Lara Campos llena de voces infantiles y magia el Carnaval de Mazatlán

Fernando Espinoza
17 febrero 2026

La estrella infantil se presenta previo a la coronación de Eileen I, Reina Infantil del Carnaval, y convirtió el estadio en un coro monumental al interpretar ‘Que canten los niños’

Antes de que la corona tocara la cabeza de Eileen I, la noche ya estaba iluminada por algo más poderoso que las luces del escenario: la imaginación. Lara Campos apareció entre aplausos y peluches de la rana Rhenné en alto, y en cuestión de segundos convirtió la espera protocolaria en una fiesta desbordada de brincos, nostalgia y voces pequeñas cantando sin miedo, “como si el mundo entero cupiera en una sola canción”.

Las primeras notas bastaron para que el recinto se convirtiera en patio de juegos. Cientos de niños se pusieron de pie sobre las sillas, desafiando la gravedad con peluches de Rhenné en alto, como si fueran pequeñas antorchas de felpa iluminando la fiesta.

“Aserejé” sonó y el público se convirtió en coro. Al interpretar “Vamos a jugar” fue una invitación literal a brincar, girar, sacudir los brazos sin pena. Cuando llegó “Mundo de Caramelo”, el éxito que popularizó Danna Paola, el aire se llenó de nostalgia dulce; padres e hijos compartiendo una misma melodía, una misma memoria.

Lara presentó su nueva canción, “Brincos y almohadazos”, que explotó como una travesura colectiva entre los cientos de niños que llenaron el Estadio Teodoro Mariscal. Después, como quien abre un baúl antiguo, recordó “En el bosque de la china”, ese tema tradicional que despierta generaciones enteras desde las primeras notas.

La noche fue también un viaje por el archivo sentimental de la música mexicana. “Tecnocumbia” hizo vibrar el recuerdo de Selena, y “¿Qué te pasa?” de Yuri provocó una escena entrañable: las mamás dejaron la compostura y se lanzaron a bailar, riendo como adolescentes sorprendidas por su propia memoria.

“La calle de las sirenas” y “Shabadabada” encendieron aún más el ambiente, hasta que apareció Rhenné para cantar “La Macarena”, desatando un mar de pasos.

No fueron solo los niños quienes se dejaron llevar por la música. En varios momentos del concierto, muchos papás dejaron el celular a un lado y tomaron de la mano a sus hijas para bailar entre las filas del estadio. Algunos cargándolas en brazos, otros girándolas con torpeza amorosa al ritmo de las canciones, convirtieron la noche en una escena entrañable: padres e hijas compartiendo risas, pasos improvisados y un recuerdo que, probablemente, durará mucho más que el propio Carnaval.

Pero hubo un instante en que la música bajó el volumen y la emoción subió el pulso. “Cantar no se trata solo de música, se trata de imaginar un mundo más bonito y alegre”, dijo Lara. “Es como prender una lucecita en medio de la noche... cantar juntos es como construir un castillo, un lugar donde cantas bien o cantas mal”. Sus palabras no fueron discurso: fueron abrazo. Fueron un mensaje de paz en medio del bullicio.

“Que canten los niños” se convirtió en el momento más especial. Las voces pequeñas, imperfectas y sinceras, llenaron el espacio y se vivió el momento más emotivo de la noche. Las luces de los celulares se encendieron para llenar “estrellas” el concierto.

“Todo tiene tambor” marcó la despedida. “Muchas gracias, Mazatlán, me hizo muy feliz estar con ustedes”, dijo con la sonrisa abierta, mientras el público respondía con un grito unánime: “¡Otra, otra!”.

Y volvió. Porque las noches infantiles no saben cerrarse a la primera. Regresó para cantar “Rhenné”, su mayor éxito, y entonces sí, la fiesta quedó completa.