Científicos proponen extender áreas marinas protegidas para preservar de la pesca al tiburón sedoso
Los tiburones sedosos, de los más pescados a nivel mundial, pasan más de la mitad de su tiempo fuera de áreas protegidas, exponiéndose a la pesca industrial
Texto: Ana Cristina Alvarado
Los tiburones sedosos no son los más grandes de su género, miden en promedio unos dos metros y medio. Sin embargo, tienen la capacidad de nadar 45 kilómetros diarios. Esta característica que los hace admirables también los vuelve vulnerables. Un estudio reciente encontró que los Carcharhinus falciformis pasan la mitad de su tiempo en zonas pesqueras y el resto lo pasan dentro de alguna área marina protegida del Pacífico Este Tropical.
“Están ranqueados como una de las dos especies más pescadas a nivel mundial por su tendencia a agregarse en cardúmenes de atún [para alimentarse]”, explica Pelayo Salinas de León, investigador de la Fundación Charles Darwin de Galápagos y coautor del artículo científico publicado a inicios de 2026 en Biological Conservation.
Mientras persiguen su alimento favorito, caen en cercos de pesca y palangres –una línea madre de la cual penden múltiples ramales con anzuelos–, describe el investigador. La especie está clasificada como “Vulnerable” en la Lista Roja de Especies Amenazadas de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN).
No obstante, la Convención sobre el Comercio Internacional de Especies Amenazadas de Fauna y Flora Silvestres (CITES) clasifica a la especie en su Apéndice II. Es decir, se permite su comercialización. Además, la Comisión Interamericana del Atún Tropical (CIAT), el organismo de regulación pesquera regional, autoriza que los palangreros retengan hasta un 20 % por peso de tiburón sedoso.
“El 20 % de la captura total de un viaje puede suponer muchas toneladas de tiburón. [El permiso] no discrimina por tallas, sexo, condición reproductiva ni fisiología”, señala Irene Casanova, bióloga marina e investigadora de la organización no gubernamental mexicana Pelagios Kakunjá. Por eso, opina que el artículo de sus colegas es novedoso y necesario. “Aporta una evidencia útil para la conservación del tiburón sedoso”, afirma.
El estudio encontró que los tiburones pasaron el 46.95 % de su tiempo dentro de alguna área marina protegida. Si se consideran solo las zonas de protección total, donde la pesca está 100 % prohibida, el tiempo se reduce al 41.76 %. Por los riesgos que los sedosos enfrentan fuera de las áreas marinas protegidas, los autores sugieren expandir la Reserva Marina Hermandad, ubicada al noreste de las Islas Galápagos, hacia el norte y el oeste, zonas identificadas de alto riesgo para la especie.
Cuarenta tiburones marcados para estudiar sus trayectos
Los científicos viajaron en embarcación hasta las islas Darwin y Wolf, donde hay una de las mayores concentraciones de tiburones en el mundo. Antes de su llegada, prepararon anzuelos sin muerte, es decir, sin la pequeña púa tras la punta, minimizando el daño al animal. “Se lima el mecanismo para retener al tiburón, con lo cual la soltada es más fácil después de instalar el transmisor satelital”, explica Salinas de León.
Una vez que capturan un tiburón, esperan a que esté cansado y lo acercan al lateral de la embarcación. Sin sacarlo del agua, para que pueda respirar, se hace la maniobra de marcaje. En menos de siete minutos, los especialistas instalan el equipo tecnológico en la aleta dorsal. “Se prioriza el bienestar del animal”, asegura el investigador de ecología y conservación de tiburones.
Se marcaron 40 individuos: 33 hembras y siete machos. Los investigadores no saben a ciencia cierta si es que hay épocas del año preferidas por las hembras para nadar en esa zona, si es una zona importante para ellas a lo largo del año o si son más propensas a morder anzuelos. Lo que queda claro al momento es que muchas especies de tiburones tienen una segregación sexual: “chicos por un lado y chicas por otro”, puntualiza Salinas de León.
Reconstruyeron las transmisiones que duraron más de 30 días. Eso les dejó un total de 38 trayectorias válidas para analizar. Es decir, dos tiburones, una hembra y un macho, pudieron perder sus transmisores. Esto sucede por diferentes razones, por ejemplo, pueden caerse, dañarse u otros animales pueden morderlos.
Durante dos años, los transmisores mostraron en tiempo real la posición de los 38 tiburones, una cantidad de ejemplares que permitió obtener patrones robustos sobre las rutas migratorias de la especie.
Una vez que se agotaron las baterías, se filtraron los datos para hacer análisis estadísticos de los movimientos y crear zonas de distribución. Así pudieron conocer la cantidad de tiempo que pasaron en áreas protegidas marinas y en zonas donde operan flotas pesqueras.
Los datos mostraron que los sedosos pasaron la mayor parte de su tiempo en Galápagos, con un 36.41 %. “Tenemos datos que muestran que pueden viajar a lo largo de distancias bastante grandes, así que me sorprendió que pasen tanto tiempo en la Reserva Marina de Galápagos”, dice Mahmood Shivji, profesor en Nova Southeastern University, otra de las instituciones que lideró el estudio a través de la Fundación Save Our Seas y The Guy Harvey Research Institute.
A pesar de su alta movilidad, pasaron muy poco tiempo en otras áreas protegidas. Por ejemplo, en la recién creada Reserva Marina Hermandad, ubicada en Ecuador, Colombia, Costa Rica y Panamá, solo pasaron un 3.96 % de su tiempo y menos del 1 % en el Parque Nacional Isla de Cocos, en Costa Rica.
Pocos datos pesqueros
Los investigadores usaron información de Global Fishing Watch, una plataforma en línea y de acceso libre que monitorea la actividad pesquera industrial casi en tiempo real. Aunque es una fuente importante, los datos abiertos de embarcaciones no representan a toda la flota que opera en la región.
Salinas de León detalla que los datos disponibles para descargar son del sistema de rastreo AIS (Sistema de Identificación Automática), pero solo una fracción de las embarcaciones pesqueras lo usan. La mayoría tiene el sistema de posicionamiento VMS (Sistema de Monitoreo de Buques), pero estos datos no están abiertos al público. Además, puntualiza, gran parte de las embarcaciones de las flotas artesanal y semiindustrial no tienen sistemas de rastreo.
En el artículo se especifica que en el Pacífico Este Tropical, solo Ecuador, Panamá, Costa Rica y Perú proporcionan datos de VMS a Global Fishing Watch. No obstante, los datos solo pueden visualizarse en mapas específicos y no pueden descargarse para realizar análisis científicos detallados.
“Creo que es urgente que se comparta la información”, dice Irene Casanova, quien junto a Pelagios Kakunjá está rastreando a 30 tiburones sedosos marcados en el Archipiélago de Revillagigedo, México. “La solución sería que los gobiernos hagan obligatorio que se compartan los datos y, sobre todo, que se haga colaboración entre la comunidad científica y los gobiernos”, añade.
Debido a estos vacíos de información, los datos de Global Fishing Watch indicaron un riesgo diario aparentemente bajo para los tiburones sedosos.
Los riesgos fuera de las áreas protegidas: las flotas pesqueras
Cuando estos grandes depredadores cruzan los límites de las áreas protegidas, corren el riesgo de ser pescados, señala Salinas de León. Durante el rastreo, hubo tres eventos de pesca de los individuos marcados. El primero se dio fuera de la Reserva Marina de Galápagos, en aguas ecuatorianas; el segundo sucedió en el área económica exclusiva de Costa Rica; y el tercero, en aguas internacionales, entre el sur de El Salvador y el norte de Ecuador.
Los casos se confirmaron porque los transmisores terminaron en puertos pesqueros: dos de ellos en Punta Arenas, Costa Rica; y el último en Manta, Ecuador. “Ha habido más eventos, ahora llevamos el trabajo para ver en dónde están esas zonas de desaparición de los transmisores satelitales”, dice el investigador de la Fundación Charles Darwin.
Entre julio y noviembre, al oeste de las Islas Galápagos, en aguas internacionales, hay un fenómeno de afloramiento. Las presas de los sedosos nadan hacia esa zona y los tiburones y las flotas pesqueras van detrás. Aquí es cuando los ‘silkies’, como los llaman cariñosamente por su nombre en inglés, enfrentan mayor esfuerzo pesquero.
“Si vamos a protegerlos, tenemos que expandir las áreas marinas protegidas hacia el oeste”, afirma Shivji. El experto en la conservación y el manejo de tiburones y otras especies del océano señala que el Tratado de Altamar, que entró en vigencia a inicios de 2026, es el mecanismo que permitirá que se establezcan áreas marinas protegidas en aguas internacionales. “Como todo, es bastante político y va a tomar tiempo, pero es lo que debemos hacer”, afirma.
El tiburón sedoso no es el único que se beneficiaría de esta propuesta. Otros estudios demuestran que el tiburón martillo común y el tiburón ballena también usan esta zona, de acuerdo con Shivji.
El investigador reconoce que la presión pesquera no parará, pero el objetivo es encontrar herramientas de manejo que permitan que los tiburones sedosos no desaparezcan. El también genetista señala que la diversidad genética –necesaria para que las especies se adapten y sobrevivan– requiere de “grandes números de individuos”, por lo que hay que implementar medidas antes de que las poblaciones continúen decayendo.
Reforzar las medidas de protección
Salinas de León opina que hace falta revisar la clasificación del sedoso en la Lista Roja de Especies Amenazadas, pues “los volúmenes de captura actual son un riesgo”.
El investigador explica que al comparar a esta especie con otros tiburones con historias de vida similares, se concluye que “no se puede sostener una pesca severa durante tanto tiempo”. Estos animales son de crecimiento lento, reproducción tardía y tienen pocas crías, por lo que las poblaciones estarían disminuyendo a un ritmo mayor que su capacidad para reponerse.
Además, a su parecer, todas las especies en la Lista Roja deberían estar incluidas en el Apéndice I de CITES, con el fin de prohibir su comercialización y promover su protección efectiva.
El estudio señala que la Comisión Atunera ha implementado medidas, como la prohibición de retención de tiburones sedosos en buques de cerco. Aunque es un paso importante, Irene Casanova asegura que se necesita más información biológica para tomar una medida concreta. “Hay una mortalidad postliberación que no es evaluada”, dice.
Para la experta, hay que modificar los artes de pesca y los dispositivos de agregación flotantes, los cuales, asegura, son los que tienen más índice de pesca incidental de tiburón sedoso.
Shivji celebra que junto a sus equipos ya esté trabajando la Comisión Atunera. Asegura que existe un gran interés en la protección del tiburón sedoso y del tiburón martillo común. El organismo de regulación pesquera cuenta con observadores que viajan a zonas bastante alejadas, donde por recursos es difícil que los científicos lleguen. Por lo tanto, esta sería una oportunidad para obtener información clave para la conservación.
Por último, Salinas de León insiste en que dado que los datos muestran que los sedosos pasan más de la mitad de su tiempo en zonas expuestas a la pesca, es urgente que se formulen políticas pesqueras basadas en criterios biológicos y enfocadas en la sostenibilidad de los ecosistemas marinos.
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