Laura Sánchez: 30 años de dar su mejor cara en Noroeste
Llegó en 1996 para cubrir una incapacidad de tres meses que se transformó en una historia de tres décadas; hoy se jubila dejando un legado de compañerismo y servicio humano en atención a clientes
En octubre de 1996, Laura Sánchez Zamora cruzó por primera vez las puertas de Noroeste. Había llegado una oportunidad de trabajo temporal en el área de anuncios clasificados para cubrir una incapacidad. Parecía un capítulo breve, sin embargo, aquellos tres meses se transformaron, día a día y página a página, en casi 30 años de entrega.
Las oficinas dejaron de ser un lugar de trabajo para convertirse en una segunda casa, donde Laura no solo atendió clientes, sino que escribió su historia personal.
“Llegué por el llamado de una amiga hace casi 30 años”, recuerda Laura. “Me dijo que había un espacio en atención al cliente. Iba a ser algo pasajero, para cubrir una incapacidad... y aquí me quedé”.
Tres décadas después, sigue siendo parte del rostro de Noroeste en la atención de sus clientes y está a días de jubilarse.
Mantener las ganas de levantarse cada mañana para acudir al trabajo y dar su mejor cara a la gente durante casi 30 años habla del afecto. Para Laura, más allá de los números, su permanencia habla de un agradable entorno.
"En mi área siempre fuimos un equipo, y eso es lo más importante; es lo que te mantiene viva, la ilusión de venir a trabajar cada día”.
En estos 30 años, ha tenido días ligeros y días que se sintieron como una cuesta arriba. Pero al mirar atrás, el balance de Laura es bueno. “Siempre salimos adelante”.
“La verdad ha habido buen ambiente, en mi área siempre ha habido buen equipo. Y eso es muy importante para que tú mantengas cada día la ilusión de venir. También ha habido momentos de crisis, como todo, que pudimos superar como el equipo que hemos sido”, comparte.
“Gracias a Dios, a los jefes que también siempre dieron todo de ellos para que estuviéramos contentos”.
La escuela
Aunque se había dedicado al trabajo de oficina, cuando llegó a Noroeste, todo fue nuevo para Laura.
“Yo venía de hacer un trabajo muy manual. Yo había trabajado con máquina de escribir y me sorprendí mucho cuando me pusieron frente una computadora, yo no sabía ni cómo encenderla”, recuerda.
Le tocó aprender, adaptarse a la evolución tecnológica, y aunque en un inicio tuvo ganas de “correr”, al final demostró que su capacidad de transformarse era tan fuerte como su deseo de quedarse.
“En ese entonces, yo le comenté a la muchacha que me invitó a trabajar este tiempo. ¿Sabes qué? Le dije, ‘No la voy a hacer. Yo ya no regreso’. Y me dijo ella, ‘tómalo como un reto. Siempre tenemos que ir hacia adelante y nunca darnos por vencidos y vas a ver que poco a poco estas nuevas herramientas, que son para ti algo nuevo, vas a empezar a familiarizarte, a saberlas usar’. Y sí, nos dieron un pequeño curso de Excel, de Word, en el área de fotomecánica y aprendí”.
Noroeste fue para Laura también una escuela, además de avanzar con las tecnologías, aprendió diseño de publicidad, formar la página de anuncios clasificados durante dos años.
“Ahí estuve dos años, formábamos la página de clasificados, acomodar los anuncios, dar los espacios, generalmente a la sección policíaca, a veces una página o media página. Dependían del espacio que quedaba libre de publicidad. Había mucho movimiento, muchos anunciantes de ventas de autos, de casas”.
“Noroeste me trató bien, tuve crecimiento profesional y en familia. Hasta la fecha me he sentido muy a gusto. He trabajado bien y deseo que así sea con todos los compañeros.
Aquí aprendí, me equivoqué, mejoré, ha sido una escuela en la que aprende uno.
Segunda casa
Cuando llegó a Noroeste, Laura tenía dos hijos, el mayor tenía entonces 8 años y el menor 2 años, y junto a su familia, acá encontró otra con sus compañeros.
“En todo este tiempo hubo días fáciles, otros más difíciles, pero siempre salimos adelante, pues no solo fue un lugar de trabajo, siempre hubo mucho compañerismo y no solamente en el área de publicidad, también en otras áreas, como redacción, compañeros de mucho tiempo, algunos ya no están, pero incluso nos seguimos viendo”, señala.
“Nos programamos alguna vez al mes para ir a desayunar. Se hizo una familia. No solamente compañerismo de oficina. Convivimos, pues, es mucho el tiempo que también pasamos aquí”.
La mejor actitud
Al frente del Centro Integral de Servicios, a Laura le ha tocado atender a los clientes. La clave es mostrar su mejor cara, escucharlos, proponerles el producto que se ajusta a sus necesidades.
Entre otras cosas, le toca atender a clientes que vienen de los juzgados, publicar anuncios sobre juicios.
“Ahí me entero quién anda peleando herencia, me he enterado por medio de los edictos de amigas mías que han fallecido. Me sorprendió una vez de una gran compañera que tuve, que murió, cuando leí su nombre sí me sorprendió mucho”, cuenta.
“También de una persona que era muy allegada a la familia. Supimos como rumor que había fallecido, pero hasta que vi el juicio y que aparecía su nombre, eso también ‘me pegó’, y le comenté a mi mamá que sí era cierto, que aparecía el nombre de esa persona en el edicto, porque no estábamos seguras de que realmente hubiera fallecido, y pues ahí confirmamos”.
Su lugar también ha estado lleno de anécdotas, clientes de muchos años la aprecian, la saludan cuando la ven en la calle, y cuando llegan a la oficina cantan estrofas de canciones que llevan su nombre.
“Teníamos un cliente en clasificados que al llegar siempre cantaba: “Laura no está, Laura se fue”, cuenta Laura con humor.
“Todavía es cliente y de hecho a veces me lo encuentro en el centro y me grita desde una cuadra. ‘Lauraaa’, Nomás lo escucho y me detengo a saludarlo. ‘¿Cómo está Laurita?’, me dice y ha venido últimamente porque es abogado. Muchas cosas buenas han pasado”.
La jubilación
Laura ya cumplió el tiempo legal para poder retirarse y disfrutar de su jubilación. El momento de decir adiós llegó y aunque se va con el orgullo de haber dado siempre lo mejor de sí, también tiene ese nudo en la garganta que provoca la nostalgia,
“Me voy de Noroeste muy satisfecha, muy contenta con lo que dejo y pues dejando mi puesto con dolor, con melancolía, nostalgia de tantos años, cuesta dejar la silla”, reconoce.
Sus últimos días en la oficina han sido diferentes. Su jefe, Francisco Trujillo, le dio una última misión: ”Tú esta semana ya no vas a trabajar, solo vas a enseñar”. Y así, convertida en maestra, Laura ha pasado sus horas finales compartiendo sus secretos a Noelia Aguilar, quien se queda en su lugar.
Su consejo de oro no viene de un manual de ventas, sino de la experiencia que le dieron estos casi 30 años.
"El secreto es escuchar siempre al cliente y recibirlo con tu mejor cara. Yo siempre traté de dejar mis problemas en casa; los clientes y los compañeros no tienen la culpa de lo que a uno le pasa. Hay que llegar con toda la actitud. Eso es muy importante, el trato, que nunca te vea con cara de enojada, seria o triste.
Tras casi tres décadas de entregar lo mejor de sí a la empresa, la pregunta obligada es: ¿qué sigue ahora? Laura sonríe y dice: ”Voy a descansar y a estar con mi mamá. Mis hijos ya hicieron su vida fuera, y ahora solo estamos ella y yo. Me voy para cuidarla y estar más tiempo con ella”.
La tarea de Laura ahora será estar con su mamá y disfrutar a sus hijos, ahora los dos convertidos en profesionistas, uno ingeniero en sistemas y otro médico neumólogo, quienes ya le dieron nietos. “El mayor de mis nietos tiene 15 años, sigue Luisito de 6, José David de 4, Danielito 6 meses y pues viene un bebé en camino”.
Clientes le desean éxito
“Muchas gracias por todo el apoyo recibido de su parte. Ha sido un placer conocerla. Le deseo lo mejor.
Lic. Paúl Aguilasocho
“Se le va a extrañar, gracias por su apoyo y estamos a la orden”
Lic. Martín Mora
“Muchas gracias, Laura por su apoyo. Felicidades por su jubilación que vengan muchas cosas buenas”.
Lic. Fernando Lizárraga Obeso
“Felicidades, Laura, que disfrute su retiro”.
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