El cambio climático también afecta el descanso: estudio estima que las personas pierden horas de sueño por el aumento de las temperaturas nocturnas
Un análisis de Climate Central estima que entre 2020 y 2025 cada persona perdió cerca de 56 horas de descanso al año por las altas temperaturas durante la noche
El aumento de las temperaturas durante la noche, impulsado por el cambio climático, ya está reduciendo las horas de sueño de las personas en todo el mundo. Un nuevo análisis de Climate Central concluye que entre 2020 y 2025 una persona perdió, en promedio, cerca de 56 horas de sueño al año debido al calor nocturno. De ese total, más de seis horas anuales son atribuibles directamente al cambio climático causado por las emisiones de gases de efecto invernadero y la deforestación.
Uno de los principales hallazgos es que la contribución del calentamiento global a la pérdida de sueño al menos se duplicó desde comienzos de la década de 1970 en 1335 de las 1338 ciudades estudiadas, lo que evidencia que este problema se ha intensificado con el paso de los años.
América Latina figura entre las regiones donde el fenómeno ya tiene efectos importantes, especialmente en ciudades tropicales y costeras. Barranquilla, en Colombia, y Acapulco, en México, registran las mayores pérdidas de sueño de la región, con alrededor de 93 horas anuales debido a las altas temperaturas nocturnas. De ese total, seis horas están relacionadas directamente con el cambio climático.
También aparecen entre las ciudades más afectadas Cartagena, con 91 horas de sueño perdidas al año; Cancún, con 91 horas; y Belém, en Brasil, con 84 horas. En Caracas y Cali, el estudio estima pérdidas de 67 y 61 horas anuales, respectivamente, mientras que en Brasilia la cifra alcanza las 52 horas. Incluso ciudades de clima más templado muestran impactos medibles: en Buenos Aires las personas perdieron en promedio 44 horas de sueño al año, de las cuales cuatro se atribuyen al cambio climático.
Los investigadores advierten que las noches cada vez más cálidas dificultan que el cuerpo reduzca su temperatura durante el descanso, un proceso esencial para lograr un sueño reparador. La evidencia científica indica que dormir poco o dormir mal aumenta el riesgo de enfermedades cardiovasculares, diabetes, hipertensión, problemas de salud mental, accidentes y deterioro del rendimiento cognitivo.
Para Courtney Howard, presidenta de la Alianza de Clima y Salud, las alteraciones del sueño deben considerarse una preocupación creciente para la salud pública y la productividad humana. En la misma línea, Rita Issa, investigadora de clima y salud del Tyndall Center, advierte que las noches más calurosas provocadas por el cambio climático agravan el estrés, la fatiga, los problemas de concentración y otras afecciones de salud, por lo que el descanso debe incorporarse al debate sobre los impactos del calentamiento global.