El diálogo plural es clave para el futuro de Mazatlán: Isaac Aranguré

Carlos Robles
17 enero 2026

Durante el conversatorio ‘El Futuro de Mazatlán: ¿Hacia dónde y cómo?’, el creador digital y columnista de Noroeste señala que el diálogo es la única vía para reconocer esas diferencias y transformar la diversidad de visiones en acuerdos funcionales

MAZATLÁN._ Un llamado a fortalecer el diálogo plural como base para la vida pública, toma de decisiones y la construcción de proyectos colectivos sostenibles para una mejor ciudad, fue el que compartió el creador digital y columnista de Noroeste, Isaac Aranguré Valdés.

A través de su plática “Diálogo plural para construir una mejor ciuidad”, en el conversatorio “El Futuro de Mazatlán: ¿Hacia dónde y cómo?”, organizado por Conversatorio Ciudadano de Sinaloa, planteó que, si bien existe un consenso general sobre el deseo de mejorar las ciudades, el verdadero desafío radica en la definición misma de lo que se entiende por “mejorar”, debido a que las sociedades están conformadas por realidades, intereses y momentos distintos.

Ante dicho escenario, señaló que el diálogo es la única vía para reconocer esas diferencias y transformar la diversidad de visiones en acuerdos funcionales.

“Estoy convencido de que es imposible desarrollar cualquier proyecto sin empezar por el diálogo, pues si todos queremos una mejor ciudad, el reto está en definir qué significa ‘mejor’, y eso solo se logra dialogando”, comentó.

“El diálogo es la única herramienta que permite descubrir las particularidades y encontrar puntos de acuerdo”.

Aranguré Valdés comentó que la ausencia de pluralidad en los espacios de discusión genera dinámicas cerradas donde las ideas no se contrastan y se refuerzan únicamente posturas propias, por lo que esta práctica ha sido común tanto en estructuras partidistas como en gobiernos, donde el disentir suele verse como una amenaza y no como una oportunidad para fortalecer decisiones.

“Si no tenemos la otra parte del diálogo, el diálogo se vuelve unilateral e infértil y cuando solo hablamos entre quienes pensamos igual, caemos en una caja de eco. Necesitamos el roce dialéctico para generar las mejores ideas”, declaró.

“Hoy no se puede disentir ni en los partidos ni en los gobiernos, pues no sabemos vivir con la fricción de una idea contraria a la nuestra. Pensar diferente se castiga, y eso es una señal clara de que no sabemos dialogar”.

El columnista y colaborador de Noroeste mencionó que esta polarización se ha intensificado por la velocidad de la comunicación digital, que favorece mensajes simples, emocionales y extremos, reduciendo la complejidad de los problemas públicos a posiciones binarias, lo que facilita la consolidación de narrativas autoritarias que niegan la evidencia, descalifican la crítica y debilitan el pensamiento crítico de la sociedad.

Asimismo, destacó la resistencia social a aceptar datos y hechos cuando estos contradicen creencias ideológicas, lo que limita la posibilidad de un debate informado, donde la renuncia al pensamiento complejo empobrece el análisis de los problemas y conduce a decisiones basadas más en la identidad política que en la realidad.

“La enfermedad del poder y de tener la razón no es de izquierda ni de derecha. La ideología es parte de nuestra constitución, pero pocos la revisan de forma crítica, por lo que quien no puede dialogar consigo mismo, difícilmente puede dialogar con otros”, comentó.

“Estamos profundamente negados a aceptar la evidencia cuando contradice nuestras creencias. Ni unos aceptan lo suyo, ni otros aceptan lo otros, todos queremos tener la razón”.

Finalmente, Aranguré Valdés destacó que toda ideología debe someterse a una revisión constante, pues la incapacidad de cuestionar las propias creencias impide el diálogo auténtico, recordando que la verdad, aunque incómoda, es un elemento indispensable para la construcción de proyectos sólidos, y que ignorarla conlleva riesgos similares a edificar sobre cálculos erróneos.

En este sentido, invitó a la apertura de espacios de diálogo más amplios y diversos, practicar la autocrítica y asumir el ejercicio de pensar como una responsabilidad personal y colectiva, necesaria para enfrentar los retos actuales y construir un futuro común con mayor solidez y equilibrio.

“Necesitamos abrir la pluralidad en nuestras mesas, círculos y conversaciones, donde revisar por qué creemos lo que creemos es un ejercicio indispensable. La sociedad de hoy necesita pensar, y necesita hacerlo de manera compleja”, puntualizó.