Su voz, el sentir de la mexicanidad
08 noviembre 2015
"Frases de José Alfredo Jiménez acompañan historias plagadas de coraje, soledad, reclamo y se convierten en un fragmento de filosofía mexicana"
MÉXICO (UNIV)._ Hay mexicanos que sin ser personajes históricos, han ayudado a conformar lo que hoy se considera la mexicanidad. Uno de ellos, sin duda, es el compositor guanajuatense José Alfredo Jiménez.Su voz es sentimiento de tequila. Quema, pero gusta. Igual que un mal amor. Sus frases acompañan historias plagadas de coraje, soledad, reclamo, abandono y se convierten en un fragmento de filosofía mexicana. ¿Quién mejor que José Alfredo para describir la sensación al andar volando bajo?
El rey de bigote y sombrero, charro que nació en Dolores Hidalgo, Guanajuato, en 1926, es una figura simbólica del rompecabezas del arquetipo del mexicano: soñador, quejumbroso, apasionado, misógino, macho, tierno, llorón, retador y todo aquello inclasificable. Quizá por eso sus canciones llegan como las de nadie más a la médula emotiva de sus paisanos.
No sólo la música acerca a José Alfredo, recuerde que antes de lograr la fama, enfrentó condiciones adversas, igual que la mayor parte de la población, debido a las carencias económicas. De ahí su necesidad de integrarse a la vida laboral en la ciudad, pues dejó su lugar natal a los 8 años y el negocio que su madre Carmen intentó echar a andar no funcionó.
Es el típico representante de una nueva clase media urbana que deja la provincia para probar suerte en la metrópoli. Él, como el país, deja de ser rural para convertirse en urbano.
Trabajó como mesero en el restaurante yucateco La Sirena y el hijo del dueño de este lugar lo integró al grupo musical Los Rebeldes. El principio de su poesía cotidiana estaba ahí y se matizaba con su gusto, qué raro, por el futbol; incluso coincidió con Antonio "La Tota" Carbajal en un equipo de primera.
Años después, en 1950, el compositor grabó Yo. El guanajuatense ya no sólo le tiró a soñar. El éxito se hizo realidad sonora y cinematográficamente. Se produjeron los temas No me amenaces, Te solté la rienda y participó en películas como Martín Corona, Póker de ases,Camino de Guanajuato, por citar algunas.
José Alfredo, sin apellido como dijo Carlos Monsiváis, pues es del pueblo, se volvió el amigo de todo aquel que quisiera poner voz a sus penas amorosas. Sus metáforas y sentencias dieron rienda suelta al macho mexicano que ha sido malquerido, el que presume de dar amor del bueno. El que enloquece por una Paloma querida.
La cantina se volvió el lugar común para los descendientes de Cuauhtémoc, para que los desdichados en los amores reventaran en llanto, para brindar con el compita y pedir al cantinero otra más. El hijo del pueblo creó una relación perdurable como mil abrazos a través de sus símbolos comunes: la tragedia, el humor, la virgencita.
Piedras en el camino
Igual que José Alfredo, el mexicano se ha topado con distintas piedras en el camino, anda a veces con dinero, a veces, muchas, sin éste, se siente rey, pero a ratos sólo canta, qué otra le queda en un país que a 200 años del inicio de la Independencia y 100 de la Revolución aún no termina de recorrer "el peor de los caminos".
Aunque el país no es completamente otro, el contexto sí se ha modificado, ya no es lo que vio el autor de El caballo blanco antes de morir el 23 de noviembre de 1973 por un problema hepático, pues a los vicios, los excesos, la queja, la crisis, se suma un ánimo de suma necesidad de cambiar y dejar de "rodar y rodar".
Ahí es donde su música, reflejo de una de las tantas máscaras mexicanas, a las que alude Octavio Paz, en El Laberinto de la Soledad, ayuda a "chillar" mientras duele el corazón; para muchos, la voz de José Alfredo se vuelve un pretexto para comprender "la maldición ranchera" que parece tener atrapado a México.
Él compuso sus canciones para que el pueblo las cante, el pueblo no ha fallado, y "si nos dejan" este "mundo raro" mezclará las creencias populares con las nuevas ideas y quizá se acabará "viviendo a lo grande" y si no, hay que irse a "donde nadie nos juzgue".
Así fue José Alfredo y así sigue siendo el mexicano, el que se siente mucho y el que pierde todas. El que es feliz dando y recibiendo amor, no necesariamente trabajando o creando. Así fue él, y así son los que quedan.
CANCIONES
Algunos de los éxitos de José Alfredo Jiménez son: 'Que se me acabe la vida', 'Qué suerte la mía', 'Que te vaya bonito', 'Paloma querida', 'Para morir iguales', 'No me amenaces', 'Muchacha bonita', 'Muñequita negra', 'Mi tenampa', 'Te quiero, te quiero, te quiero', 'Te solté la rienda', 'Te vas o te quedas', 'Tierra sin nombre', 'Tu enamorado', 'Tu recuerdo en cuatro copas', 'A la luz de los cocuyos', entre otras.