Del mercado al fondo del océano: encuentran plásticos a 4 mil metros de profundidad frente a Ecuador
Un estudio documentó la presencia de bolsas, envases de alimentos y artes de pesca a más de 3 mil 900 metros de profundidad frente a las costas de Ecuador. Los investigadores compararon estos hallazgos con seis años de monitoreo en una playa de Salinas y las similitudes apuntan a una posible conexión entre la contaminación costera y la que llega a las profundidades marinas
Desde el interior del NAUTILE, un submarino de investigación, François Michaud observaba el paisaje del fondo marino frente a las costas de Ecuador. A casi 4000 metros de profundidad, donde la luz del sol ya no llega y la temperatura ronda los 2 °C, una mancha oscura llamó su atención. Al principio pensó que se trataba de una roca desprendida de alguna pendiente. Pero, cuando el piloto acercó el vehículo, descubrió un trozo de plástico negro que se mecía sobre la arena, junto a una colorida bolsa de mercado.
La sorpresa fue mayor porque Michaud, geólogo del laboratorio Géoazur, en Francia, ya había realizado inmersiones científicas frente a las costas de México y Perú desde 1994 y no recuerda haber visto tantos residuos como los que encontró frente a Ecuador. “Nunca vi tantos plásticos, es decir, se multiplicó o se contaminó mucho más que hace 30 años”, comenta en entrevista con Mongabay Latam.
La expedición SUPER-MOUV, realizada entre enero y febrero de 2024, no tenía como objetivo buscar basura marina, sino investigar procesos geológicos en el margen continental de Ecuador, en particular la circulación de fluidos del fondo oceánico y su relación con la actividad sísmica. Sin embargo, las 13 inmersiones del sumergible NAUTILE —cuyas observaciones abarcaron más de 560 000 metros cuadrados y quedaron registradas en 222 horas de video— revelaron residuos plásticos desde la plataforma continental hasta el talud y la fosa abisal.
Entre los hallazgos había bolsas, envolturas de alimentos, recipientes relativamente intactos y artes de pesca degradadas, objetos principalmente hechos de polietileno, polipropileno y nailon.
La investigación, publicada en la revista Frontiers in Marine Science, representa el primer registro publicado de contaminación por plásticos en el fondo abisal del Pacífico ecuatorial oriental. El estudio también compara estas observaciones con los hallazgos obtenidos en seis años de monitoreo de residuos en una playa de la ciudad costera de Salinas, Ecuador. Esta información le permitió a los científicos explorar posibles conexiones entre la contaminación costera y la basura que llega a las profundidades.
Para Franklin Ormaza-González, oceanógrafo e investigador de la Escuela Superior Politécnica del Litoral (ESPOL), la posible conexión cobró relevancia cuando Michaud les mostró la fotografía de aquella bolsa colorida encontrada en el fondo marino. Era la típica bolsa plástica de mercado ecuatoriano, con franjas amarillas, azules y rojas, recuerda el científico.
“La vimos igualita a las que encontramos en la playa, ¿cómo llegó a 4000 metros?”, se preguntó Ormaza. “Entonces nos pusimos a trabajar en serio comparando el plástico de la playa con el plástico de los fondos”.
De la playa al fondo marino
La comparación con la costa fue posible gracias al trabajo de Ormaza-González y Dafne E. Vera-Mosquera, oceanógrafa y coautora del estudio. Desde mayo de 2019, ambos revisan periódicamente los residuos que se acumulan en una estación fija de 100 metros cuadrados en una playa de Salinas. El objetivo es observar los cambios en las condiciones ambientales.
La estación se encuentra dentro de la Reserva Marina de Salinas, que abarca algunas de las playas más visitadas de Ecuador. Sin embargo, pese a su estatus de protección, estas figuran también entre las más contaminadas por plásticos del país, advierte el estudio.
Entre 2019 y 2025, el equipo documentó y recolectó 152.9 kilogramos de desechos en esa área. Los registros muestran que, en promedio, cada metro cuadrado acumuló 5.7 gramos de basura por semana. Los datos también permitieron observar variaciones estacionales. En periodos que coinciden con vacaciones o días feriados donde hay una mayor afluencia turística, aumentaron los envases y empaques desechables asociados al consumo de alimentos y bebidas.
Aunque las semejanzas entre los residuos de la playa y los del fondo marino sugieren posibles conexiones, no permiten determinar el origen de cada objeto ni reconstruir su recorrido. Las corrientes, el relieve submarino y los desplazamientos de sedimentos podrían transportar y concentrar plásticos en ciertas zonas.
Ormaza plantea que la acumulación de bacterias y otros organismos sobre los plásticos podría aumentar su densidad y favorecer que se hundan. “El plástico en los primeros días que está en el agua es un sustrato de bacterias”, explica. “La bacteria se llena de otras especies mayores en la cadena trófica, se aglomeran y la densidad del plástico es mayor”.
La expedición encontró residuos cerca de zonas de filtraciones frías donde habitan comunidades de almejas, mejillones, gusanos tubícolas y microorganismos. Aunque el estudio no evaluó sus efectos sobre estos organismos, las fotografías sugieren posibles interacciones entre algunos moluscos y los plásticos. Estos residuos también podrían transportar bacterias y especies no nativas hasta las profundidades, señalan los autores.
Para Carlos Martillo-Bustamante, geólogo e investigador de la ESPOL, estos hallazgos muestran hasta dónde pueden llegar las consecuencias de las actividades humanas. “Lo vemos en la playa, lo conversamos en nuestro barrio, pero darnos cuenta de que con nuestras actividades y nuestras decisiones podemos impactar tan profundo en nuestro planeta, nos debería llevar a una reflexión bastante fuerte de que tenemos que medir nuestras acciones como humanidad”, dice.
Pero los impactos también son visibles en la superficie. Dafne Vera Mosquera ha documentado cómo los residuos plásticos también se incorporan a los espacios que utilizan los animales en la costa. Durante el monitoreo en Salinas, el equipo encontró plásticos enterrados en la arena en zonas de anidación de tortugas y registró cangrejos que llevaban fragmentos hasta sus madrigueras.
“Los animales comen el plástico o se enredan en los residuos que todavía están bien constituidos o que son demasiado largos, y hay ese impacto sobre la vida animal en el océano a mayor profundidad, no solo en la playa”, describe la especialista.
Los desafíos de explorar el fondo marino
Explorar el fondo oceánico plantea desafíos muy distintos a los del monitoreo en una playa. Las inmersiones son costosas, el espacio dentro del sumergible es reducido y el tiempo de observación es limitado, por lo que no siempre es posible detenerse a examinar o recoger cada residuo.
“Cuando se hace una inmersión en el NAUTILE, estamos en una esfera de 2.1 metros de diámetro. Es muy estrecho, incómodo y hace frío”, describe Michaud. A esto se suma la presión de miles de metros de agua sobre el sumergible. “Da un poco de miedo”, confiesa el geólogo.
Estas condiciones también dificultan contar la basura que se encuentra en el fondo marino. Los videos permitieron a los investigadores ubicar los residuos y volver a revisar las imágenes después de las inmersiones. Sin embargo, como la expedición estaba enfocada en estudiar la geología y no en buscar plásticos, los hallazgos fueron fortuitos y las estimaciones tienen un margen de incertidumbre. Además, no se recolectaron muestras de los residuos encontrados en las profundidades para confirmar su composición mediante análisis químicos.
Juan Pablo Lozoya, investigador uruguayo especializado en el monitoreo de plásticos y microplásticos y en campañas de exploración de aguas profundas como Uruguay Sub200, coincide en los principales obstáculos para estudiar el problema. “Lo más difícil es evaluar la presencia de esta contaminación y dimensionarla en estos ambientes tan extremos y de tan difícil acceso”, explica el científico, quien no participó en el estudio ecuatoriano.
Los plásticos pueden enredar a los animales, obstruir su aparato digestivo o liberar aditivos y contaminantes adheridos a los microplásticos. Sin embargo, evaluar sus efectos en la fauna de aguas profundas requiere investigaciones específicas.
Durante Uruguay Sub200, Lozoya y su equipo observaron residuos plásticos grandes y recolectaron muestras del fondo marino y de la columna de agua para investigar la presencia de microplásticos. Aunque los análisis aún no han arrojado resultados, el investigador destaca que las profundidades podrían albergar parte de las partículas que no aparecen en las estimaciones globales.
“Hay un faltante de microplásticos que no se sabe dónde está, en qué compartimento ambiental puede estar. Y los fondos abisales son uno de ellos”, advierte.
El mar no puede soportar todo
Para los investigadores, una vía para avanzar sería realizar campañas específicamente diseñadas para estudiar la contaminación por plásticos en aguas profundas. François Michaud plantea que aumentar las observaciones y utilizar cámaras adecuadas permitiría obtener estimaciones más precisas. También propone estudiar los sedimentos para investigar si los microplásticos llegan hasta esas profundidades. Por su parte, Carlos Martillo Bustamante señala que podrían revisarse los núcleos recolectados durante la expedición para buscar posibles residuos plásticos.
La comparación entre los datos de Salinas y los registros del NAUTILE muestra por qué es importante observar la contaminación en distintos ambientes marinos. En la playa, la radiación solar, el calor, el viento y el oleaje favorecen la fragmentación de los residuos, explican los investigadores. En cambio, en el fondo abisal, las bajas temperaturas y la escasa radiación ultravioleta pueden hacer más lenta su degradación, por lo que algunos materiales podrían permanecer allí durante más tiempo.
“A veces pensamos que el mar es infinito y que lo puede soportar todo, pero no es tan cierto”, concluye Martillo Bustamante. “Es decir, al final, hay sitios donde se va acumulando. Definitivamente, hay que tener conciencia de que esas actividades pueden llegar a afectar de manera grave al planeta en sitios que ni nos imaginamos”.
Aunque todavía quedan muchas preguntas por responder sobre la cantidad de plástico que llega a las profundidades y sus efectos en los ecosistemas marinos, los hallazgos muestran que la contaminación no termina en la costa. Para François Michaud, la posibilidad de reducir este problema depende, en parte, de cambiar hábitos de consumo y evitar que los residuos lleguen al océano.
“Intento ser optimista, aunque lo que se observa es muy preocupante”, concluye Michaud. “Hay muchos problemas, como el cambio climático, que para mí son bastante difíciles de resolver. En comparación, el problema del plástico me parece quizás más fácil, entre comillas, de resolver y controlar. Se puede consumir menos plástico; creo que sí podemos encontrar soluciones para disminuir esta contaminación”.
REFERENCIA
Michaud F, Ormaza-González FI, Martillo-Bustamante C, Vera-Mosquera DE, Gougeon M, Ratzov G, Lebrun J-F, Collot J-Y, Reyes P, Boulart C, Noel L, Marcaillou B, Sosson M, Palagonia S, Galve A, N’guetta K and Proust J-N (2026). Plastic debris in the Ecuadorian shoreline, coastal and deep-water zones of the eastern Pacific margin. Front. Mar. Sci. 13:1870781. doi: 10.3389/fmars.2026.1870781