Vértigo
06 noviembre 2015
"'Hulk, el Hombre Increíble': (**): dos asteriscos"
Antes que nada, va la aclaración: Hulk, el Hombre Increíble (The Incredible Hulk, EU, 2008) no es la secuencia de la maldita/maldecida Hulk (2003), del incomprendido y vilipendiado Ang Lee.Como a esta última cinta le fue mal con la crítica y no tuvo las ganancias esperadas -aunque tampoco fue un fracaso económico-, Universal y Marvel decidieron volver a empezar de cero y ser más fieles a los orígenes del cómic de 1962 y de la serie televisiva de los 70/80, en los que el apocado científico Bruce Banner, después de convertirse en un gigantesco monstruo verde por la exposición a rayos gama, anda en el camino, siempre ocultándose, huyendo de la persecución militar dirigida en su contra por su obsesivo Némesis, el General Ross.
La complejidad paterno-filial freudiana del Hulk de Lee -esas enfermizas relaciones del General Ross y su hija Bizet, un poco menos perversa que la de Bruce Banner y su enloquecido papá científico- ha desaparecido por completo, quedando en su lugar una entretenida cinta veraniega de acción con súper-héroe en ristre.
Y, para ser francos, gracias a la experta dirección del galo Louis Leterrier (El transportador y secuela/2002 y 2005), en este aspecto el nuevo Hulk es mejor que el anterior: sólo la emocionante secuencia de la persecución a pata y a brinco por las favelas brasileñas vale el boleto de entrada.
Y el enfrentamiento final entre Hulk y The Abomination, con todo lo ruidosamente convencional que resulta, es mucho menos confuso que su similar entre el Hulk de Lee y su papá, en el desenlace del filme de 2003.
También es cierto que Edward Norton -quien participó en el guión sin crédito y que se negó a participar en la promoción de la cinta debido a desacuerdos con el corte final de la misma- es mejor actor que Eric Bana y, sin duda, encarna de una forma mucho más verosímil la personalidad de un hombre solitario y modesto que oculta un enorme y verde secreto en su interior. Pero, en mi opinión, aquí se acaban las mejoras del Hulk 2008 con respecto al Hulk 2003: en todo lo demás, el filme de Lee es superior.
Es superior en su audacia temático-dramática que los fans del Hulk original nunca le perdonaron, es superior tanto en su elección de reparto como en su dirección de actores (Sam Elliott es un general Ross más marcial que William Hurt, con todo y mi admiración hacia este último; Liv Tyler no le llega a los talones ni en belleza ni en fragilidad a Jennifer Connelly; Nick Nolte es un villano más interesante que el soldado Tim Roth convertido en el monstruo destructor The abomination), es superior en su intento de apropiarse del lenguaje visual del cómic para construir los encuadres y transiciones del filme, y es superior en su lirismo trágico-romántico-reprimido, tan caro para los intereses de un auteur como Lee.
Pero, bueno, con todo y mi preferencia por el Hulk de hace cinco años, tampoco puedo decir que me aburrí un instante (bueno, sí, un poco, en la pelea a tres caídas sin límite de tiempo entre Hulk y The abominaton).
Además, la perspectiva de una secuela no es tan mala si involucra una fusión de franquicias, con Tony Stark -es decir, Iron Man- como invitado. Capaz que eso sí resulta divertido.
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Ojalá tuviera la formulita esa de los rayos gama para convertirme en Hulk y acabar con los celulares prendidos y sonando de los rústicos culichis de siempre.
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