Entre la celebración y el miedo: la lucha comunitaria que disputa el Mundial a la sombra del ICE
El deporte, al reflejar la sociedad, no puede ser ajeno a la crisis humanitaria que se vive en las fronteras y las calles del país anfitrión, señala colectivo
El silbatazo inicial del Mundial 2026 resonó finalmente en el SoFi Stadium de Los Ángeles, el viernes 12 de junio, marcando el comienzo del torneo en suelo estadounidense; sin embargo, el ambiente en las ciudades anfitrionas dista mucho de ser la celebración cosmopolita que prometía el eslogan de la FIFA.
Bajo las luces de los estadios, se despliega una realidad marcada por la vigilancia fronteriza, la exclusión de comunidades vulnerables y el cuestionamiento ético sobre el papel del organismo rector del futbol como garante de derechos humanos, especialmente bajo la sombra de un endurecimiento radical de las políticas migratorias de la administración Trump.
A medida que el torneo daba inicio, las calles de las sedes se convirtieron en espacios de resistencia activa; diversas organizaciones de la sociedad civil y sindicatos coordinaron una respuesta plural que buscó visibilizar las denuncias contra la intimidación institucional.
Desde talleres de capacitación sobre derechos para enfrentar posibles redadas hasta torneos de futbol juvenil en barrios estratégicos de Brooklyn —que funcionaron como redes de apoyo mutuo y centros de acopio de información para familias afectadas—, la movilización ha sido una respuesta directa al clima de miedo que rodea la competición.
Asimismo, la Sport and Rights Alliance, coalición global que trabaja para que atletas, aficionados, trabajadores y comunidades locales vean respetados sus derechos en el ámbito deportivo, ha desplegado una red para monitorear el terreno, exigiendo a la FIFA garantías públicas de no discriminación y protección para las comunidades migrantes y LGBTI.
El silencio de la FIFA ante la política del miedo
La Sport and Rights Alliance ha sido una de las voces más críticas ante la gestión de este torneo. Andrea Florence, su directora ejecutiva, señala un punto de inflexión alarmante: la creación de un galardón inédito entregado por el propio presidente de la FIFA, Gianni Infantino, el 5 de diciembre de 2025, durante el sorteo de la Copa Mundial 2026 celebrado en Washington D. C. al Presidente Donald Trump.
“La FIFA creó el premio de la paz nunca antes visto y se lo otorgó al presidente Donald Trump. Así pues, en lugar de exigir responsabilidades al principal organizador del evento por sus obligaciones en materia de derechos humanos, la FIFA creó un premio que relega a un segundo plano la importancia de los derechos humanos, y eso, además, daña la imagen del principal anfitrión del evento de este año”.
Para Florence, esta condecoración no es solo un gesto simbólico, sino una validación política que compromete la legitimidad de la FIFA al priorizar sus alianzas con figuras de poder frente a su deber de proteger a los jugadores, periodistas y aficionados.
“La Copa Mundial de este año es la primera que ha tenido en cuenta los derechos humanos desde la fase de la candidatura hasta la implementación, y ahora durante su desarrollo, pero lo que hemos visto hasta ahora es decepcionante”, lamenta la activista, quien afirma que “se debieron evaluar los riesgos relacionados con el evento, desarrollar un plan de mitigación e implementarlo en colaboración con organizaciones de la sociedad civil y sindicatos”.
Sin embargo, “esto no se hizo; ese fue el primer indicador de que las cosas no iban como deberían, al menos en el papel”.
El arte como trinchera y la resiliencia comunitaria
Además de las brigadas de observadores, otra estrategia utilizada por diversos sectores que participan en las protestas convocadas en el marco del Mundial es el uso del arte como trinchera. No ICE in the Cup fuera ICE de la Copa, en alusión a la presencia de agentes antiinmigrantes en los operativos de seguridad del Mundial, ha implementado una estrategia de resistencia que une a más de 70 organizaciones de diversos sectores.
Paola Mendoza, integrante de este colectivo, insiste en que estas expresiones juegan un rol crítico en esta lucha: “Hay una razón por la que, históricamente, los fascistas y dictadores de todo el mundo, al tomar el poder, atacan inmediatamente a los artistas... quienes están en el poder también se apropian del extraordinario y singular poder que poseen sus medios de expresión”.
“Para la campaña encargamos obras a 11 artistas de once ciudades anfitrionas del Mundial, quienes crearon sus propios diseños a partir de la frase No ICE in The Cup”, con el objetivo no sólo denuncia la violencia institucional, sino que ofrece una narrativa de esperanza en un momento de fragmentación.
De acuerdo con Paola, se buscó la participación de artistas, para que, al mismo tiempo, el mensaje para las comunidades afectadas por el recrudecimiento de la política migratoria fuera contundente: “No están solos, este es nuestro juego, este es nuestro momento y nos cuidaremos los unos a los otros”.
Ambas voces coinciden en que el Mundial funciona como un lente que magnifica las fallas estructurales de la política estadounidense. Andrea Florence subraya que el deporte, al reflejar la sociedad, no puede ser ajeno a la crisis humanitaria que se vive en las fronteras y las calles del país anfitrión: “Actúa como una lupa, exacerbando los riesgos de violaciones de derechos humanos que ya existen en el país y creando nuevos riesgos. Es evidente que este patrón de abuso, violencia y miedo que se vive en torno a los grandes eventos deportivos no puede continuar”.
“Todos merecemos celebrar plenamente, poder acudir a ver el fútbol sin miedo, pero ahora mismo la forma en la que los organismos rectores del deporte están dejando de lado los derechos humanos, creando una atmósfera de amargura, al menos para los aficionados”, lamenta.
Más allá del Mundial, organizaciones se preparan para elecciones de noviembre en EU
Con la mirada puesta en las elecciones de noviembre, donde se teme que el ICE mantenga una presencia intimidatoria, la resistencia civil se prepara para una lucha de largo aliento.
Al respecto, Paola Mendoza subrayó la preocupación que hay por la posible presencia de los agentes de ICE en los centros de votación, anunciada por el exasesor de Trump, Steve Bannon, en febrero de 2026, propuesta que no ha sido descartada por el presidente.
“No debe haber agentes en ningún lugar durante el Mundial, pero tampoco debe haber en las elecciones. Necesitamos elecciones libres y justas. Por eso estamos aquí luchando y protegiendo a nuestras comunidades”, remarca la artista, quien lamenta que “Estados Unidos, en este momento, está muy dividido, y una gran parte del país está muy descontenta tanto con la política interna como con la política internacional del gobierno estadounidense”.
“Espero que ese descontento se refleje en las elecciones de mitad de mandato”, concluye.