León XIV en Lampedusa: ‘Nos hacemos próximos, nos volvemos prójimos’

Vatican News
04 julio 2026

Al finalizar su visita pastoral a la isla italiana, el Pontífice presidió la misa en el Campo Deportivo “Arena” y condenó el trato brutal que reciben los migrantes y refugiados, así como la pérdida de vidas en el mar, e instó al mundo a responder de forma concreta y compasiva ante la “enormidad del sufrimiento”

Lampedusa volvió a convertirse este sábado 4 de julio de 2026 en el corazón de la reflexión de la Iglesia sobre el drama de las migraciones durante la visita pastoral del Santo Padre. En la Santa Misa celebrada en el Campo Deportivo “Arena”, el Papa León XIV presentó la parábola del Buen Samaritano como la clave para interpretar la realidad que vive esta isla mediterránea y llamó a transformar la compasión en decisiones concretas.

Al inicio de la homilía, el Pontífice recordó que “Dios siempre es el primero en amarnos” y afirmó que “la belleza del mar, de esta isla y de sus rostros es un reflejo de esa iniciativa gratuita”. Asimismo, evocó la visita que realizó el Papa Francisco a Lampedusa el 8 de julio de 2013, en su primer viaje como Sucesor de Pedro.

Lampedusa, el camino del Buen Samaritano

Tomando como punto de partida el Evangelio proclamado (Lc 10, 25-37), León XIV aseguró que la parábola sigue describiendo la realidad contemporánea.

“Hoy Lampedusa y Linosa se encuentran en un camino peligroso, como el que bajaba de Jerusalén a Jericó”.

El Sucesor de Pedro afirmó que la isla ha contemplado durante años el sufrimiento de miles de personas víctimas de las redes de explotación y de los peligros del Mediterráneo.

“Aquí no sólo han visto uno, sino a miles de seres humanos caídos en las manos de bandidos que los despojan de todo, los apalean y se van, dejándolos medio muertos”.

Recordó también a quienes nunca lograron alcanzar tierra firme.

“El mar se ha quedado con los otros, aquellos que no han conseguido llegar a donde esperaban”

Y añadió:

“Los muertos en este mar son víctimas ya sea de decisiones tomadas o de decisiones omitidas”.

La proximidad como respuesta cristiana

El Santo Padre insistió en que, antes de cualquier debate ideológico, el encuentro con quien sufre exige cercanía.

“Antes de cualquier otra consideración intelectual o convicción ideológica, el impacto con quien yace delante de nosotros, despojado de todo, llama a la proximidad.”

Citando la Carta a los Hebreos, recordó:

“Acuérdense de los maltratados, como si estuvieran en sus cuerpos”.

Y resumió el núcleo del mensaje evangélico:

“Nos hacemos próximos, nos volvemos prójimos”.

El agradecimiento a la solidaridad de Lampedusa

Un pasaje particularmente significativo de la homilía estuvo dedicado al reconocimiento de los habitantes de la isla.

“He venido a agradecerles, hermanos y hermanas de Lampedusa, por la proximidad que muchos entre ustedes han decidido ejercitar”, afirmó.

El Papa dio las gracias a voluntarios, asociaciones, Guardia Costera, autoridades civiles, personal sanitario, sacerdotes, religiosos, fuerzas de seguridad y a todos aquellos que “han decidido amar juntos”.

También dirigió un saludo especial a los migrantes presentes.

“Ellas mismas no han simplemente recibido, sino que muchas veces han ejercitado la solidaridad en su viaje, como pobres que ayudan a los más pobres”.

Las causas del drama migratorio

León XIV denunció las múltiples realidades que alimentan el sufrimiento de quienes migran.

Enumeró “el desinterés por el bien común”, “la corrupción”, “un sistema económico mundial que genera pobreza y exclusión”, “el miedo que fomenta prejuicios y desprecio”, los intereses criminales de quienes se enriquecen con el drama humano y la dificultad para pasar “de una mera gestión de las emergencias a la elaboración de políticas orgánicas y compartidas”.

Todo ello, dijo, reproduce el comportamiento de quienes, en la parábola evangélica, “pasan de largo”.

Una llamada a Europa

Desde “este borde de Europa en el Mar Mediterráneo”, Prevost dirigió un llamamiento crucial al continente europeo.

Afirmó que Europa posee “un potencial único” derivado de su historia y de su cultura y, precisamente por ello, “una equivalente responsabilidad”.

Pidió afrontar la crisis migratoria mediante un proyecto de largo alcance que sea capaz de: “acoger, proteger, promover e integrar a los migrantes y, al mismo tiempo, trabajar por el desarrollo, de tal forma que nadie se vea obligado a emigrar”.

Subrayó que todo ello debe realizarse “velando por el respeto de la dignidad de cada persona”.

La civilización del amor

El Pontífice sostuvo que únicamente la misericordia puede responder a las heridas del mundo contemporáneo y retomó la enseñanza de sus predecesores sobre la “civilización del amor”.

Explicó que esta no nace de gestos extraordinarios, sino de “una suma de fidelidades pequeñas y tenaces, que hacen frente a la deshumanización”.

Añadió que cada persona tiene una responsabilidad concreta.

“Nadie está exento de responsabilidad”.

El desafío para el turismo y la acogida

En otro pasaje original de la homilía, León XIV reflexionó sobre la identidad turística de Lampedusa.

Advirtió que existe el riesgo de levantar “un muro invisible entre el mar de los náufragos y el de los veraneantes”, e invitó a transformar incluso el descanso en una oportunidad para crecer en humanidad.

“Hay auténtico descanso allí donde se reencuentra el sentido de la vida; hay verdadero bienestar cuando la economía es justa y fraterna”.

“No nos dejemos vencer por el miedo”

Al concluir, el Papa encomendó la comunidad a la Virgen de Porto Salvo, patrona de Lampedusa, y exhortó a no sucumbir al temor.

“No nos dejemos vencer por el miedo, sino consideremos las dificultades cotidianas como un tiempo de oportunidad y testimonio”.

Deseó que la fe de los habitantes de Lampedusa y Linosa siga fortaleciéndose en medio de los desafíos actuales y concluyó con el saludo tradicional de la isla:

“O’scià!”

Del último gesto de cariño al sueño de una nueva vida

Antes de la bendición final, el arzobispo de Agrigento, monseñor Alessandro Damiano, dirigió unas palabras de gratitud al Pontífice, agradeciéndole “por el gesto de piedad que ha venido a realizar y por la oración que ha venido a elevar”. “Esta mañana, aquí en Lampedusa -recordó el prelado- estaban, ante todo, quienes no lo lograron, como el pequeño Yousuf, a quien usted rindió homenaje durante su primera parada en el cementerio. Para ellos, este Mare Nostrum se ha convertido en un inmenso pozo de desesperación y en un abismo de muerte. Quién sabe cuántos ha retenido en sus profundidades, además de aquellos cuyos cuerpos ha devuelto y que reposan en diversos cementerios de esta diócesis”.

Según el arzobispo, la visita del Papa ha representado, sin duda, “para cada uno de ellos aquel último beso y aquella última caricia que quizá habrían hecho menos amarga la muerte”. Pero, junto a quienes no consiguieron sobrevivir, “también estaban esperándolo quienes lograron llegar a tierra. Para ellos -explicó- el sueño de una vida nueva, comenzado con la huida de la muerte, puede continuar. Sin embargo, es un sueño que sigue teniendo un precio demasiado alto, porque la pobreza de quien debe empezar de nuevo desde la nada siempre provoca temor”.

La presencia del Pontífice, además de ofrecer consuelo e infundir ánimo, “ha sido para cada uno de ellos un abrazo de paz, que acoge sin hacer distinciones, y una mano tendida, que anima sin mostrar preferencias”, manifestó Damiano.

Luego, el Santo Padre recibió un presente del obispo, al que correspondió obsequiando un cáliz para la comunidad. Posteriormente, saludó a las autoridades, a niños enfermos y voluntarios. Posteriormente, despegó hacia Roma a las 12:54 y aterrizó en Ciampino a las 14:04.