Apaga sus luces El Encanto: Mazatlán FC cierra su historia en casa
La afición morada llenó el estadio este miércoles para acompañar el último juego como local del club, en una despedida marcada por emociones, homenajes y un triunfo ante el Toluca
MAZATLÁN._ La noche cayó distinta sobre el estadio El Encanto este miércoles en el puerto, donde no se jugó solo un partido más, sino que se cerró el último capítulo en casa para el Mazatlán FC, el cual recibió al Toluca en la penúltima jornada del torneo Clausura 2026, en un duelo que terminó 4-3 a favor del conjunto cañonero.
Desde horas antes del silbatazo inicial, el ambiente ya se sentía distinto en el inmueble, donde la expectativa de un partido quedó en segundo plano cuando se hizo sentir la conciencia colectiva de estar presenciando un cierre después de seis años.
El estadio lució prácticamente lleno y se transformó en un mar morado, con banderas ondeando sin descanso, camisetas del equipo de futbol en cada rincón y una afición que, fiel a su costumbre, respondió con presencia y entrega en cada una de las acciones del juego arropado por una noche fue especial, con un clima sereno, casi cómplice, que acompañó cada instante de la despedida.
En las gradas, los cánticos no tardaron en aparecer, los ya arraigados “Dale, Mazatlán” y “Vamos Maza” retumbaron con fuerza, marcando el ritmo de una comunión que por última vez se vivía entre la tribuna y la Porra Morada, esa que durante seis años dio identidad sonora al equipo.
En la cancha, el partido estuvo a la altura del momento, donde Mazatlán se despidió con carácter y orgullo, además de esa determinación que muchas veces le fue exigida a lo largo del torneo.
El triunfo 4-3 sobre el bicampeón no solamente representó la suma de tres puntos, sino que además, significó un cierre digno, emotivo, casi simbólico, después de un juego de ida y vuelta, intenso, con emociones constantes, donde varias jugadas de peligro, las anotaciones Brian Rubio, el doblete de Edgar Barcenas y el último “clavo” de Daniel Hernández en la portería rival, mantuvieron a la afición al filo de su asiento.
Sin embargo, más allá del marcador, hubo instantes que trascendieron lo deportivo como en el medio tiempo, que se convirtió en uno de los momentos más significativos de la noche, donde a través de las pantallas del estadio, el club proyectó un mensaje de agradecimiento por los seis años vividos en el puerto, recordando el camino recorrido y el vínculo construido con la afición.
“Esto no hubiera sido posible sin todos ustedes”, resonó en el inmueble mientras las luces se apagaban y daban paso a un espectáculo de láser y juegos pirotécnicos que iluminaron el cielo mazatleco, al compás de “El Sinaloense” y otros temas emblemáticos del regional mexicano, que terminaron por envolver el momento en un sentimiento profundamente local, de identidad y pertenencia.
La imagen se sintió poderosa, con miles de personas de pie, aplaudiendo, alguno que otro entre lágrimas, otros grabando con sus teléfonos, todos conscientes de que estaban viviendo un instante irrepetible y lleno de emoción.
Porque si bien el torneo dejó números discretos como los 15 puntos en 16 jornadas, reflejo de una campaña marcada por la irregularidad y la falta de resultados contundentes, la despedida fue distinta, fue cálida, cercana y honesta, siendo este el reflejo de una relación que, con altibajos, logró consolidarse en apenas seis años desde la llegada del club al puerto.
En las tribunas, la nostalgia se hizo presente de manera inevitable al momento del silbatazo final, donde no faltaron aficionados que no pudieron contener las lágrimas, que abrazaron a sus acompañantes y que corearon con más fuerza cada cántico, como si quisieran prolongar el momento, pues no era solo el final de un partido, era el cierre de una etapa.
Al concluir el encuentro, la despedida se dio entre aplausos y ovaciones, donde el resultado acompañó, sí, pero lo que realmente se reconoció fue el esfuerzo y la historia compartida, por lo que jugadores y cuerpo técnico recorrieron la cancha, aplaudieron a la afición y finalmente, se acercaron a las gradas para tomarse una foto del recuerdo con “su gente”, y aprovechar para intercambiar gestos de agradecimiento, lo que terminó por sellar el vínculo.
Poco a poco, el estadio comenzó a vaciarse y, de esta forma, los cánticos se fueron apagaron, las luces se atenuaron y el murmullo se convirtió en silencio, donde quedó en el aire la sensación de haber sido parte de algo que, más allá de los resultados, logró arraigarse en la memoria de una ciudad.
Así, Mazatlán vivió su última noche de futbol en casa y lo hizo como se despiden las historias que dejan huella en toda una comunidad, entre emoción, orgullo y un eco que difícilmente se apagará.