El legado de la Tierra de Irak

Presbítero Amador Campos Serrano
09 marzo 2021

Desde la mítica distancia del tiempo nos llega el legado de un lugar, narrado por la revelación, de un profundo origen, más allá de la historia, un lugar donde el ser humano hizo su primera aparición en este mundo, siguiendo el mandato de su Divino Creador, este lugar es la tierra hoy conocida como Irak.

El bíblico sagrado texto nos habla de un sitio regado por cuatro ríos; el Éufrates, el Tigris, aún existentes, además estaban el Pisón y el Guijón, ríos de los cuales solo existen vestigios fosilizados de su cauce, ahí, según la Sagrada Escritura, estaba ubicado el mítico paraíso del Edén.

Vestigios encontrados nos hablan, también del lugar, como un asentamiento de la extinta rama de la humanidad, conocida como los neandertales, quienes dejaron sus huellas en este mundo, aproximadamente hasta hace 50 milenios.

En una prehistoria más cercana, ya en el periodo de alrededor de hace 11 mil años, conocido como el neolítico, existen vestigios de una humanidad ya sedentaria, dando nacimiento, en este lugar, a las primeras ciudades-estado, siendo conocido, por ello, a este lugar con el título de la Cuna de la Civilización, ahí surgió la inapreciable herencia de la escritura, para legarnos la historia escrita.

La legendaria ciudad de Ur de Caldea nos ha dejado la figura del Patriarca Abraham, el padre de la fe en tres de las religiones más emblemáticas existentes en la actualidad, implantando el revolucionario concepto de un solo Dios, creador de la existencia del cosmos, en esta etapa estamos en una cercanía en el tiempo, de alrededor de 6 mil años.

Ur es el lugar de origen del pueblo elegido, el Pueblo Judío, desde la partida, siguiendo el llamado divino, del Patriarca Abraham, hacia una tierra prometida, allá en Canaán, donde se asentaría y en donde culminarían sus días en este mundo, dejando un legado a sus descendientes, desde Isaac y Jacob, para continuar su formación y desarrollo como pueblo en Egipto, otro punto de lugar importante en el desarrollo de nuestra civilización. Terminando con la vuelta a la tierra de Canaán.

El pueblo judío, después de su florecimiento como nación, volvería a la tierra de su primer origen, pero ahora como cautivos, continuando una penosa misión de ser, como pueblo, el signo de donde surgiría la liberación para todos los hombres, aceptando en su propia existencia el ser signo de purificación y liberación del hombre, y para todos los hombres.

Hoy, el pueblo de Irak se debate entre conflictos ideológicos y de índole religioso, un enfrentamiento que estremece a la humanidad, por esas gentes y esos lugares en donde una vez germinó el inicio de la buena nueva de Dios para todos los hombres.

El Sumo Pontífice ha llegado a ese lugar, donde una vez se originó el anuncio de la buena nueva de Dios, llevando un mensaje de diálogo y paz entre hombres de buena voluntad, más allá de las diferencias ideológicas y de la manera de percibir al mismo Dios, pues en ese lugar una vez surgió la concepción de un solo Dios para todos los hombres.

El mensaje del Pontífice también debe de ser nuestro mensaje, un mensaje de todos los hombres, unidos en torno a un mismo Dios, que no quiere la muerte de los culpables, sino que se conviertan y vivan.