Yamel Cháirez convierte la fotografía en un propósito de vida
La fotógrafa reúne en una exposición más de 30 imágenes tomadas a lo largo de 25 años, como parte de un proceso personal de recuperación tras enfrentar cáncer de mama y las expondrá este sábado 26 en un café del Paseo del Ángel
Para Yamel Cháirez, la fotografía se convirtió en una forma de volver a mirar su propia vida. Tras ser diagnosticada con cáncer de mama y durante su recuperación revisó negativos, archivos digitales y fotografías acumuladas durante 25 años, encontrando en ella una nueva forma de mirarse.
Las primeras imágenes las tomó cuando estudiaba fotografía análoga en Monterrey, pero también había fotografías de viajes, paisajes, rostros y momentos compartidos.
Las reunió y resultado es una exposición personal de más de 30 piezas que presentará el sábado 26 de septiembre, a las 17:30 horas, en una cafetería del Paseo del Ángel, en Culiacán.
Sin un tema único ni estilo fotográfico definido, su intención es compartir distintos momentos de su vida.
“Lo que quiero plasmar son mis sentimientos. No tengo un estilo único. Van a ver desde naturaleza hasta imágenes de viajes o rostros de personas que en alguna ocasión capturé”, comparte.
La muestra, comparte, nació en un periodo particularmente difícil. Tras ser diagnosticada con cáncer de mama, Cháirez atravesó cirugías, 12 quimioterapias y 21 tratamientos invasivos. La enfermedad llegó poco después de la muerte de su madre: ella falleció un domingo y cuatro días después Yamel detectó una bolita en el pecho.
El proceso de tratamiento, aunque físicamente la llevó al límite, la hizo replantearse su vida y aquello que podía hacer por otras personas.
“Yo nunca me sentí enferma. Para mí la palabra cáncer no estaba en mí. Yo sabía que mi actitud era muy importante”, recuerda.
A esa actitud se sumaron dos pilares que, dice, fueron fundamentales: su familia y su espiritualidad. Madre soltera de dos hijos y empleada desde hace 14 años en una empresa, encontró en la fotografía motivos para mantenerse en movimiento.
Durante la convalecencia comenzó a ordenar el material que había acumulado durante años: fotografías en archivos digitales, negativos de su época de estudiante.
Revisarlos significó reencontrarse con distintas versiones de sí misma.
“Lo que tomamos nos evoca un momento de nuestra vida”, señala.
Una de las imágenes que más le movió emociones, fue realizada hace alrededor de 25 años, en Monterrey, muestra un puente colgante en una toma nocturna, realizada con cámara análoga y utilizando el tiempo de exposición como parte del proceso.
Le recordó aquella etapa, cuando tenía 25 años y que al llegar a Monterrey por motivos laborales, se sentía sola y buscó en la fotografía una manera de encontrar nuevos círculos.
“Gran parte de mi círculo de amistades fueron gracias a la fotografía”, cuenta.
Con cámara análoga e imágenes en blanco y negro, retrataba paisajes, ciudades y espacios urbanos, concentrándose en las figuras sin distracciones.
Al paso del tiempo, la fotografía se quedó como un hobby, y aprendió la digital de manera autodidacta.
Las fotografías, otra forma de mirarse
Durante los días en que se sentía con fuerzas para utilizar la computadora, comenzó a revisar sus archivos y cajas de fotografías. Después empezó a imprimir algunas de ellas.
“Cuando estás en una situación donde tu salud es incierta, donde te duele todo, donde no puedes estar enfocada en cómo te sientes, en cómo te ves, tener un proyecto te da algo que pensar y algo que hacer”, explica.
Para Cháirez, ese proyecto terminó convirtiéndose en un propósito y la exposición no pretende ser solamente un recuento de su trayectoria fotográfica. Su intención es compartir con quienes atraviesan una crisis de salud —particularmente mujeres que enfrentan cáncer de mama— la posibilidad de encontrar una actividad que les permita conectar con algo que les dé energía y sentido.
“Buscar un propósito que te dé paz, que te haga sentir de alguna manera tranquila, que te haga sentir lleno de amor”, dice.
La muestra permanecerá también durante octubre, con la intención de coincidir con el llamado Mes Rosa y ampliar su mensaje hacia quienes viven un proceso relacionado con el cáncer, no solamente de mama.
Al reunir sus fotografías, cada imagen le devolvió una versión de quien fue en el momento en que disparó la cámara: la joven que aprendía fotografía análoga, la mujer que viajaba, la madre, la amiga y ahora la sobreviviente que observa todo ese recorrido desde otro lugar.
“Qué bendición que tuve la oportunidad de iniciar aquí y que esto se convirtiera en una pasión que me da tanta energía y tantas ganas de transmitirlo a alguien que quiera encontrar ese propósito”.