Ceviche, banda, sol y playa en Mazatlán
"Miles de personas disfrutan del momento en el puerto sinaloense"
Ariel Noriega
Es tarde, el sol ha perdido su fuerza y la marea amenaza con subir, pero nadie se quiere ir, es jueves de Semana Santa, los turistas y los mazatlecos abarrotan Los Pinitos y las playas de la bahía.
Las sombrillas de colores están de moda, hay tantas que a lo lejos parecen un sólo techo multicolor, o como si alguien hubiera sembrado flores en la arena de la playa.
Pero la vida está debajo de las sombrillas, póngale música de tambora e imagine cualquier cantidad de bañistas comiendo toneladas de ceviche de sierra, mangos cubiertos de polvo de chile colorado, tronchitos, dulces, raspados, pirulís,trozos de pizza, donas, pepinos, sandía y refrescos de sabores.
La venta de cerveza está controlada, por lo menos en la playa, el que quiere alcohol se ve obligado a subir al malecón, así que el ambiente es familiar, los chiquillos se bañan en la playa, mientras las mamás les gritan desde las sombrillas y las carpas temporales.
La que no está controlada es la música, así que los narcocorridos también suenan, uno que otro pone un reguetón, pero en las playas mazatlecas manda la banda, de todos los tiempos, hasta Chalino Sánchez aparece en el repertorio.
En la arena los niños y niñas son los protagonistas, entran y salen del agua como si fuera un juego milagroso, se estiran, se lanzan clavados, juegan al futbol o se mueven al ritmo de la banda que escuchan sus padres.
Un niño termina enterrado, se llama Yael y viene con su familia de la Colonia Reforma. La pura cara le sale de la arena, pero presume orgulloso “el traje” que le han echado encima sus hermanos.
Y como los niños no paran, algunos de ellos terminan perdidos en la marea humana, ahí es donde entran en acción policías y salvavidas.
“Van como ocho o nueve niños perdidos en el día, llegan aquí y los llevamos al módulo ubicado junto al Monumento al Pescador”, explica el salvavidas auxiliar, Guillermo Cabrera González.
Para bajar del Monumento al Pescador a la playa han construido una escalera de concreto nueva, incluso tiene iluminación en cada peldaño, elegancias que no se habían visto antes.
“Es una quirinada”, menciona alguien, dejando en claro que la “ola de remodelaciones” en el puerto ya tiene apodo.
Entre los bañistas también hay un ejército de trabajadores, además de los comerciantes, pasan jóvenes recolectando los botes de aluminio, hay otros haciendo el negocio de su vida, cobrando 10 pesos por entrar a baños temporales con una larga fila en las puertas.
El sol comienza a tomar el rumbo de las tres islas, así que la gente comienza a regresar a sus casas, salen de la arena y se dirigen a la Avenida del Mar en busca de transporte. El estacionamiento está imposible, así que muchos llegaron en camión o pulmonía.
Una familia se dirige a Urbi Villa, detienen a una pulmonía, pero después de platicar con el chofer no llegan a un acuerdo.
“De venida nos cobraron 100 pesos, pero ahora quieren 150 pesos”, explica una señora que siente que la intentaron robar.
Bueno, está la playa siempre hermosa, el ceviche de sierra que no falla y el transportista abusivo, esto se llama Mazatlán.