Vértigo
"(*): palomera"
Tal vez sea hora de que Sofia Coppola, la talentosa hija de su otrora gran papá cineasta Francis Ford Coppola, dirija su vista a otro tipo de personajes y a otro tipo de temas. Después de su notable opera prima Las Vírgenes Suicidas (1999) centrada en la difícil vida de unas hermanas adolescentes clasemedieras-, todo el siguiente cine de Coppola hija se ha estacionado en el mismo asunto: en cómo viven y a veces, sufren- los muy ricos, célebres y famosos.
Vea si no: un actor maduro y una joven esposa olvidada se enamoran en la obra maestra wong-kar-waiana Perdidos en Tokio (2003), una reina adolescente es injustamente incomprendida en María Antonieta (2006), un actor hollywoodense trata de lidiar con su vacío existencial mientras convive con su pequeña hija en En un Rincón del Corazón (2010), y ahora, en Ladrones de la Fama (The Bling Rin, EU, 2013), un quinteto de jovencitos angelinos más que acomodados, se meten a robar en las casas de varias celebridades (Orlando Bloom, Megan Fox, Lindsay Lohan, Paris Hilton ¡ocho veces!-) hasta que los agarran, los meten al bote
y, claro, se convierten en lo que siempre soñaron: celebridades. Y hasta con su propio sitio de internet, faltaba más.
El problema central de la película es cómo hacer interesante un grupo de personajes pavorosamente vacíos me refiero a los ladrones, pero también a sus víctimas- que cometen todos sus delitos nomás porque sí, porque pueden, porque les da la gana, porque no hay nada mejor que hacer. Y luego que lo hacen, lo presumen urbi et orbi. Y hablan de ello en cada antro en que se paran. Y se toman hartas fotos auto-incriminatorias. Y, después, las suben a Facebook.
La historia basada hechos reales que sucedieron en 2011 y que fueron cubiertos en un famoso reportaje de la Vanity Fair- estaba ni mandada hacer para una sátira sobre el consumismo, las redes sociales y el culto a la fama, pero pareciera que Coppola nunca pudo decidirse qué hacer con la propia historia y los personajes. Al final, es cierto, el filo satírico se asoma, en la reacción de los detenidos, que disfrutan de toda la atención mediática que han provocado, pero todo esto ha llegado demasiado tarde, pues durante toda la primera hora no hemos hecho otra cosa que atestiguar cómo una bola de adolescentes con cerebro de chorlito pasan de casa en casa probándose ropa, zapatos, joyas, sombreros y hasta mascotas.
Todas estas escenas exasperan en serio: pareciera que Coppola hija se contagió de lo vacío de sus personajes. Por eso comentaba al inicio: ¿no sería buena idea que dirigiera su atención a otros temas, a otras clases sociales, a otros mundos? Vamos, pues: ¿no será hora de salir de Beverly Hills?
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