas y aplausos.

Como normalmente acostumbra Alexandre Da Costa antes de iniciar una nueva obra, se ocupa de hacer comentarios sobre ella, los compositores y le añade una anécdota relacionada con la historia imprimiéndole, a veces, un tono jocoso. Así atrapa la atención del público.

“Hoy voy a hacer algo que me recuerda a los tiempos de Beethoven, su música era como el rock de hoy; la orquesta no tenía director, no había batuta, eso vino después. Yo voy a tocar como un músico más con mi violín, formaré parte de la OSSLA igual que todos los compañeros. Vamos a ejecutar la sinfonía número dos de Beethoven, una breve sinfonía compuesta por cuatro largos movimientos”.

Desde los primeros acordes se identifica el estilo del gran músico universal, se escuchan tonos, ritmos, melodías que después resuenan en las sinfonías más famosas, la tercera, la quinta y la novena y su cuarto movimiento la maravillosa Oda a la Alegría, también inspirada por la paz, la solidaridad y la esperanza de los pueblos; se toca por tradición en el concierto de Navidad.

La creatividad del director Da Costa se deja ver en la estructura del programa, en la selección de obras y piezas que lo integran. La inclusión de esta sinfonía de Beethoven, para tocarse enseguida de una obertura de opereta que recrea con energía y brío la música vienesa de la familia Strauss, con valses, polkas, marchas, es un acierto pues, se trata de obras clásicas históricamente unidas por distintas circunstancias.

Beethoven compone esta obra maestra cuando vivía muy cerca de la ciudad de Viena a principios del siglo XIX (1801), ahí empezó a experimentar los primeros síntomas de su sordera, lo que le causaba gran angustia y desesperación; la segunda sinfonía se estrenó en Viena en el año de 1803, entonces, el contexto político y social, volvía a Viena una ciudad en ebullición, en ese momento la Revolución Francesa había terminado, pero Viena era una ciudad que apetecía Napoleón Bonaparte y la invadió, lo cual causo desilusión en Beethoven que había sido admirador de la Revolución y de Napoleón.

INTERMEDIO

En la segunda y última parte del concierto, el director presenta sonriente y da empática bienvenida al escenario a la cantante sinaloense Wendy García, quien interpretará tres piezas de opereta, una de Strauss, otra de Franz Lehar y la tercera de Kalman, los tres músicos de la región Austro Húngara.

Wendy García es una cantante de ópera con presencia escénica, experiencia, bien entonada, voz brillante, muy segura de sí misma y derroche de simpatía; de recio carácter, portadora de cualidades histriónicas, muy expresiva durante la interpretación de las arias de ópera o piezas de opereta, algo que no es común entre las cantantes locales, siempre se muestran rígidas y poco expresivas, eso sí con grandes voces.

La participación de Wendy le dio al concierto un toque de coquetería, frescura juvenil y sensualidad que el público le agradeció con nutridos aplausos y vivas. Hay que seguir su trayectoria como cantante de ópera deseando llegue pronto a los grandes escenarios.

Al término de la actuación de la cantante, el virtuosismo y el carácter energético de Alexandre Da Costa al ejecutar el violín, puso al concierto en modo de ritmo rápido, vertiginoso, apasionado; al interpretar la polka Trisch Trasch (J. Strauss), el director dijo que desde su infancia fue de sus preferidas y que para el público bien pudiera ser motivo para volver a estar en un concierto de Año Nuevo.

La pieza “Unter Donner und Blitz” (J. Strauss) la cual evoca una tormenta eléctrica con rayos, relámpagos y centellas fue tocada con energía. mediando una suerte de actuación en teatro. Antes de su ejecución el director invitó al músico Paul, percusionista, y le pidió lo acompañara al frente para tocar juntos los platillos cuyo sonido trajeron a escena la experiencia de vivir bajo una tormenta, sin duda una interpretación cargada de energía que movió rítmicamente al público en sus asientos.

No omito mencionar que una característica del director Alexandre, es dar visibilidad a todos los músicos con sus instrumentos, algunos los menos interesantes como lo son los platillos; muestra de humildad y de conocer a profundidad la función que cumple cada instrumento sin importar su valía como pudiera ser un violín Stradivarius. No hay instrumentos más o menos importantes que otros en las distintas secciones que componen una orquesta sinfónica, solo existen instrumentos, sean de cuerda, alientos, percusiones etc. todos cumplen una función que es significativa cuando toca intervenir.

El tan esperado vals El Danubio Azul, llegó para quedarse en la memoria musical de los culichis, interpretado por Alexandre con su violín Stradivarius y la Orquesta Sinfónica Sinaloa de la Artes. La magia de la música al escuchar este vals nos transporta a una gran diversidad de espacios, sentimientos, emociones e imágenes sorprendentes como las que aparecen en el film 2001, Odisea del Espacio, del cineasta S. Kubrick.

En los Conciertos de Año Nuevo en Viena hay dos piezas musicales infaltables, una el Danubio Azul, y otra, La Marcha Radetzky, (J. Strauss). La marcha Radetzky cierra el concierto y es tradición el acompañamiento del público con las palmas de la mano, aplaudiendo al ritmo que marca el director. Al final el ambiente se vuelve de fiesta, conjugándose con las emociones de los presentes que tuvieron el privilegio de disfrutarlo..

Aquí en Culiacán, Alexandre primero explicó por qué la marcha no aparece en el programa, luego cuestionó al público de lo que deberían hacer, preguntó si los culichis sabíamos llevar el ritmo de una marcha. Todos, al unísono respondieron afirmativamente; a Olena le dio la autoridad para calificar el resultado de la participación del público, causando mucha gracia en la concertino y risas del público.

Finalmente, destacó que los sinaloenses, en particular los culiacanenses, somos privilegiados de contar con una orquesta sinfónica como la OSSLA, gracias a ella la cultura musical se fomenta y enaltece y es fuente de inspiración para las futuras generaciones.

De igual manera, la OSSLA hizo posible que entre sus instrumentos musicales participantes esté un violín Stradivarius, bajo el resguardo y uso del director Artístico Alexandre Da Costa.

Los violines construidos por Antonio Stradivari, en su taller en Palermo, Italia; datan del siglo XVII; estos instrumentos que se distinguen por su extraordinaria calidad del sonido que emiten. Hoy en día son famosos algunos ejemplares y se identifican sea por el constructor, como por el músico que los tocó o por quien los haya tenido bajo resguardo, por el valor que tienen y quien lo compró, o donó; es una pieza que alcanza el carácter de obra de arte.

El violín que utiliza Alexandre hoy se transforma en un instrumento de paz y esperanza, en medio de conflictos mundiales, nacionales y locales; es como una vela que nunca se apaga y ahí está con su inigualable sonido simbolizando unión, solidaridad, buena vecindad y paz entre hombres de buena voluntad.

Larga vida para la OSSLA es mi deseo de año nuevo 2026.

* El autor es Cronista Adjunto de Culiacán.