El progreso no debe dejar nuevas ruinas a su paso: León XIV

Vatican News
12 septiembre 2026

El Papa se reunió con los participantes del Encuentro Fratelli tutti: Diálogo socioambiental Norte-Sur, celebrado en Roma, y destacó la responsabilidad compartida ante los desafíos sociales, económicos y tecnológicos. En su discurso, el Pontífice recordó que las decisiones deben respetar la dignidad humana y tener en cuenta, especialmente, a quienes tienen menos poder para defenderse

Las diferencias no tienen por qué conducir a la división. Pueden convertirse en una fuerza creativa cuando son acompañadas por la responsabilidad compartida y orientadas hacia el bien común. Esta fue una de las claves del mensaje del Papa León XIV a los participantes en el IV Encuentro Sinodal “Fratelli Tutti”, a quienes recibió este sábado 12 de septiembre de 2026 en audiencia en el Palacio Apostólico Vaticano. El evento se ha desarrollado desde el jueves 10 hasta este sábado 12 en la Casa Generalicia de La Salle, en Roma.

En su extenso discurso, alternado entre el español y el inglés, el Pontífice saludó a los representantes del Consejo Episcopal Latinoamericano y Caribeño, de la Conferencia Eclesial Amazónica y de la Conferencia de los Obispos Católicos de Estados Unidos. A su vez, valoró la constancia con la que, durante cinco años, han sostenido junto a la Pontificia Comisión para América Latina un camino de diálogo socioambiental Norte-Sur.

También agradeció la presencia de representantes de organismos internacionales, bancos regionales de cooperación, empresas, fundaciones, centrales sindicales, cámaras de empleadores, universidades, redes eclesiales y organizaciones sociales.

La amplitud de esta representación, señaló, confiere un interés particular al encuentro, pues reúne a actores con responsabilidades en ámbitos decisivos para la vida social, económica y cultural. Su presencia expresa, afirmó, la voluntad de continuar un diálogo capaz de traducirse en modelos de desarrollo “más humanos, sostenibles y solidarios”, que protejan la dignidad de cada persona y presten especial atención a quienes corren el riesgo de quedar al margen.

“Un diálogo valiente y confiado”

León XIV vinculó este esfuerzo con una dimensión esencial de la misión de la Iglesia. Recordó que, al inicio de su pontificado, había señalado ante el Colegio Cardenalicio, el 10 de mayo de 2025, la necesidad de un “diálogo valiente y confiado con el mundo contemporáneo en sus diferentes componentes y realidades”.

El diálogo con el mundo, explicó, no constituye para la Iglesia una actividad secundaria, sino que pertenece a su propia misión evangelizadora. La Iglesia anuncia el Evangelio en medio de las circunstancias concretas en las que viven los pueblos y, por ello, está llamada a mirar de frente la realidad de hombres y mujeres.

“El imperativo del Evangelio de cuidar a los pobres exige, además, que esa mirada se dirija de modo particular hacia quienes padecen con mayor gravedad las consecuencias de los cambios sociales, económicos y tecnológicos.”

El Papa recordó en este contexto que la Iglesia está llamada a “asumir la realidad” y también a desenmascarar las contradicciones que pueden acompañar al progreso científico y tecnológico, cuyas posibilidades inéditas plantean nuevas responsabilidades, como manifestó en la catequesis de la Audiencia General del miércoles 2 de septiembre.

¿Qué humanidad queremos construir?

Ante el desarrollo tecnológico, León XIV invitó a ir más allá de la simple aceptación o rechazo de determinadas herramientas. La cuestión decisiva, sostuvo, es “qué humanidad queremos construir y qué lugar tendrá en ella cada persona”.

El Pontífice situó esta pregunta en el horizonte de la fe cristiana: Dios ha entrado en la historia y, en Jesucristo, ha asumido la humanidad. La Iglesia, por tanto, está llamada a discernir dentro de la historia aquello que sirve verdaderamente al ser humano y aquello que puede terminar volviéndose contra él.

Las transformaciones de nuestro tiempo, añadió, exigen una responsabilidad que supera las posibilidades de cualquier institución aislada. De ahí la necesidad de recuperar la lógica de la subsidiariedad, reconociendo la responsabilidad propia de cada actor y, al mismo tiempo, la necesidad de trabajar juntos.

En este sentido, valoró la iniciativa de la Iglesia en las Américas para promover una Agenda de Responsabilidad Compartida Norte-Sur de Cooperación Multisectorial.

“Cuando instituciones públicas, empresas, trabajadores, universidades, comunidades y organizaciones sociales comparten sus conocimientos, sus capacidades y sus recursos al servicio del bien común, toma forma concreta una convicción que ha ido madurando en la Doctrina social de la Iglesia y que mis Predecesores han desarrollado de diversos modos: los grandes desafíos sociales requieren responsabilidad compartida, participación y colaboración entre los distintos cuerpos de la sociedad.”

Las diferencias no deben convertirse en fragmentación

El Papa vinculó esta perspectiva con la “amistad social” propuesta por Francisco en Fratelli tutti. Una agenda de responsabilidad compartida puede contribuir, afirmó, a que las diferencias legítimas no se conviertan en fragmentación.

En su primera encíclica, Magnifica humanitas, León XIV ha subrayado que el pluralismo necesita un principio de unidad que permita orientarlo hacia fundamentos comunes y hacia el fin último de la persona.

“La experiencia sinodal de la Iglesia puede ofrecer aquí una enseñanza: escuchar verdaderamente las diferencias no significa diluirlas, sino aprender a discernirlas y a buscar, desde ellas, aquello que puede servir al bien de todos.”

En este sentido, remarcó que el desafío resulta especialmente importante en una época marcada por narrativas polarizadas que encuentran una rápida amplificación y en la que el enfrentamiento puede convertirse fácilmente en instrumento de poder. Que personas e instituciones diferentes hayan decidido sentarse a una misma mesa, señaló, ya comporta una responsabilidad. También acotó que el verdadero diálogo exige más que cordialidad: requiere permanecer en la conversación cuando surgen intereses contrapuestos y cuando las decisiones reclaman renuncias concretas.

Para los creyentes, además, la fraternidad posee un fundamento que precede cualquier acuerdo: “tenemos un mismo Padre”. León XIV retomó así una afirmación de Fratelli tutti: “sin una apertura al Padre de todos, no habrá razones sólidas y estables para el llamado a la fraternidad”.

“No tengan miedo”

En la parte pronunciada en inglés, el Pontífice se detuvo en las res novae, las nuevas realidades que caracterizan nuestro tiempo, y habló de un movimiento de reflexión y acción que requiere instituciones capaces de regular sin sofocar y proteger sin asumirlo todo.

También señaló la responsabilidad de las empresas, llamadas a reconocer el trabajo y la dignidad como medidas de éxito; de las organizaciones intermedias y comunidades educativas, que pueden contribuir a reconstruir la confianza y las relaciones; y de los ciudadanos, llamados a cultivar la responsabilidad, la moderación, el discernimiento y el sentido de la verdad.

“«No tengan miedo» es una exhortación que mis predecesores repitieron en momentos decisivos de la vida de la Iglesia. Yo también quisiera hacerla mía hoy, ya que «no debemos dejarnos intimidar por las tensiones o las diferencias, pues estas pueden convertirse en fuerzas creativas cuando están guiadas por la responsabilidad compartida» (MH, 13).”

Las tensiones y diferencias, explicó, no deben intimidar, porque pueden convertirse en “fuerzas creativas” cuando están guiadas por una responsabilidad compartida.

La Doctrina social como proceso de discernimiento

En este camino, el Papa destacó el aporte de la Doctrina social de la Iglesia. Muchos de los organismos presentes, señaló, la conocen, la estudian y contribuyen a difundirla.

Sin embargo, precisó, no se trata de un manual de principios y normas que deba aplicarse mecánicamente, sino de “un proceso de discernimiento compartido”.

Sus principios no sustituyen las decisiones que corresponde tomar a los distintos actores. Ofrecen, más bien, criterios para juzgar si esas decisiones respetan verdaderamente la dignidad humana y sirven al bien común. Por ello, el valor de los consensos alcanzados no puede medirse únicamente por el número de personas que los respaldan. Debe reconocerse también por los intereses que consiguen proteger y, especialmente, por el impacto que tienen en la vida de quienes poseen menos poder para defenderse.

La justicia social constituye, en este sentido, un criterio decisivo. Un orden social, económico y político puede ser verdaderamente humano cuando permite a todos, “particularmente a los más débiles”, vivir una vida digna sin dejar a nadie atrás.

La imagen de Nehemías

Al concluir su intervención, el Sucesor de Pedro recurrió a la figura bíblica de Nehemías, que presentó al término de Magnifica humanitas como imagen de una tarea colectiva.

Ante una Jerusalén en ruinas, recordó, Nehemías escuchó el sufrimiento de su pueblo, lo llevó ante Dios, discernió qué debía hacerse, buscó los recursos necesarios y organizó un proyecto que solo podía realizarse mediante la participación de muchas personas.

El Papa propuso esta imagen a los participantes del encuentro. También hoy, afirmó, “grandes edificaciones” se derrumban allí donde el progreso deja de servir a la persona, donde el trabajo pierde su dignidad, donde comunidades enteras son marginadas o donde la tecnología termina profundizando las divisiones que debería ayudar a superar.

“Al igual que Nehemías, deben «entrar en las obras de la historia —laboratorios de investigación, empresas tecnológicas, escuelas, medios de comunicación, instituciones y comunidades locales— para reconstruir lo que se ha derrumbado y proteger lo que está amenazado» (MH, 241). Además, los invito a dejarse desafiar por los signos de los tiempos y a acoger las aportaciones de las ciencias, de las culturas y de las experiencias humanas para discernir posibles caminos a seguir.”

Una cultura de negociación al servicio de la paz

El Obispo de Roma alentó asimismo a cultivar una “cultura de la negociación”, entendida como parte de una política mejor, capaz de buscar el bien común por encima de los intereses particulares.

La negociación, señaló, puede abrir caminos allí donde las diferencias parecen cerrar toda posibilidad de encuentro. De este modo, quienes participan en este proceso pueden contribuir también a la diplomacia de paz que necesita el mundo.

El Pontífice volvió nuevamente a Nehemías: no reconstruyó Jerusalén solo. Convocó a su pueblo y cada persona asumió la parte que le correspondía.

“Ahora les toca a ustedes reconocer qué parte de esta labor compartida se les ha confiado. Que el progreso de nuestra época no deje nuevas ruinas a su paso, y que todo lo que construyamos sea verdaderamente un hogar y un refugio para todos, empezando por los más necesitados.”

El deseo final de Prevost fue que el progreso de nuestro tiempo no deje nuevas ruinas a su paso y que aquello que se construya pueda convertirse verdaderamente en “un hogar y un refugio para todos”, comenzando por quienes más lo necesitan.

La audiencia terminó con la invitación del Papa a rezar juntos el Padre Nuestro, seguida de la Bendición Apostólica del Santo Padre.