Austen Henry Layard
Grandeza y esplendor, una de las metrópolis más grandes y suntuosas de la antigüedad, cuyos restos parecen penetrar en un mundo de admiración y fábula, esto llevó al considerar la ciudad de Nínive como un mito, inventado para justificar misterios teocráticos.
El Imperio Asirio es narrado en los textos sagrados de la Biblia, de manera especial en el libro de Jonás, en su odisea tratando de evadir el mandato divino, al cual finalmente tuvo que someterse acatando la voluntad de Dios. Su capital era Nínive.
Enclavada en el fértil creciente, cercana al lugar de uno de los grandes ríos, el Éufrates, que contribuyeron, junto al Tigris, a tener ese título, alusivo a la prosperidad, el lugar donde se originaron los primeros grandes asentamientos urbanos y de donde surgen los primeros grandes imperios alternando sucesivamente en hegemonías dominantes.
Entre los escombros de las ruinas dejadas, en su mayoría, como resultado de conflictos bélicos, las excavaciones arqueológicas dieron a la luz los vestigios de la antigua ciudad de Nínive, en la cercanía de Mosul y Nimrud. Era el año de 1847.
Austen Henry Layard, su descubridor, había nacido en París el 5 de Mayo de 1817, sus padres fueron Henry Peter John Layard y Marianne Austen, tenía él la doble nacionalidad, inglesa y francesa, abarcaba las actividades de la antropología, la diplomacia, la política, la arqueología, la asiriología, entre otras.
En 1839 hizo a un lado su profesión para ir a una aventura a través de las tierras de Anatolia y Siria. Estando el Embajador de Inglaterra en esos lugares le encomendó misiones diplomáticas en las regiones ubicadas al noroeste de Irak, en Mosul, esto fue una motivación para interesarse en la búsqueda de las grandes ciudades de la antigüedad mencionadas en los textos sagrados.
Uno de sus logros sobresalientes, para los anales de la historia, fueron sus valiosos descubrimientos en Mesopotamia que dieron luz a la historia sobre ese lugar y los acontecimientos y personajes mencionados ahí, como el del Palacio de Senaquerib, encontrado junto al Río Tigris, que convierte estos lugares en hechos de la historia.
Estos hallazgos arqueológicos, aparte de su valioso contenido, fueron una respuesta a ciertos contenidos narrados en la Biblia, concordando de asombrosa manera sobre ciertas versiones sobre ese ancestral lugar, los cuales eran considerados como míticas invenciones.
Sobresale, entre otros, el relato de un diluvio universal, tanto en la narración bíblica, como en la sumeria del legendario Rey sumerio de Uruk, Gilgamesh.
Después de los primeros hallazgos vino una serie de descubrimientos que revelaban un mundo perdido y su legado. Uno de los más grandes fue el descubrimiento de tablillas cuneiformes de los archivos asirios.
Austen Henry Layard deja este mundo, falleciendo el 5 de julio de 1894 en Londres, dejando un legado que volvió a la vida una historia que ya parecía olvidada.